Wall Street mira con desconfianza al "Argentino", la tercera moneda local que Argentina emitirá en enero, y reclama que Buenos Aires cese de "tratar de ganar tiempo" y aplique "políticas serias, de rigor", que conllevan necesariamente una mayor baja en el nivel de vida de la población, señaló un experto.
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El gobierno argentino, presidido por el presidente provisional Adolfo Rodríguez Saá, asegura que con la nueva moneda se pagarán los salarios estatales, inyectando liquidez en la economía y provocando un aumento en los ingresos de los hogares. Ha prometido además la creación de un millón de empleos.
"Pero Argentina no debe prometer lo que no puede cumplir", advirtió Bruno Boccara, experto de la calificadora financiera Standard and Poor's, estimando que existe el peligro de que, con esas medidas, Argentina caiga en el populismo, lo que "provocaría un mayor colapso de la economía".
Argentina no debe considerar que poner una nueva moneda en circulación representa una solución a la crisis. "Es una medida económica de transición, pero podría agravar lo que el gobierno trata de evitar, una devaluación fuerte y desordenada", dijo.
Subrayó por eso la necesidad de que el gobierno formule un planteamiento coherente, que genere confianza en la población y entre los inversores y acreedores internacionales.
El gobierno argentino "debe tratar de hacer una transición, pero reconociendo que es necesario un ajuste", que implica políticas de rigor fiscal, señaló el experto, subrayando la necesidad de construir un "consenso político" de los argentinos en torno al ajuste, como logró hacer México tras la crisis del peso, en 1997.
Sólo así, dijo, Argentina podrá recuperar la confianza interna, la de los mercados y la de los organismos financieros internacionales, agregó el experto.
"Pero estas medidas implican una baja en las condiciones de vida de la población. Es un hecho que no se puede evitar", dijo Boccara.
El experto concluyó señalando, con una nota de pesimismo, que Wall Street considera que "Argentina es un país que tiene una alta resistencia a las reformas". Y además, cuando las hace, dijo, "son demasiado pocas", y "llegan siempre demasiado tarde".
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