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Las proyecciones del Banco Central del Uruguay (BCU) estiman que la divisa cerrará el año cotizando entre 25 y 30 pesos, ya que en el último trimestre se inicia un proceso de reducción de la liquidez que reduce la presión sobre el dólar.
Después de la última gran devaluación de noviembre de 1982, se produjo entre 1990 y 1995 en Uruguay un fuerte atraso cambiario, que implicó una revaluación de 100% del peso frente al dólar y aumentó el consumo de productos importados y la dolarización de la economía. Recién a partir de 1996 se comenzó a observar una convergencia del dólar y de la inflación en el mercado doméstico, y hacia fines de la década se inició un proceso de mejora de la competitividad por una deflación interna en dólares.
• Precios altos
El fortalecimiento del peso dejó a Uruguay fuera de muchos mercados a nivel mundial, pero la situación similar que se observaba en la Argentina y Brasil permitió mantener precios altos para bienes y servicios -incluso el turismo- sin afectar mayormente el nivel de actividad. Luego vinieron la devaluación del euro frente al dólar, la caída del real en enero de 1999 y finalmente el abandono de la convertibilidad argentina en enero de 2002, lo que dejó totalmente fuera de competencia al país. Actualmente la economía uruguaya está altamente dolarizada, pero ya se nota una tendencia a la fijación de precios en pesos, en especial en algunos bienes y servicios.
La base monetaria es reducida, alcanzando al equivalente a menos de u$s 500 millones y la dolarización de los créditos bancarios alcanza a 85,3% del total y de los depósitos bancarios a 93% del total. En Uruguay los inmuebles, automóviles, electrodomésticos y parte de la vestimenta y el calzado (por lo menos, los de mayor costo) se vendían en dólares hasta mediados de este año, pero el fuerte impacto que produjo el pasaje a un régimen de flotación del tipo de cambio está haciendo cambiar los hábitos del mercado.
Si bien ese incremento en el ritmo devaluatorio impactó en los precios al consumo, la suba del IPC en los últimos doce meses llega a 20,1% y en los meses ya transcurridos de este año a 18,9% lo que ubica la variación muy por debajo de la devaluación. Asimismo, los salarios no han acompañado esa tendencia de suba, dado el proceso recesivo que se observa en la economía y el elevado déficit de las cuentas públicas.
Las dificultades para el pago de las deudas en dólares han incrementado la morosidad y en algunos casos, como las operaciones de venta de las automotoras, han implicado la devolución de bienes prendados en las operaciones, lo que ha significado un perjuicio para ambas partes, señalan las asociaciones de deudores.
A nivel oficial se ha destacado que existe predisposición para buscar una salida al problema, pero que ello no pasa por cambiar la moneda en que se pactó la operación. Pueden facilitarse las negociaciones entre las partes para mejorar plazos de pago o modificar tasas, pero siempre manteniendo al dólar o a la moneda en que se pactó el convenio, señalan.




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