5 de febrero 2004 - 00:00

Fama

Otro fantasma recorre el mundo: «la argentinización». El término se impuso como neologismo planetario cada vez que un político o economista quiere levantar los peores temores acerca de la caída libre de un país. El tema Argentina fue uno de los principales de la agenda internacional de 2002 y 2003, y llegó a competirle hasta a Al-Qaeda. El pánico que genera la combinación de nuestra crisis financiera, política y social hace que en países con realidades tan distintas, como Filipinas, Colombia, Israel, Suecia, Bolivia, México y Hong Kong (China), todos le escapen a un devenir aciago y terrible: «la argentinización».

Para mayor orgullo, si cabe, de nuestro ego, de la palabra Argentina surgió un neologismo que es utilizado en todo el mundo, en todos los idiomas y para las situaciones más disímiles: «la argentinización».

Cada vez que algún economista, político o analista necesita una palabra como sinónimo de «debacle económica catastrófica», allí surge «la argentinización», término que es agitado para disparar los peores temores.

El cuco es utilizado en países que padecen todo tipo de condiciones socioeconómicas. Desde aquellos con alto nivel de desarrollo humano, como Suecia; naciones desarrolladas en semiguerra, como Israel; países pobres en semiguerra, como Colombia; economías estables que no terminan de despegar, como México; o pauperizadas, como la boliviana.

• Sobrevuelo

Esta semana fue el turno de Filipinas. Desde hace unos días, el fantasma trágico de la Argentina sobrevuela el debate político de Manila. Fue el Standard Chartered Bank el que elevó la voz de alerta e indicó en un documento que Filipinas puede transformarse en otra «economía argentina».

Nada pudo ser más alarmante para el gobierno de Bárbara Arroyo, que por todos los medios trató de demostrar que el crecimiento de 5,5 por ciento del PBI y el aumento de 23 por ciento de la inversión externa son signos de una economía fuerte. El vocero de Arroyo, Ignacio Bunye, acusó a «los especuladores sobre el peso» de conspirar contra la moneda.

«La argentinización» es utilizada aun para los casos más exóticos. Si bien Hong Kong mantiene la convertibilidad, como tuvo la Argentina en los '90,
no puede encontrarse un país más distinto del nuestro que la minúscula extensión de territorio que se incorporó a China en 1997. Sin embargo, Mike Rowse, encargado de la Oficina Estatal de Inversiones de HK, que recientemente visitó la Argentina, no se cansa de aclarar en sus giras por el mundo que su país no será una nueva Argentina, y que lejos de devaluar, su país vivió una importante deflación.

Hace un año, en un agitado debate por Irak en el Senado colombiano,
Manuel Ramiro Velázquez, miembro de la Comisión de RR.HH., convocó a mantener lealtad hacia EE.UU. para «conservar la lealtad de Colombia para que no caigamos en la argentinización».

Ramiro Velasco Romero
escribió en el diario boliviano «La Razón» que «entre las clases medias especialmente, ha aparecido un nuevo y temible fantasma. El miedo a la argentinización de la grave crisis boliviana». En este caso no se refiere al déficit, que supera en Bolivia (8%) cualquier récord reciente argentino, sino a un peligro de estampida bancaria y protesta social, que en el país del Norte, de hecho, ya existe. Velasco indica esta semana que «al otro lado de la frontera se está demostrando que los países pueden quebrar».

En el caso de México, cuya economía, dependiente de la de EE.UU., permanece estancada desde hace algún tiempo, puede hablarse de cierta similitud con lo que vivió nuestro país, al menos en el plano anímico y político. El gobierno de
Vicente Fox está empantanado en un marcado internismo en sus filas y afronta un poderoso partido opositor pleno de cacicazgos, que desacostumbrado a no tener el poder, conserva enorme capacidad de daño. Ante esto, la decepción campea en la población.

Disgusto

El titular de Hacienda, Francisco Gil Díaz, fue más allá y dijo en junio que su país, al financiar la falta de ingresos con privatizaciones, combinada con la pérdida de valor del peso, se estaba «argentinizando». Fox tardó en reponerse de otro disgusto que le daba un hombre que debería considerarse aliado.

Aunque en Suecia rara vez se oye un disparo, comparte con Israel la característica de poseer un estado de bienestar tan extendido como en retirada. Todos, prensa y políticos, hablan en Israel del fantasma tan temido. El pánico de «la argentinización» causa tanta preocupación, que hasta puede acelerar alguna salida para el conflicto con los palestinos. Cuando muchos israelíes ven cómo el desempleo y la pobreza están tocando sus puertas, el hartazgo por el conflicto se incrementa y la contemplación ante factores que avivan llamas, como los colonos, se reduce.

El diputado sueco
Mauricio Rojas, del Partido Liberal, nos visitó en los primeros días de este año, y en una conferencia en la organización CADAL destruyó el mito de que en Suecia el Estado soluciona tanto los problemas que los suecos se aburren. Cuesta dominar el déficit, aumenta la evasión y crece el desempleo. «¿Se están argentinizando?», alguien preguntó. «De eso se habla todo el tiempo», contestó el legislador.

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