4 de agosto 2014 - 09:35

El impuesto a las ganancias y la equidad tributaria

El impuesto a las ganancias y la equidad tributaria
Pablo Garrera y Jerónimo Rodríguez Use*

A diferencia de la experiencia neoliberal donde, bajo el paradigma de la eficiencia tributaria, las reformas al sistema se centraron en los impuestos al consumo (por ejemplo el IVA), durante la última década, los impuestos más progresivos aumentaron su participación, mejorando la equidad tributaria en la región. Dentro de esta dinámica, el impuesto a las ganancias ha cobrado un rol fundamental, siendo uno de los mayores responsables de este cambio de tendencia. Según datos de la CEPAL, mientras que durante los 90, el impuesto a las ganancias para los países de América Latina representaba el 3.5% del PBI, para la década de los 2000, su participación había aumentado al 5.2% del PBI.

Se dice que un sistema tributario es más equitativo cuanto mayor es el peso de impuestos directos y progresivos. Se denomina impuestos directos a aquellos donde es posible focalizar su carga en un actor económico determinado y este no puede trasladar el pago a otros. La progresividad, por otro lado, está dada por la capacidad contributiva. Cuanto mayor impacto relativo tenga el impuesto en los sectores de mayores ingresos, mayor será la progresividad del mismo. El impuesto a las ganancias, fundamentalmente la porción pagada por las personas físicas, cumple con ambos requisitos. Sin embargo, en la Argentina, año tras año se transforma en un factor de disputa política, desvirtuándose su naturaleza.

Al analizar la dinámica del impuesto a las ganancias en el país, su comportamiento no se aparta de la trayectoria observada en los países de la región. En efecto, la participación de ganancias sobre el PBI, para el año 2013, fue del orden del 5.48%.
Por otro lado, si nos detenemos en el segmento del impuesto que recae sobre los ingresos de los trabajadores formales (la cuarta categoría), tampoco se observa un comportamiento disonante que justifique su nivel de conflictividad. En la actualidad, se estima que solamente 1.300.000 personas pagan el impuesto; es decir aproximadamente el 13% de los trabajadores registrados y, dado que el trabajo no registrado aun posee relevancia, solamente tributa el 7,5% del total de ocupados. En términos de indicadores salariales, siendo en la actualidad de 15 mil pesos el mínimo no imponible, para pagar el impuesto, se debe ganar más de cuatro veces el salario mínimo vital y móvil ($3600) y un 52% más que el salario medio del trabajador registrado ($9.883 para marzo de 2014).
Teniendo en cuenta estos datos, parecería que el hecho controversial en el impuesto no estaría dado por la cantidad de personas que lo tributan y, dada la relación con el resto de los ingresos del país, la población objetivo parecería estar bien dirigida hacia los sectores de altos ingresos.

Ahora bien, otro de las temas de debate es el nivel y la cantidad de personas que tributan la alícuota marginal máxima (35%). En la actualidad, un salario de 25 mil pesos estaría pagando en dicho tramo. La agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus cifras en ingles), analiza la estructura tributaria de una importante cantidad de sus países. Dentro de los indicadores que relevan, para el caso del impuesto a los ingresos, analizan la relación que existe entre el ingreso mínimo necesario para tributar en la alícuota máxima y el PBI per cápita. Cuanto mayor sea este ratio, más alejado estará el ingreso máximo necesario para tributar el máximo y, por lo tanto, menor será la cantidad de personas alcanzadas. Para el caso de Argentina, para el año 2012, dicha relación es de 3.37, es decir, se necesita ganar más de tres veces el equivalente al PBI per cápita para alcanzar la alícuota máxima. Este ratio es inferior a algunos de los países de la región, como el caso de Brasil (2.26) y, se encuentra en sintonía con la media mundial por lo que parecería no escapar al común diseño del tributo.

Por otra parte, en la Argentina, el impuesto a las ganancias cumple un segundo rol redistributivo. Si se toma en cuenta la manera en que se distribuye su recaudación, no solo representa una parte importante de la coparticipación federal sino que casi un 30% de lo producido por el mismo se destina a la ANSES, financiando las políticas de ingresos.

Las visiones más combativas sobre este impuesto, en lo que refiere a la cuarta categoría, expresan la necesidad de su eliminación, yendo en contra de la trayectoria de los sistemas tributarios regionales y atentando contra la equidad del mismo. Si bien toda estructura impositiva es plausible de mejoras, cualquier modificación que altere los ingresos corrientes del Estado necesita contemplar el sistema de manera integral y la función de cada uno de los impuestos de forma particular. Dado el carácter progresivo del impuesto a las ganancias, resulta llamativo el nivel de exposición mediática del tributo en relación a otros impuestos de mayor regresividad, como es el caso de algunos impuestos y tasas de orden sub-nacionales. Es interesante en ese sentido el caso de la Ciudad de Buenos Aires, donde los continuos incrementos tanto de ABL como de Ingresos Brutos no responden a cuestiones equitativas sino netamente recaudatorias.

Como también es el caso de varios municipios de la provincia de Buenos Aires, que han incorporado una tasa vial que no solo presenta efectos regresivos sino que, al gravar un hecho imponible ya contemplado por impuestos nacionales, resultan inconstitucionales.
Todo impuesto, como su nombre lo indica, representa una carga para quien debe tributarlo, por eso es importante no perder de vista los mecanismos de progresividad y redistribución que permiten direccionar esos recursos al conjunto de la sociedad, en beneficio de todos.

*Integrantes del grupo de Estudios de Economía Nacional y Popular (GEENAP)

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