Quizás el «episodio» (según Néstor Kirchner) del contrabando de cocaína a Madrid, al margen de otros graves perjuicios, derive en una interesante consecuencia: la supresión de subsidios. Ese sistema estatal, amparado en la buena fe de su inicio y que inevitablemente concluye en perversidades (sea por devoluciones, injusticias o arbitrariedades), tan común hoy en el área de transportes, ha sido una de las explosiones paralelas al estallido de las valijas de Southern Winds. Quizá, tan o más importante que el tráfico de droga. No en vano, el gobierno decidió eliminar la subvención a LAFSA y el obsequio de combustible a la empresa privada tan íntima del poder.
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El impacto del tráfico de estupefacientes ha quemado con leche al gobierno y, ahora, así como ya desiste de integrarse en el accionariado de Aguas Argentinas (enterrando algunas teorías estatizadoras), también promueve desensillar de otros subsidios. Ya empezaron con los distintos análisis y, en apariencia, uno de los sectores a prescindir de subvenciones será el de subterráneos. Ofrece este subsidio distintas objeciones, como el beneficio que pagan todos -al margen de las empresas- a un determinado núcleo de la sociedad porteña, la que utiliza ese medio. Ya hay en carpeta, para buscar mayor transparencia, un comparado de números y se entiende que elevar el ticket de $ 0,70 a $ 0,90 permitiría la supresión del canon entregado por el Estado. Claro que esta medida, todavía en discusión, supone un nuevo ingrediente a una inflación más nerviosa y, también, el final de algunas promesas presidenciales de que no se tocarían ciertas tarifas. Informate más
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