Diálogos en Wall Street
(El periodista habla con un operador de Bolsa, personificado como Gordon Gekko, del film «Wall Street», sobre la decisión de la Fed de no modificar las tasas de interés.)
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Gordon Gekko: No escuchará quejas en Wall Street.
P.: Es como si la economía norteamericana no hubiera crecido 8,2% en el tercer trimestre. Como si hubiera sido un espejismo.
G.G.: No es una postura novedosa. La Fed ha adoptado y mantiene -deliberadamente- un curso de política muy expansivo.
P.: ¿Si la productividad crece 5 por ciento -como ocurrió en el último año-, no hay razones para revisar esa tesitura?
G.G.: Gracias a esa aceleración de la productividad, el costo laboral unitario cayó más de 2%. Esa es la mejor coartada que tiene la Fed para dejar las tasas de interés en 1% y no perder credibilidad. No es la oferta sino la evolución de la demanda agregada lo que va a determinar los próximos pasos de la Fed.
P.: La demanda agregada ha crecido tan rápido como la oferta, si no más.
G.G.: Ha crecido más. La relación de inventarios a ventas se ubica en un mínimo histórico con mucha comodidad.
P.: ¿Y entonces?
G.G.: El tema es que la demanda ha sido artificialmente estimulada por decisiones de política económica. No todo lo que reluce es oro. Ese 8% de crecimiento es hijo de los recortes de impuestos. Si usted remueve esos alicientes, el gran interrogante es cuánta fortaleza genuina permanece.
P.: La Fed no lo tiene claro.
G.G.:Y tendrá que llegar a una convicción sobre este punto antes de embarcarse en una suba de tasas.
P.: El comunicado de la Fed reitera la ya famosa frase de que la política actual se mantendrá «por un tiempo considerable». A la luz de su punto de vista, y si espero cambios, ¿cuál es la fecha que debo marcar en el almanaque?
G.G.: No creo que la Fed se guíe por un reloj de arena. Y la política monetaria -pienso- hoy tampoco está sujeta por la baja inflación actual o la amplia disponibilidad de capacidad ociosa. Lo que mejor la explica es lo yo llamo el síndrome Japón. O sea, el temor a que la economía no logre retomar un sendero de crecimiento duradero. Lo cual en el fondo es un temor a que la herramienta natural de la Fed pierda totalmente su eficacia.
P.: Ese temor no se ha disipado aún a pesar de un crecimiento de 8% en un trimestre. G.G.: Usted puede sentir el alivio. Es evidente. Pero la recuperación robusta que se descontaba en 2002 fracasó a comienzos de año. Todavía es temprano para cantar victoria.
P.: El Dow Jones ha atravesado la frontera de los 10.000 puntos. No parece muy atribulado.
G.G.: Ese es un gran punto a favor. La participación de los activos de riesgo es esencial y en la medida que son excelentes predictores realimentan la percepción de que la recuperación, esta vez, va en serio.
P.: Los mercados de futuros descuentan que las tasas de interés subirán -como mínimo- medio punto durante 2004. ¿Le parece un pronóstico acertado?
G.G.: Medio punto parece nada. La Fed se va a mover con rezago. Va a dejar que la economía se recaliente, se exceda, antes de actuar. Eso implica, por lógica, una suba de tasas muy importante. Sobre todo si el punto de partida es 1%. Lo que no sé es si estamos hablando de 2004 o, más bien, luego de transcurridas las elecciones presidenciales.
P.: Que son en noviembre de 2004...
G.G.: Lo que postergaría el grueso del ajuste para 2005.
P.: Los mercados se anticipan...
G.G.: Lógico. En ese caso la transición se vivirá en la segunda mitad del año que viene.
P.: Son dos escenarios distintos pero ambos quiebran la inercia de inmovilismo actual.
G.G.: Seguro.
G.G.: La Fed va a dejar a la economía correr. A los activos de riesgo, correr. La idea es que cuando se decida el «switch», el giro de política, ambos tengan la fortaleza suficiente como para absorber el impacto. La Fed no puede equivocarse. No puede subir medio punto las tasas y tener luego que salir corriendo a detener el derrumbe de la economía. Porque con estos niveles de tasas ya no tiene margen para ensayar un rescate.
P.: Puede la caída del dólar acelerar los tiempos de la Fed?
G.G.: El dólar en los últimos doce meses ha retrocedido más que lo que cayó en los doce meses previos al lunes negro de octubre '87.




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