El gobierno de las compañías (Ultima parte)
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Finalmente concluye: «Necesitamos considerar no sólo cómo estructuramos el trabajo de un directorio sino cómo se maneja el sistema social que un directorio realmente es» (...). «Estaremos peleando la guerra equivocada si simplemente se endurecen las normas de procedimiento y se ignora la necesidad mas acuciante: ser fuertes, constituir grupos de alto funcionamiento cuyos miembros confían y desafían los unos a los otros y se relacionan directamente con las gerencias en los asuntos críticos que enfrentan las corporaciones.»
A efectos de enfatizar la importancia de la ética, la cultura organizacional y la responsabilidad personal en el éxito de un buen sistema de gobierno corporativo, cito dos conclusiones contenidas en el trabajo anteriormente referido de The Economist Intelligence Unit y KPMG. Cuando se les pidió a los entrevistados enumerar las barreras más significativas para mejorar el sistema de gobierno corporativo, 51% de los ejecutivos mencionó la renuencia gerencial y cultural para dar las señales de alarma. Finalmente, en las conclusiones generales del trabajo se menciona: «Diseñar e implementar estructuras de gobierno corporativo es importante, pero inculcar la cultura correcta es esencial».
• Normas
El último aspecto del sistema se centra en las normas contables y de transparencia, incluyendo lo inherente a la función de auditoría externa. La Ley Sarbanes-Oxley ha establecido normas más estrictas en este sentido; entre las más importantes crea un cuerpo de supervisión de auditores externos; obliga al auditor a describir en su informe de auditoría el alcance y los hallazgos de su revisión del sistema de control inter-no; prohíbe la prestación de ciertos servicios al auditor y requiere la aprobación previa por parte del comité de auditoría para otros; requiere la rotación cada cinco años por parte del socio a cargo del trabajo y del socio revisor, y ordena que el ejecutivo principal y el principal ejecutivo de administración certifiquen los estados contables.
Por otra parte, la profesión contable se encuentra abocada a un proceso de revisión de las normas, incluyendo las de exposición. Toda legislación que tienda a generar normas contables más claras y con mayor sentido económico, refuerce los requisitos de exposición de información -no sólo cuantitativa como cualitativa-, comprometa a los principales ejecutivos en la razonabilidad de las aseveraciones contenidas en los estados contables, refuerce los requisitos de independencia de los auditores externos y finalmente refuerce la vigilancia de los reguladores y endurezca las penas para los delitos de fraude debe ser bienvenida.
Dicho ello no debe perderse de vista que, como se menciona en un artículo publicado por «The Economist», «la debacle de WorldCom es la peor de todas, porque el fraude contable fue decididamente burdo y muy mal disimulado (...) simplemente dibujó las cuentas (...). Una investigación sacó a la luz que se habían clasificado como inversiones de capital costos por 3.800 millones de dólares, a lo largo de cinco trimestres, desde el inicio de 2001».
Concluyo en que el refuerzo y la mejora de las leyes y las normas son positivos, pero mucho más importante es el correcto funcionamiento del sistema, a partir del cumplimiento efectivo de los roles que a cada uno de sus actores corresponde. Y por sobre todo volver a las bases éticas, de responsabilidad individual y de transparencia.
Como conclusión final del trabajo realizado por The Economist Intelligence Unit y KPMG encontramos que «la transparencia sobre las políticas de gobierno de una compañía es crítica. Con tal de que a los inversores y accionistas se les provea una información clara y accesible sobre dichas políticas, el mercado hará el resto, asignando un mayor costo de capital a las compañías que tengan, por ejemplo, muy pocos directores independientes o políticas de compensación de ejecutivos demasiado agresivas o asignando uno menor a aquellas que adhieran a políticas contables conservadoras. Demasiado pocas compañías son genuinamente transparentes, y ésta es el área donde la mayoría de las organizaciones pueden y deben hacer mucho más».
(*) Director ejecutivo de KPMG Argentina



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