Disparate: sorpresivos 5 proyectos
Quizás el sindicalista Hugo Moyano haya llegado al paroxismo. Con el abogado cegetista Héctor Recalde proyecta 5 leyes a proponer al Congreso. Recalde le responde y la Casa Rosada se lo hizo diputado y titular de la Comisión de Legislación Laboral que, obviamente, perdió toda objetividad. Los 5 proyectos son retrógrados ya que disminuirán la actividad productiva pero son lanzados dentro de la misma picardía gremialista -que aún encuentra incautos- por la cual se largan 3 de máxima para lograr 2 de mínima que igualmente son perjudiciales para la producción. Es como cuando les dicen a las empresas «tal aumento salarial o les metemos los sindicalistas a controlar la contabilidad». Es la forma dislocada en que se dialoga en la Argentina y que usan también gobiernos cuando dicen al transporte «o no aumentan el boleto o los obligamos a usar los impresos oficialmente en la Casa de Moneda». Lo peor es que este desvarío gremial de Moyano -que cada vez necesita ser más extremista para mantenerse al frente de la CGT cuando lo repudia la gente por sus métodos extorsivos y no lo quieren ni sus propios cofrades «gordos» de gremios grandes- es posible que se sancione porque el gobierno Kirchner implantó el pensamiento antiempresas casi como norma fija de su gestión.
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La trama de intereses que se esconde detrás de estas iniciativas de Recalde es bastante evidente. Tanto que el abogado ayer intentó morigerar el efecto de sus pretensiones diciendo que se trata de viejos papeles. También de un viejo país. Es cierto: son arcaicos -basta leer su contenido-, pero Recalde los incluyó en el orden del día de la próxima reunión de esa comisión para darles tratamiento inmediato.
• Autohomenaje
La mano que mece la cuna es, en este caso, la -por decirlo a lo Kirchner-, «corporación» de abogados, a la que el matrimonio presidencial ya le dio su merecido cuando se trató el proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura. En aquella ley, los abogados parecían, en el lenguaje de la senadora Kirchner, aves de rapiña en la representación de intereses opacos (parecía médica la doctora). ¿Será lo mismo ahora? Sea como fuere, Recalde se hace en este caso un homenaje a sí mismo en su calidad de abogado pleiteador, integrante -por otra parte- de una familia dedicada al conflicto laboral desde siempre: no sólo por la trayectoria, ya algo visible, de su hijo, sino más bien por la de su familia materna, los Slavin. Desde el mítico José hasta los más modernos Pablo y Eleonora, estos parientes de Recalde han de sentirse agradecidos por la conquista social que hizo el diputado para el gremio de los letrados.
• Marca
Si tres proyectos de los alentados por el oficialismo en el Congreso responden, sobre todo, a los intereses de estudios jurídicos, el cuarto lleva la marca invisible de Armando Cavalieri (Empleados de Comercio) y Osvaldo Cornide (CAME). Estos dos oficialistas de turno, quienes desde hace décadas animan el sector mercantil, abogaron ya el año pasado por la veda comercial de los domingos. El proyecto ingresó a la Comisión de Comercio sin pena ni gloria, a pesar de que Cavalieri fue allí a «vender» la iniciativa (nunca mejor aplicado el verbo, tratándose de esa comisión y de ese sindicalista). Subrepticiamente, Recalde encontró la forma de reanimar estas ideas en el gabinete que él preside.
Motiva sonrisas este reencuentro entre Cavalieri y Recalde, dos actores principales de la escena laboral argentina que compartieron casa y comida en el pasado. Sobre todo por la adscripción de Recalde a la causa de Moyano, el máximo detractor de Cavalieri. Aunque ambos estén haciendo las paces en estos días, gracias a las gestiones del otro abogado, Rinaldi, en el reparto de subsidios de obras sociales. Siempre los une el mismo sentimiento.
Más allá de estas peripecias emocionales, la intención del proyecto dominguero es obvia: ir contra los supermercados y grandes centros comerciales, que no podrían ser atendidos «por sus propios dueños», como quiere el texto de la ley. Salvo, claro -como se bromeaba anoche- en el caso de los que están en manos de coreanos y chinos, siempre numerosos y con un parecido que, a la mirada de occidentales, hace pasar por parientes a quienes no lo son.




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