Pequeñas delicias de la negociación con el FMI

Economía

"No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" nos decían nuestros padres cuando éramos niños. Esa sana advertencia que recibíamos de niños parece no haber sido adecuadamente recibida por quienes deben llevar adelante las negociaciones con el FMI.

“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” nos decían nuestros padres cuando éramos niños con el fin de que aprendamos a no postergar el trabajo y a tomarnos con seriedad nuestras obligaciones. Eso es precisamente lo que solemos reclamarles a los gobiernos que hagan con el fin de que no perdamos energías, tiempo y dinero. O que no le hagan perder eso mismo al Estado, dado que después de todo al Estado lo financiamos todos.

Esa sana advertencia que recibíamos de niños parece no haber sido adecuadamente recibida por quienes deben llevar adelante las negociaciones con el FMI. Recordemos cómo viene la situación. A inicios de este Gobierno se resolvió negociar primero la deuda con los acreedores privados y dejar para inmediatamente después la que vence con el FMI. La idea, que en un inicio podía parecer un error terminó por constituirse en un acierto. Si bien es cierto que la negociación con acreedores privados llevó varios meses más de los que se tenían como objetivo, terminó de una manera razonablemente positiva para el país. Con deudas refinanciadas en un plazo espaciado entre el 2025 y el 2045 y tasas de interés fijas y bajas. No tan bajas como las que pueden conseguir otros países latinoamericanos. Cierto. Pero después de todo esto es Argentina y no es fácil encontrar deudores -públicos, privados, o lo que sea- que tengan tan oscuro récord como el que tiene nuestro país a la hora de pagar sus deudas.

Tras ese acuerdo esperábamos que se iniciaran inmediatamente las negociaciones con el FMI, como se había prometido, porque tal cosa hubiera despejado el panorama económico y financiero del país, hubiera abierto la puerta a inversiones y a la aparición de crédito de mediano y largo plazo, lo que a su vez fomentaría el consumo. Así, la pesada rueda que se necesita que se ponga en marcha para que la economía argentina funcione se hubiera echado a rodar. Pero no.

En vez de sentarse mano a mano con la gente de Georgieva y hablar seriamente acerca de que como se renovarían los créditos al país se decidió diferir la negociación para el 2021 aun a sabiendas de que este era un año electoral por lo que cualquier negociación con el FMI iba a ser más difícil desde todo punto de vista.

¿Qué ocurrió entonces? Los grandes fondos de inversión del exterior que tenían grandes cantidades de colocaciones en pesos decidieron seguir adelante con sus planes de retirar ese dinero del país y Argentina entre septiembre y noviembre de 2020 vivió grandes momentos de zozobra en el mercado financiero dado que la corrida hacia el dólar parecía imparable. Con las cotizaciones de cerca de $200 por dólar se batieron todos los records de alto tipo de cambio real en el país. Ni en las hiperinflaciones ni en las confiscaciones ni en la Guerra de Malvinas Argentina tuvo una corrida especulativa que llevara al dólar tan alto. Y la misma solo concluyó cuando se le torció al brazo al ministro Guzmán quien debió salir a malvender bonos endeudando al país al 15% anual en dólares para que los fondos pudieran abandonar el país sin producir más estropicios. ¿Hubiera ocurrido eso mismo si Argentina hubiera estado negociando seria y rápidamente con el FMI? Seguro que no.

Los lazos entre los funcionarios del poder ejecutivo y legislativo norteamericano, el staff del FMI y quienes manejan los grandes capitales de los fondos de inversión estadounidenses son lo suficientemente fluidos y estrechos como para que se hubiera evitado la farsa que hubiera significado estar negociando pautas de dólar, inflación y crecimiento del país en medio del maremágnum de una corrida financiera para el libro Guinness de los récords del dólar más alto de la historia del país. Por cuidado de su propia deteriorada imagen el FMI no se hubiera expuesto a tal cosa. Muchas voces le habrían hablado al oído a las principales cabezas de Black Rock, Templeton, Pimco, etc y la sangre no hubiera estado tan a punto de llegar al río como lo estuvo. Además, tampoco hubiera habido apuro en sacar dinero de un país que negocia seriamente con el FMI. El tema es más que importante porque una buena parte de las grandes dificultades que hay para volver a crecer se deben al fresco recuerdo de lo ocurrido tan solo meses atrás. Pocos son entonces quienes desean invertir capitales en el país porque para desarrollar negocios se necesita contar con pesos. ¿Y cuántos son los valientes que quieren colocar grandes cantidades de pesos a largo plazo en un país donde lo que a fines de 2019 valía $65 solo un año más tarde vale $200? Vale decir que aunque la corrida pudo ser sofocada, las secuelas de la misma aún se viven. Una negociación seria con el FMI la hubiera evitado.

