Fráncfort - El Banco Central Europeo (BCE) incorporó el impacto del coronavirus sobre la actividad de la eurozona, lo que lo llevó a revisar a la baja sus previsiones de crecimiento e inflación en los próximos dos años, aunque la presidenta de la entidad, Christine Lagarde, reconoció durante la conferencia de prensa posterior a la reunión del Consejo de Gobierno de la entidad que esos pronósticos quedan obsoletos ante la rápida propagación de la enfermedad, que se ha convertido en pandemia.
El Banco Central Europeo anticipa un freno fuerte de la economía del bloque
Al considerar el impacto de la pandemia, redujo su previsión de crecimiento a 0,8%. Sin embargo, advierten que el impacto será aún mayor.
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Las últimas proyecciones del BCE para el PBI de la eurozona contemplan un crecimiento de solo el 0,8% este año y del 1,3% el que viene, lo que implica una “notable revisión a la baja” para respecto del pronóstico de diciembre.
“Los riesgos que rodean las perspectivas de crecimiento de la eurozona se inclinan claramente a la baja”, confirmó Lagarde, para quien, además de los riesgos previamente identificados relacionados con factores geopolíticos, el proteccionismo y las vulnerabilidades en mercados emergentes, la propagación del coronavirus “agrega una fuente nueva y sustancial de riesgo a la baja de las perspectivas”.
En cuanto a la evolución de los precios, el BCE prevé una inflación del 1,1% en 2020 y del 1,4% en 2021, que se acelerará al 1,6% en 2020, cuando la tasa de inflación aún continuaría por debajo del objetivo de estabilidad de la entidad.
En ese sentido, Lagarde apuntó que, además de la incertidumbre vinculada al coronavirus, las recientes caídas en el mercado petrolero suponen un “significativo riesgo a la baja”.
“Las economías de la eurozona se están enfrentando a un shock”, advirtió Lagarde, para quien todo dependerá de la rapidez, fuerza y colaboración de todos los actores, especialmente de los fiscales”.
“Los gobiernos y demás instituciones políticas deben tomar medidas oportunas y específicas para abordar el desafío de salud pública de contener la propagación del coronavirus y mitigar su impacto económico. En particular, se requiere una respuesta de política fiscal ambiciosa y coordinada para apoyar a las empresas y los trabajadores en riesgo”, reclamó la extitular del Fondo Monetario Internacional.




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