El gobierno sólo anularía la renegociación de Aeropuertos
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Otro contrato que quedó bajo la mira de versiones periodísticas durante el fin de semana fue el del Correo Argentino SA; a diferencia de la empresa que capitanea Eduardo Eurnekian, en el holding de Francisco Macri estaban hasta anoche en espera de mantener contactos con el gobierno, para que les confirmaran o desmintieran las versiones sobre una posible rescisión del contrato de concesión.
La jornada estuvo plagada de versiones, pero hasta anoche, al menos, los decretos que supuestamente terminarían ayer mismo con la vinculación de empresas respectivamente con la explotación del correo oficial y el sistema nacional de aeropuertos no habían tomado estado público.
En este sentido, había dos versiones:
• una indicaba que se redactaría un decreto por cada una de las empresas cuestionadas;
• otra versión, que se haría un decreto general, planteando la necesidad de revisar todos los contratos de concesión.
La reacción entre las privatizadas, en general, era de tranquilidad: casi al unísono los voceros de esas empresas manifestaban: «Estamos tranquilos: pueden revisar todo el proceso de concesión y las inversiones que hemos hecho, y se verá que son irreprochables», palabra más o menos.
Pero la duda mayor es cuán profundamente está dispuesto el gobierno a hundir el cuchillo en las privatizadas. Es casi un hecho que, de relicitarse las empresas de correos y de aeropuertos (por citar sólo a las más nombradas en versiones periodísticas), lo más probable es que las condiciones económicas que logren sean peores que las actuales, con o sin renegociación. Por caso, ¿hay alguna duda de que los aeropuertos son hoy un negocio totalmente diferente de lo que era en un mundo con boom turístico? Lo mismo puede decirse del correo, que en algún momento se planteó como la vía natural para el transporte de los miles de millones de dólares en mercadería que se venderían por Internet (nunca sucedió). El otro riesgo es que, sencillamente, no haya oferentes y el Estado deba volver a hacerse cargo de empresas históricamente deficitarias. Finalmente, está el tema de los reclamos (presentes y futuros por una posible rescisión contractual) de los concesionarios contra el gobierno, y viceversa, que deberán ser saldados en algún momento. Por caso, Correo Argentino reclama un importe similar al que le debe al Estado por cánones caídos; AA 2000 tiene un saldo «en contra» (reclamo contra reclamo) de «sólo» $ 50 millones, a pesar de adeudar más de $ 300 millones.




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