Ahora bien, iniciado ya el 2021 todos esperábamos con cierta ansiedad el comienzo de las negociaciones con el FMI. Sobre todo quienes planeaban ampliar sus comercios, fábricas o sus sencillas inversiones financieras en plazos fijos en pesos. Sin embargo, nuevamente, mes tras mes se vino postergando la decisión y ahora nos desayunamos de que las conversaciones formales con el FMI no empezarán en todo el resto del año y que recién lo harán en el 2022. Y vaya uno a saber exactamente en qué mes del 2022 los funcionarios argentinos piensan sentarse a negociar con ese organismo.

Por el poco apuro que nuestras autoridades muestran en negociar un acuerdo clave desde todo punto de vista para el país pareciera que se le deben monedas a ese organismo y que el “cambio chico” que hay que pagarle se puede conseguir en un santiamén. Pero no. En el 2022 operan vencimientos con el FMI por la friolera de u$s 18.000 millones. Y si el 2022 parece una barrera infranqueable hay que recordar que en el 2023 operarán otros u$s19.000 millones de vencimientos con ese organismo.

Al mismo tiempo, los cerca de u$s4.000 millones de vencimientos de este 2021 serán sufragados con el dinero del reparto de DEG que el FMI hará entre sus socios para paliar los efectos de la pandemia. Vale decir que el país podría haber acumulado en sus reservas los cerca de u$s4.500 millones del reparto de DEG que le tocarían en vez de dilapidarlos repagándole parte del capital a ese organismo, dado que los vencimientos de 2021 podrían haber ingresado perfectamente en cualquier refinanciación lógica con el FMI. Pero no.

En un país donde los funcionarios exponen al propio presidente haciéndolo recorrer Europa en la humillante actitud de pedir permiso para no pagarle al Club de París, se rifan u$s4.500 millones que caían como maná del cielo anticipándole pagos al FMI, cuando el propio FMI esperaba refinanciarle ese capital a la Argentina. De locos.

La falta de seriedad de quienes deben llevar a buen puerto las negociaciones con el FMI resultan más que evidentes entonces. Los errores son de todos los colores y sabores. No solo abarcan el fondo de la cuestión, sino las propias formas de conducirse de funcionarios que no se explica con qué credenciales han accedido a sus puestos. Por tomar un ejemplo, el representante argentino en el FMI que es de profesión abogado especialista en derecho constitucional (sí lector, leyó bien) es también el principal apoyo de quienes ensayan esta idea de postergar y postergar y postergar.

El peculiar personaje mientras le comunica a la cúpula del FMI que no hay voluntad de negociar aun nada… suele sentarse en los sillones del despacho de la propia Georgieva, en presencia del propio ministro Guzmán y de las propias cámaras de TV encendidas…¡sobre sus propias piernas! (también leyó bien lector) . Esa es la conducta de nuestros funcionarios. ¿Pedirá también un “scotch on the rocks” y unos canapés? Puede parecer un detalle, pero no lo es en absoluto. Así negocia -o mejor dicho, así posterga sus negociaciones- Argentina con el FMI.

Con la misma informalidad, improvisación, falta de respeto y falta de seriedad con la que suele maltratar a los potenciales inversores en el país a los que un día se les dice que va a haber acuerdo en junio de 2020, otro que se firmará en enero de 2021, un tercero que será en julio de 2021, un cuarto que será en noviembre de 2021, y ahora que será en 2022 quince minutos antes de que venzan u$s 18.000 millones. ¿Con qué cara se le puede pedir a los argentinos que vendan sus dólares, a los empresarias que inviertan o a los desocupados que esperen? La forma, el estilo y la profundidad con la que se negocia -o mejor dicho, se “antinegocia”- con el FMI son toda una metáfora de porqué la economía argentina está como está.

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Walter Graziano y Asociados

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