Oportunidades y riesgos de la reactivación norteamericana

Economía

Es muy factible –y los mercados parecen razonar en ese sentido– que estemos en el inicio de un ciclo expansivo de la economía internacional. Si a esta natural tendencia que se viene evidenciando se le suma el hecho de que las vacunas irán haciendo desaparecer poco a poco el coronavirus a lo largo del 2021 e inicios del 2022, es factible que otras zonas del planeta como Europa y Japón también empiecen a mostrar signos más evidentes de recuperación.

En forma lenta, pero firme, la economía internacional está virando a un contexto muy diferente, no solo del vivido en las primeras etapas de la pandemia, sino también -lo que es mucho más interesante- del contexto previo a la aparición del coronavirus en el mundo. Hasta ese momento la economía internacional se caracterizaba por una tasa de crecimiento aceptable en EEUU y decepcionante en muchas otras partes del globo exceptuando China. La pandemia parecía en un primer momento dañar fuertemente a la economía mundial merced a la baja impresionante que en un primer momento tuvieron las acciones en prácticamente todo el planeta. En marzo y abril del año pasado parecía que todo el mundo se sumergiría en una profunda recesión. Pero tras algunas semanas y meses las cosas empezaron a cambiar al calor del rápido rebote de las bolsas causado por las políticas monetarias y fiscales super expansivas en todos los países del Primer Mundo. De allí en adelante principalmente Estados Unidos y China dieron muestras de crecimiento que van más allá de eventuales mejorías. Las últimas cifras de empleo divulgadas en Estados Unidos con cerca de 360.000 nuevos empleos generados y la desocupación en baja al 6,2% desde casi el 15% del epicentro de la pandemia son claras señales de que hay algo más atrás de lo que en un primer momento parecía solo un rebote o una mejora transitoria. Como correlato de todo esto las tasas de interés de largo plazo han comenzado a subir. Lo han hecho nada menos que en un punto porcentual anual. Si se tiene en cuenta que las mismas estaban por debajo del 0,5% anual a 10 años hace menos de un año, surge claro que el humor ha cambiado totalmente. Es muy factible –y los mercados parecen razonar en ese sentido– que estemos en el inicio de un ciclo expansivo de la economía internacional, dado que si a esta natural tendencia que se viene evidenciando se le suma el hecho de que las vacunas irán haciendo desaparecer poco a poco el coronavirus a lo largo del 2021 e inicios del 2022, es factible que otras zonas del planeta como Europa y Japón también empiecen a mostrar signos más evidentes de recuperación, sobre todo traccionados por un retorno del consumo a niveles menos recelosos que durante la pandemia.

Ahora bien, a los fines del futuro de la economía argentina estos cambios que se están evidenciando ahora a ritmo más rápido no son neutros. Tienen varios efectos en diferentes sentidos. Hay efectos en las tasas de interés, en el saldo de la balanza comercial, en la tasa de crecimiento, en el nivel de empleo, en la tasa de inflación y en muchas otras variables.

