¿Adónde llegará la Fed?: Powell busca la rendición incondicional de la inflación (aunque hasta ahora solo consiguió un mercado bear)

Economía

La guerra contra la inflación no cesa. La Fed aumentó las tasas tres cuartos de punto, la receta de Alan Greenspan que no usaba desde 1994. El viejo maestro la aplicó para sorprender a los mercados, Jay Powell lo hizo para no desairarlos. La política monetaria, en este caso, la dictó la inflación al consumidor de mayo que con una lectura del 8,6% pateó el tablero, y sorprendió a los funcionarios en plena veda de comunicación. Fueron los mercados los que decidieron la conveniencia de un sablazo de 75 puntos base (pbs) y suspender el método Mester de machacar con dosis de medio punto. La Fed tomó la guía -con la única disidencia de Esther George- aunque Powell juzgó prudente aclarar que no necesariamente más es mejor. La próxima alza (acá no termina la faena) puede ser de 50 o 75 pbs porque tampoco hay que crear adicción por los talles más grandes. Pero en los futuros de fed funds, ya se anotaron otros 75 al tope de la lista de espera de julio. La artillería monetaria arrecia en todos los frentes. El Banco Nacional de Suiza, todavía bajo cero, debutó con un retoque de medio punto. El Banco de Inglaterra sumó 25 pbs en la quinta vacunación. El BCE avisó que arranca en julio (con 25 pbs) y repite en septiembre. Solo Japón mantiene el estímulo original. Era el único que no lograba una inflación de 2% (o múltiplo). Pero en abril tuvo un primer éxito: 2,4%.

Nunca mejor dicho que los mercados están haciendo el trabajo de la banca central, anticipando su parte más dura. En Wall Street, del formidable mercado bull que surgió en pleno encierro por el covid y que hizo máximos el 3 de enero no hay rastros. La plaza se rindió y se escrituró como terreno bear. Nadie lo discute. No solo se franqueó el umbral de una caída de 20%; en los seis meses que llevaba la disputa, se frustraron tres rallies, típica trampa en sus dominios. Y que conste que nadie pide el remanido “put” de la Fed. La institución -lo refrendó Powell ante el Congreso- está abocada a conseguir la rendición incondicional de la inflación, cueste lo que cueste. Y cada vez cuesta más. La economía se resiente y no oculta la evidencia. Basta ver los surveys regionales -incluyendo la tercera retracción mensual del informe Philly Fed y su primera lectura negativa- o la caída nominal de las ventas minoristas. Pero una defección ante la inflación sería una catástrofe, y por eso los propios mercados propician las soluciones más agresivas.

Política monetaria

¿Hasta dónde avanzará la política monetaria? Las proyecciones de la entidad, conocidas el miércoles, juzgan apropiada una tasa de fed funds de 3,4% a diciembre (el doble de la actual) y de 3,8% a fin de 2023. Los futuros montan una rampa más veloz y pronunciada. 2022 no sorprendería inclusive si cerrase en 4%. ¿Y qué decir de una recesión? El 60% de los CEO cree que es el destino el año próximo. La Fed, en cambio, no la contempla (sí un planeo suave de la actividad con aumento de la desocupación). Los indicadores que anticipan el ciclo, reacios a la hipótesis hasta un par de semanas, se escoran peligrosamente. La canasta líder que publica The Conference Board cayó en abril y de nuevo en mayo. La primera vez no fue óbice para sostener un pronóstico de crecimiento de 2,3% en el año. Con la reiteración desapareció esa muestra de fe. La tercera presumiblemente sería la vencida. A la par, la curva del Tesoro ya se invirtió entre 3 y 10 años y bastarían 5 pbs para encumbrar a la tasa de 2. Y el mercado bear es una luz roja. Quizás la Fed no deba trepar mucho más para sumar daño colateral -la recesión de 2023- pero aun así la inflación podría no rendirse a sus pies. ¿Y cómo podría evitarse un tracto tan corrosivo cuando las expectativas de inflación a mediano plazo exhiben caídas significativas? El shock negativo de oferta que causaron la guerra en Ucrania y las sanciones debería atacarse con medidas de oferta y no con política monetaria (que ya destruye demanda a mansalva). No se precisa un put de la Fed sino un call de la Administración Biden (esencialmente, de energía) que sirva como puente en la transición. Menos tasa y más shale daría una solución mejor, pero es aún una quimera.

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