Desde 1995, impuestazos suman $ 28.000 millones
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• Gasto público
Por supuesto que hay que luchar contra la pobreza, pero la manera no es más impuestos contra el sector privado, sino que debería haber sido baja del gasto público de «ñoquis», jubilaciones de privilegio, pensiones graciables, subsidios por todos lados como el Fondo Especial del Tabaco y el subsidio al gas en la Patagonia, la promoción industrial, el sobreempleo público, etcétera. ¿No fue lo suficientemente clara la lección que dejó el fin de la convertibilidad que demostró que todo explota cuando aumenta el gasto público pari pasu con la suba de la recaudación, venga ésta por reactivación o impuestazos, y con el déficit fiscal resultante financiado externamente? ¿Acaso hace falta que los argentinos suframos más crisis todavía por culpa de intentar sostener una burocracia inútil y corrupta con una presión impositiva formal salvaje que alienta la evasión y quiebra a empresas como moscas? ¿Cuándo le toca al gasto público? ¿No le tocó ya bastante al sector privado?
Apenas la devaluación generó algunos ganadores como los productores de bienes comerciados, hemos agarrado a los exportables y ya les sacamos la ganancia a través de las retenciones, pero particularmente al petróleo y al campo. Respecto del sector agropecuario hay que ser justos. Los peronistas, desde los tiempos del General, tienen en la cabeza que el campo es pura renta y que hay que sacársela con retenciones para que la industria, sin demasiado esfuerzo, pueda pagar salarios reales altos (los alimentos quedan baratos con las retenciones) para que el «pueblo» esté contento. Pero una cosa era el campo a mediados del siglo XX (que claramente tenía renta, aunque esto no justifica su expropiación) y otra es en el siglo XXI, donde más retenciones implican profundizar más todavía su crisis y mandarlo a la quiebra. Por otro lado, la dirigencia agropecuaria parece dormir una siesta desde hace décadas y hoy se vuelve a equivocar. Su error no es despotricar hoy con el adicional de 10% que le puso Remes ahora, sino no haber hecho un escándalo con el primer 10% de principios de año.
Lo que ocurre es que se ha instalado la absurda idea de que la peor crisis de la historia en la que estamos la generaron los que ganaron plata en la última década. No cabe duda de que la manera en la que en muchos casos se hace dinero es parte del problema de la Argentina con negocios truchos, corruptos, corporativos y prebendarios. Pero la presente crisis está causada esencialmente por un problema fiscal de exceso de gasto público que endeudó externamente al país, reventó a impuestos al sector privado y atrasó el tipo de cambio como nunca en la historia. Por culpa de eso y del pésimo manejo que se hizo del default y la devaluación, estamos como estamos. Es cínico e hipócrita que desde la clase política se nos diga que ahora la manera de solucionar los problemas que tenemos es más de lo mismo: subir impuestos para gastar más en el Estado.
Acá hay un tema que hay que discutir: ¿por qué, más luego de que la peor crisis de nuestra historia estuviera relacionada con un exceso de gasto público, nunca se recurre a una baja de gasto y siempre el recurso es aumentar impuestos? Porque está claro que el gasto público en la Argentina no es una forma de devolverle los impuestos a la gente bajo la forma de bienes públicos, sino una manera de generar poder vía el clientelismo, amiguismo, coimas y negocios truchos. Esto ya es de por sí inadmisible. Pero lo que es peor es que nos digan, por ejemplo, que bajar el gasto público tiene costos sociales. ¿Acaso no tiene costos sociales una tasa de desempleo que era de 18% en 1995 y hoy pinta para 25% luego de que los sucesivos impuestazos le intentaron sacar al sector privado $ 28.000 millones? «Intentaron», porque la recaudación hoy es $ 8.000 millones sobre base anual menor que la de 1995 debido a la recesión que en parte los impuestazos generaron.
¿Creen los políticos que se aferran al gasto público que el desempleo ha sido todo por despidos de «ñoquis», cuando lo único que están dispuestos a hacer es a bajarles el sueldo? No, todo el desempleo fue causado por el sector privado, que no pudo emplear a las 300.000 personas que todos los años se incorporan a la oferta de mano de obra, debido a que los privados han estado muy «ocupados» fundiéndose pagando impuestos para mostrar «la cara social de la crisis».
La Argentina no está condenada al éxito ni al fracaso. Todo depende de lo que haga, y en ese sentido, vale la pena recordar, en este momento de profunda crisis económica, financiera social y de valores, algunas frases de nuestros padres de la patria. «Antes sacrificaría mi vida que echar una mancha sobre mi vida pública», José de San Martín. «El modo de contener los delitos y fomentar las virtudes es castigar al delincuente y proteger al inocente», Manuel Belgrano. «No está prohibido que un hermano del presidente fuese ministro, pero la decencia lo impide», Domingo F. Sarmiento.



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