11 de marzo 2026 - 00:00

Diálogos de Wall Street: ¿Donald Trump cantó victoria para calmar a los mercados y el petróleo?

Dicho y hecho. El precio del petróleo se disparó por encima de los 100 dólares, y el presidente Trump declaró que la guerra está “casi terminada”, los objetivos militares alcanzados antes de tiempo y que no hay razones para descontar una crisis de energía. ¿Es el fin de la guerra, Gekko?

Gordon Gekko afirmó que la subida del crudo forzó a Donald Trump a declarar victoria para proteger la paz de los mercados.

Gordon Gekko afirmó que la subida del crudo forzó a Donald Trump a declarar victoria para proteger la paz de los mercados.

Periodista: Los mercados necesitaban que la guerra fuera breve. Y, por lo visto, el presidente Trump, también.

Gordon Gekko: A más de 100 dólares el barril, se comprobó que las papas queman en Washington.

P.: Es un incendio que se debe apagar lo antes posible.

G.G.: Antes de que se propague demasiado conviene declarar la victoria, y no correr el riesgo de perder la paz de los mercados. Porque si es así, entonces la guerra se habrá perdido también, sin importar cuán grandes los logros militares.

P.: Hubo que apurarse porque el barril cruzó los 100 dólares, luego los 110, y le apuntó a 120. Todo como una exhalación, durante la misma rueda.

G.G.: Era previsible. En rigor, era la tesis a corroborar. Es tan aplastante la superioridad bélica, que Trump, llegado el momento, podía desescalar el conflicto de forma unilateral, cantar victoria y dar vuelta la página.

P.: Dicho y hecho.

G.G.: La guerra puede seguir. Lo que no puede seguir es la suba del precio del petróleo.

P.: Los precios bajaron en el acto con las palabras de Trump.

G.G.: Nadie esperó a escuchar lo que tenía que decir Irán al respecto.

P.: Es que también Teherán necesita un respiro. Las razones son evidentes. Aunque pretenda continuar guerreando. Que es lo que ratifica la Guardia Revolucionaria.

G.G.: Lo importante a entender es que lo que diga Irán importa poco o nada.

P.: Se había especulado con que la designación del hijo del Ayatola Khamenei como su sucesor era una radicalización, el rechazo al convite de Trump de sentarse a negociar la transición, y, por ende, la prolongación de la contienda.

G.G.: La fe mueve montañas, suele decirse. Tal vez. Pero en este caso no pudo sostener la cotización del crudo, que se cayó a plomo ajena por completo a la voluntad beligerante de los religiosos.

P.: Por lo que se ve, los mercados no participan del credo.

G.G.: No los movilizó la fe, sino la histeria. Petróleo todavía hay, pero los mercados vieron venirse la noche por anticipado. Y lo que no pudo el Consejo de Expertos, ni el ejército iraní, lo consiguieron ellos al borde del ataque de nervios. El barril por encima de los 100 dólares operó como un ultimátum.

P.: Y Trump comprendió que estaba dirigido a él personalmente.

G.G.: Lo entendió al vuelo.

P.: Sin dudas. Y no se molestó. Más bien, se apuró por satisfacer la exigencia implícita de pacificar las aguas. La guerra está prácticamente terminada, dijo Trump. ¿Es así?

G.G.: Trump dio las razones para cantar victoria. Sea así o no. Irán ya no tiene “marina” ni “comunicaciones” ni “aviación”.

P: No les queda nada, dijo. “No queda nada en sentido militar”.

G.G.: Eso era lo que los mercados querían escuchar. No es que no se lo pudieran imaginar por si solos. Pero si Trump no lo decía, la escalada no habría cesado hasta provocar un llamado de atención imposible de ignorar.

P.: Llevábamos un rumbo acelerado de colisión.

G.G.: Si Trump no reaccionaba a un barril de 120 dólares, lo hubiera hecho a 130 o 150. O, si era muy terco, cinco minutos más tarde, ante la inminencia de un “crac” de los mercados.

P.: Quiere decir que frenó a tiempo.

G.G.: No tenía otra salida a mano. Con el precio del petróleo desbocado, cortó por lo sano. Cuánto más temprano, mejor.

P.: ¿Se aleja el fantasma de un “crac” de los mercados?

G.G.: Digamos que la amenaza de una corrección violenta. El paso previo, que estaba al caer. La Casa Blanca produjo la misma reacción el año pasado después de la cruzada arancelaria del Día de la Liberación. Y en ese momento, la guerra comercial recién empezaba y no estaba para nada ganada. Pero igualmente se prefirió congelar todo.

P.: La suba de aranceles se retomó después.

G.G.: Así fue. La guerra puede seguir. Lo que no se puede permitir es la demolición de los mercados.

P.: El secretario de Defensa, Pete Hegseth, es el que dice que se va a intensificar. ¿No es curioso? ¿Lo contradice al presidente?

G.G.: Nunca. No se atrevería.

P.: ¿Y entonces?

G.G.: La última palabra la tiene el precio del barril. Se calmó con las palabras de Trump. Y ese es el espacio que Hegseth ocupa, a instancia, me imagino, de los militares que todavía tienen objetivos precisos que alcanzar. Si el crudo lo permite, si el precio no se retoba, la acción bélica continuará todavía un tramo más. Pero, la pregunta del millón de dólares - ¿cuánto durará la guerra? - ya se contestó. Con la módica respuesta del barril de los 100 dólares. La paz está a la vuelta de la esquina porque Trump vela porque la guerra no solo no se lleve puesto a Wall Street. Tampoco quiere que llegue a las estaciones de servicio.

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