27 de septiembre 2002 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El periodista dialoga con un directivo de un banco extranjero radicado en Brasil sobre la crisis de ese país y sus similitudes con el tequila mexicano. Lo curioso es que opina que, para el mercado, sería mejor que ganara Lula. Veamos.)

PERIODISTA: Dejemos al mundo con sus problemas y echemos un vistazo a la región. Brasil está muy complicado. Lula hasta podría vencer en la primera vuelta el 6 de octubre... Parece que la cuarta vez es la vencida.


Gordon Gekko:
Por lo visto Lula ya no asusta a los votantes...

P.: Sólo a los mercados...

G.G.: Sinceramente gane Lula o gane quien sea el «corazón» del problema que enfrenta Brasil no cambia.

P.: ¿Un triunfo de Serra no mejoraría las perspectivas de encontrar una salida a la crisis?


G.G.:
¿Quién desató el tequila luego de las elecciones en México en 1994? ¿Fue Cuauhtémoc Cárdenas o fue el delfín del PRI?

P.: Fue Zedillo. El candidato oficialista.


G.G.:
Serra, me parece, sería el Zedillo de esta historia. Recuerde que Zedillo también fue ministro. Y, por cierto, era economista. Con título habilitante expedido en los EE.UU. Y recibió del presidente Salinas -y de su hábil ministro Pedro Aspe- una herencia complicada pero que estaba envuelta muy prolijamente.

P.: Mucho más que ahora...

G.G.: En ese entonces no había defaults. Eso era visto como una antigüedad de los '80. Los mercados eran más tolerantes. Y todavía existía la especulación estabilizadora.

P.: Zedillo prefirió hacer explotar la herencia antes que enredarse en su administración...


G.G.:
Tal cual. Con buen resultado. Perdió a su ministro Jaime Serra Puche y tuvo un comienzo ajetreado de su gestión. No se puede negar. Pero los costos gruesos los pagó su predecesor Carlos Salinas de Gortari.

P.: Tanto que no pudo volver a México.


G.G.:
Dice bien. Es Salinas quien vive en Irlanda. No Zedillo.

P.: ¿Cuán relevante es trasladar esa experiencia de entonces a la actualidad que uno observa en Brasil?


G.G.:
A mi juicio, plenamente relevante. Gane quien gane en Brasil lo único cierto es que va a recibir una herencia más terrible que cualquiera de sus pares en la región -al menos desde que los capitales internacionales volvieron a América latina en los '90-.

P.: ¿Es para tanto?

G.G.: ¿Cuánto rendía la deuda mexicana cuando asumió Zedillo? ¿Cuánto la argentina cuando se impuso De la Rúa?

P.: A lo sumo 600 puntos base sobre la tasa del Tesoro...


G.G.:
Acá estamos hablando de más de 2.000 puntos.

P.: Quizás cuando llegue el día sean muchos más...


G.G.:
Y a diferencia de un Duhalde que asumió con el default consumado, aquí el vencedor se estrena con el dilema sin resolver. Yo diría que la historia reciente en América latina enseña que hay dos cursos de acción posibles cuando se trata de recibir una herencia complicada.

P.: Uno sería seguir la variante Zedillo...


G.G.:
Y otro inclinarse por la opción De la Rúa. O sea hacerse cargo del problema. Respetar las reglas que se reciben con él y tratar de encontrarle una solución dentro de esas reglas de juego.

P.: A De la Rúa no le fue muy bien...


G.G.:
Es que se corre el riesgo de quedar atrapado por el problema. Y a medida que el tiempo pasa y se toman medidas ya no se podrá descargar toda la responsabilidad exclusivamente sobre la herencia o sobre la gestión del predecesor.

P.: Entiendo. Usted dice que la experiencia enseña que es preferible moverse como un Zedillo que como un De la Rúa.


G.G.:
Me parece que la decisión depende de cuán grave es el problema. Si se piensa que se pueden sortear las dificultades no habrá incentivo tampoco para gatillar una crisis.

P.: Sucede que el problema de la deuda brasileña no luce como de fácil resolución.


G.G.:
Tal cual. Por eso le traje a colación el episodio del tequila.

P.: Las encuestas dicen que Lula será el ganador. No sería un Zedillo sino un Cuahutemoc Cárdenas quien tomaría las riendas...


G.G.:
Esto lo torna más interesante. ¿Usted piensa que el presidente Clinton hubiera respaldado a Cárdenas como lo hizo con Zedillo? ¿Piensa que Cárdenas hubiese tenido que demostrar -quizás exagerar- que poseía capacidad de llevar adelante el gobierno? Como verá, no es difícil arribar a la conclusión de que para Zedillo fue más fácil disparar el tequila que lo que hubiera sido para un crítico del sistema -un «extraño»- como Cárdenas.

P.: O sea que Lula es menos riesgoso para los mercados que el candidato de Cardoso...


G.G.:
Después de todo son las mismas razones por las que Lula se ha puesto saco y corbata. ¿Quién se fija en la vestimenta de Serra? Para Lula asumir y que estalle la deuda trascartón sería devastador... Para él y para toda la izquierda. Para José Serra sería sólo la comprobación de que Cardoso dejó una herencia envenenada. Y Serra podría resurgir como Zedillo de las cenizas.

P.: O sea que Lula, nomás, es menos riesgoso...


G.G.:
El problema es que la crisis es más grande que la buena voluntad de los candidatos. Por eso le digo que la elección no es el verdadero tema de fondo. Como están definidas las reglas del juego, la inercia de la corrida contra la deuda se lleva puesto a cualquier gobierno que no cuente con un formidable apoyo político de la comunidad internacional. Un apoyo que garantice que Brasil -dado un programa económico sostenible y su prolijo cumplimiento- recibirá de la comunidad internacional toda la liquidez necesaria para atender sus compromisos. De los dos elementos que hacen falta -un plan y liquidez- hay uno -el acceso a un prestamista de última instancia- que Brasil, gane quien gane, no puede proveer por sí sólo.

P.: El presidente Bush debería liderar esa iniciativa. No parece, sin embargo, que ése sea su perfil.


G.G.:
Estoy de acuerdo. Y -viendo el riesgo-país- creo que los mercados también.

Dejá tu comentario

Te puede interesar