Periodista: Tenía razón. Lo peor ya pasó. Wall Street volvió por sus fueros. ¿Y ahora, qué? ¿Todavía falta lo mejor?
Diálogos de Wall Street
¿Qué esperar de Jay Powell en Jackson Hole? ¿Tiene espacio para bajar la tasa medio punto el mes que viene?
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Powell, Jackson Hole y tasas. Todo bajo la mirada del analista escudado en el seudónimo de Gordon Gekko.
Gordon Gekko: De acuerdo. Los máximos vigentes están al alcance de la mano. Y se puede aspirar a más.
P.: ¿Nos impulsará Jerome Powell en Jackson Hole? Su discurso, ¿nos dará un empujón extra?
G.G.: ¿O nos enterrará el informe de empleo, por segundo mes consecutivo? No se olvide que toca la revisión anual de las cifras. El año pasado desaparecieron 306 mil empleos una vez que se corrigieron los números. La baja de tasas funciona muy bien cuando los mercados piensan que la economía no la necesita. Powell debe ser amigable, y lo será con mesura. Lo suyo es previsible. En esta ocasión, la data me parece más importante. El informe de empleo de agosto tendrá la última palabra.
P.: ¿El mercado laboral puede estar en peores condiciones que lo imaginado?
G.G.: No, pero solamente porque la imaginación voló demasiado después que la regla de Sahm cantó la recesión.
P.: Y ya vimos que no estamos en una recesión.
G.G.: Las condiciones extraordinarias del empleo se están normalizando. A una velocidad que todavía no podemos precisar bien. Y se trata de un proceso muy fácil de confundir con un deterioro. Como ya lo mostró la regla de Sahm que prendió la señal de alarma de una contracción en curso. Sin embargo, a la par, comprobamos de manera fehaciente que el gasto agregado y la actividad de servicios están creciendo a un ritmo superior a 2% anual.
P.: La construcción de nuevas viviendas cayó muy fuerte. Y la producción industrial, otro tanto. ¿No son luces amarillas en el tablero?
G.G.: La economía aterriza. Acusa recibo de la política monetaria restrictiva. No lo hace de manera uniforme en todos los frentes. Así, lo relevante no es el árbol suelto sino el bosque. Es advertir la mansedumbre creciente del mercado laboral. Y, por supuesto, el fin de la rebeldía de la inflación. Se planchó después de su sorpresivo arrebato en el primer trimestre. Pero lo que más costó fue sosegar los bríos del empleo.
P.: ¿Quizás pasemos de un extremo al otro? La suba del desempleo fue la razón del viernes negro. Es lo que disparó la regla de Sahm. Mientras el empleo también crezca, entiendo su punto, no hay necesariamente un problema. Pero si la tendencia persiste y se debilita más, lo único que va a crecer, y más rápido, es el desempleo. Y esa es la definición de una recesión. ¿O no?
G.G.: Por eso la FED alista la primera baja de tasas para la reunión del 18 de septiembre. Es mejor prevenir que curar. Las búsquedas de trabajo, la demanda laboral, descienden sensiblemente. Mes a mes. Desde un nivel excepcional hasta lo que considerábamos normal antes de la pandemia. El último trimestre se crearon 170 mil empleos por mes. Eso no recesión. Es una señal confiable de una expansión muy saludable. Los despidos no registran incrementos. Pero la proporción de quienes pierden su trabajo y permanecen en la fuerza laboral, sí. Y hay más gente joven, incluyendo una fuerte inyección de inmigrantes, que quiere trabajar. Si la demanda laboral se enfría más, la primera señal, antes que la recesión incluso, será un ascenso de la tasa de desempleo, que hasta podría dar un salto vertiginoso. Y ya vimos que eso puede asustar a los mercados.
P.: Si la idea es prevenir, ¿no sería mejor arrancar de movida con un recorte de medio punto de tasa? Y así vacunarse de antemano.
G.G.: La FED podría haber bajado las tasas en abril y hoy no lo estaría lamentando. Pudo hacerlo en la última reunión, como le aconsejó Bill Dudley, ex presidente de la FED de Nueva York, y anticiparse al veredicto de la regla de Sahm y a las críticas posteriores. No fue el caso. La ansiedad corre por fuera de la FED. La misma paciencia que les sirvió para no equivocarse con el rebote de la inflación a principios de año los hará moverse paso a paso. Un cuarto de punto es mejor que medio punto porque transmite cabalmente la idea en cuestión. Esto es prevención, no urgencia o desesperación. La FED no corre detrás de los acontecimientos. No corre a apagar ningún incendio.
P.: ¿Cuánto puede influir la disputa electoral en esta decisión?
G.G.: Cero. Nadie descuenta que las tasas de interés se mantengan estables hasta después de la votación. No importa lo que diga Donald Trump. Después de la elección es otra historia.
P.: La política puede influir después.
G.G.: El resultado puede importar. En función de lo que el nuevo presidente se proponga hacer. Hay mucho material inflacionario en las campañas. Habrá que ver qué sobrevive después del 20 de enero cuando se produzca la asunción. Desde luego, con la FED embarcada ya en una baja de tasas, la política debería concluir que lo mejor será no interrumpirla.



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