Powell ve complicaciones, rechaza las tasas negativas y pide más política fiscal

Economía

La Fed emitió un nuevo aviso a los navegantes. “Los precios de los activos son susceptibles a significativas caídas si la pandemia toma un rumbo no previsto”. El Informe de Estabilidad Financiera de mayo subraya que el curso de la pandemia, su caudal y la duración de su impacto adverso son los peligros principales al acecho. ¿Una comunicación de rutina? No, un alerta para quien navegue el rally de bonos y acciones.

Jerome Powell, su titular, un día antes, enfatizó la vulnerabilidad a una epidemia que persista en el tiempo, o que recobre virulencia en una segunda oleada. El Informe se explaya con lujo de detalles. El estrés financiero y los default corporativos se agravarían en una recesión más extendida. El deterioro de las finanzas de los hogares, aun de aquellos que hoy revelan sólido respaldo crediticio, podría precipitar una cascada de incumplimientos, y sumar presión sobre la banca y otros prestatarios. El Covid-19 arrasó 36,5 millones de empleos en los últimos dos meses.

Con una tasa de desocupación que debe orillar 25% (en tiempo real) los saldos incobrables de tarjetas de crédito podrían escalar bien por arriba de los picos de 2008 y 2009. Otras áreas frágiles en el radar: los inmuebles de uso comercial -por su alta valuación antes de la crisis y lo nocivo del shock para el comercio y el turismo- y las carteras de préstamos apalancados (CLO). ¿Y entre los jugadores de las finanzas? Los hedge funds, tras aumentar el uso del endeudamiento de forma sostenida en los últimos cinco años. ¿Y qué de los sospechosos de siempre?

La banca está bien capitalizada para absorber la colisión inicial, pero no exenta del drama de una corrosión ulterior. Erosión que teme el gurú Warren Buffett -gran comprador de acciones bancarias en la crisis de Lehman- quien achicó posiciones en Goldman Sachs y US Bancorp y liquidó sus tenencias de Travelers.

Todo el mundo conoce el put de la Fed, que no existe (cuando la Bolsa se derrumba, la volatilidad de las acciones no disminuye sino que se dispara), pero que como las brujas que lo hay, lo hay. Powell y el banco central, con sus advertencias, demuestran que no les interesa inflar la euforia para lidiar con la coyuntura. Están lanzando calls, hipotéticos también, sobre el otro extremo del arco. No nos insinúan un piso para las cotizaciones como el put de marras, sino un techo posible. Quien esté comprado en acciones, y de veras crea en el put y el call de la Fed, estrenará el collar flamante de Powell & Cía. Si se examina el rally bursátil, vibrante contra viento y marea en los momentos más siniestros de la crisis, notará que aplanó su curva el último mes y que fluctúa desde entonces en un rango acotado. Se diría que, si se trata del collar de opciones, Wall Street se lo puso primero.

Powell habló en el Instituto Peterson, y vertió tres mensajes, no uno sólo. Ya se mencionó que la pandemia (y la recesión) puede ser más duradera y profunda que lo que pensamos. La Organización Mundial de la Salud, por caso, barajó la posibilidad de tener que convivir cinco largos años antes de dominar la enfermedad. Esa incertidumbre no se despejará pronto. O sí, en caso de que la salida de la cuarentena sea un fracaso rotundo que obligue a volver a encerrarse. El segundo recado: que las tasas de interés negativas no son un remedio que la Fed considere aplicar.

Se lo analizó en noviembre, y nadie en su seno las aprobó. Que tomen nota el presidente Trump y los economistas Kocherlakota y Rogoff quienes abogan por hundirlas bajo cero. El banco central está cómodo con su caja de herramientas, y si fuera menester aumentar la dosis de relax monetario, lo haría con determinación, pero sin apelar a la receta que es de uso en Europa. Tercera misiva y, fundamental: que el pasaje del tiempo, con una pandemia (y recesión) persistente, puede convertir la falta de liquidez en insolvencia. Y ahí ya no cabe el uso de la política monetaria sino fiscal. Un esfuerzo fiscal adicional sería valioso aunque no fuera barato si permite “esquivar los daños económicos de largo plazo y abona el terreno para una recuperación robusta”. Claro, es una decisión que debe tomar el Congreso. Se sabe, los legisladores son “quienes tienen los poderes de la tributación y el gasto”. Powell no da puntada sin hilo. Alerta a los navegantes para despertar a quienes conducen al timón. No ve el turno de las tasas negativas en el horizonte sino otra ronda de expansión fiscal.

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