El primer efecto que hay que calcular por evidentes razones de escasez de dólares en Argentina es el que se produce sobre la balanza de pagos. Una reactivación mundial hace subir los precios y la cantidad demandada efectiva de los commodities. Y si bien no son los commodities alimenticios los que más suben ante un aumento del nivel de actividad mundial -después de todo, hay que alimentarse siempre- suelen sentir de manera muy apreciable la tracción alcista de la mayor demanda global. Ello mejora el saldo de la balanza comercial de todos los países exportadores netos de commodities. Sin embargo ese efecto suele atenuarse, o incluso desaparecer o volverse de signo inverso debido al aumento en las tasas de interés de corto y largo plazo que una economía mundial más tonificada implican. Vale decir que una buena parte de lo que se gana vía más exportaciones se termina perdiendo vía mayores intereses a pagar cuando las deudas son a tasa flotante. En los casos de países endeudados a tasa fija –como lo es el caso argentino por abrumadora mayoría– este efecto negativo del mayor costo en concepto de intereses a pagar al exterior desaparece primando totalmente el efecto positivo en la balanza comercial. Sin embargo, hay que tener en cuenta un factor más desde el punto de vista de la balanza de pagos. Y es que cuando se verifica un ciclo expansivo en la economía internacional el crédito en dólares empieza a escasear y a ser más caro. Muchos más países y empresas compiten por fondos prestables que no crecen al mismo ritmo que la demanda de los mismos. De tal manera, las divisas suelen faltar. Esto marca un peligro en ciernes para los países no desarrollados cuyas economías a veces son financiadas por momentos desde el exterior de manera abrumadora y en otros momentos no. Al Tercer Mundo se le va a hacer mucho más difícil conseguir fondos para financiar déficits fiscales y hasta incluso préstamos para capital de trabajo empresarial. Muchos países que han gozado de muchos años de un auténtico baño de capitales internacionales pueden verse de un momento a otro en dificultades, por lo que deberán echar mano a su stock de reservas internacionales para poder honrar sus compromisos. Aquellos que hayan amasado una buena cantidad de dólares en sus bancos centrales suelen tener resto suficiente cuando sobrevienen épocas de buen crecimiento mundial, mientras que los que no hayan hecho esto pueden entrar en serias dificultades. Hay que mencionar un punto más en lo relativo al efecto en la balanza de pagos que puede tener una reactivación en el Primer Mundo. Habíamos dicho que los países exportadores de commodities se ven favorecidos. Esa es una verdad muy relativa. Ocurre que tanto los commodities como las divisas que la exportación de los mismos produce no es ni del Banco Central, ni del país en cuestión ni de la sociedad. Es de los dueños de los commodities y de las divisas que se obtienen con su venta. Vale decir que la mejora en las cuentas externas de un país que exporta materias primas cuando hay una reactivación mundial es solo de un sector de la sociedad mientras que el resto, paradójicamente se puede ver perjudicado si esas materias primas que se exportan son alimentos porque sube fuertemente el costo de subsistencia.

Pero los efectos de una reactivación mundial no acaban en la balanza de pagos. Cuando dicha reactivación es encabezada por Estados Unidos –como este es el caso– la suba en el nivel de actividad suele ir acompañada de un importante incremento en el valor del dólar en el mundo. Esa valorización de la moneda norteamericana obliga a una gran cantidad de países en vías de desarrollo a desenganchar sus paridades cambiarias del dólar y a aceptar niveles devaluatorios que pueden acelerar los procesos inflacionarios que a su vez se inician sin necesidad previa de devaluaciones, por el simple juego de la oferta y la demanda de una gran cantidad de productos que son más demandados cuando las cosas mejoran de manera apreciable.

Esos mayores costos que impone a los países en vías de desarrollo una recuperación en países del Primer Mundo: por ejemplo, tolerar aumentos de precios en alimentos, caídas en las monedas domésticas, mayores costos para pagar la deuda, menor disponibilidad de capital, etc., etc., tienen al menos como elementos de importante contrapeso una mayor cantidad y calidad de oportunidades de negocios y una suba en el nivel de actividad si es que se toleran las presiones inflacionarias, devaluatorias y de mayores costos para repagar la deuda. No es nada fácil, pero los países en vías de desarrollo que puedan ir acompañando la mejoría de las economías de los países centrales con tasas de crecimiento similares o superiores podrán experimentar grandes avances en épocas de crecimiento mundial sostenido.

Como hemos visto, los mismos factores que en el Primer Mundo colaboran para crecer con fuerza son los que en los países en vías de desarrollo resienten el estado de las economías de estos países. Lo que es bueno para Estados Unidos, China, Europa y Japón puede no serlo para Latinoamérica. De hecho, así ha sido casi siempre en el pasado. Recordemos cuando la política antiinflacionaria de Paul Volcker en Estados Unidos normalizó a aquel país para producir un tendal de devaluaciones y defaults en Latinoamérica. Argentina esta vez tiene algunos factores que la pueden ayudar: la deuda está nominada a tasas fijas y bajas que por años no habrá que pagar, los capitales susceptibles de retirarse no son muchos y el tipo de cambio no está subvaluado. Son factores importantes que marcan un punto de partida distinto, por suerte.

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Walter Graziano y Asociados

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