Qué se puede decir. El mercado abrió con una ligera suba que muchos achacaron a dos factores, por un lado, el anuncio de ganancias de Home Depot y otras tiendas minoristas que superaron las expectativas, y por el otro, el acuerdo a que habría llegado la gente de Merrill Lynch con la fiscalía de Nueva York sobre la acusación a la principal casa del Bolsa del mundo de que sus analistas habrían estado "guiando erróneamente" a los inversores. Sin otros grandes motivos, el promedio industrial alcanzó a trepar 0,62 por ciento y el NASDAQ, 0,96 por ciento. Pero esto duró menos de una hora. De ahí en más, y por motivos que en otras condiciones se hubieran definido como "banales", una relectura del informe de la Home Depot, y la posibilidad creciente de una guerra entre India y Pakistán, los precios fueron cediendo terreno y para cuando sonaba la campana de cierre, el Dow quedaba en 10.105,71 puntos, mostrando una pérdida de 1,21 por ciento, en tanto que el NASDAQ caía 2,2 por ciento. Si algo quedó claro es que la merma del lunes no era, como sostenían algunos, un mero ajuste técnico. Lo cierto es que teniendo en mente la merma del dólar frente al yen, que cerró en 124,16, y que a pesar de una leve mejora frente al valor anterior del euro, quedó en 91392 centavos, a lo que se puede sumar la recuperación en los bonos del Tesoro, cuya tasa a 10 años quedó en 5,151 por ciento anual, casi no queda otro argumento: la de ayer fue una de esas jornadas de "flight to safety" (vuelo a la seguridad). El planteo es por qué a esta altura el mercado vuelve a buscar cubrirse, como resultó evidente ayer, cuando los favoritos fueron los sectores aurífero, acero, petroleras integradas, defensa y oro. La respuesta puede no ser del todo agradable; ayer la apuesta fue a la guerra.
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