Gobierno llama al campo hoy: ofrecería suprimir las retenciones móviles
Promete techo a la suba y habilita, en consecuencia, el mercado a término de los granos. Muestra de buena voluntad contra el violento mensaje de Puerto Madero.
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Guillermo Moreno y Martín Lousteau
Para los productores medianos y chicos, entre quienes se discuten liderazgos locales, como el que ejerce el ascendente Alfredo de Angeli, el gobierno tiene previsto profundizar los mecanismos de subsidio de fletes y combustibles y, en alguna franja, hasta devolver las retenciones cobradas. Este punto es difícil de digerir por los productores, pero el gobierno tiene contra ellos una amenaza seria: casi la mitad no están registrados en la AFIP y si se inscriben podrían acceder a los beneficios.
Para estos ruralistas chicos el gobierno piensa ofrecerles habilitar registros administrativos como productores para pagarse con esos listados los subsidios. En una segunda etapa esos listados serían cruzados con la AFIP y se les ofrecerá una moratoria para ingresar al sistema.
La coreografía de las charlas que arrancan hoy entre los dirigentes y Alberto Fernández será clave para enjuagar las responsabilidades. El que cobrará seguro es Martín Lousteau, a quien el gobierno responsabilizará -como no puede ya defender- de todas las macanas hechas desde el sector oficial. En sus charlas de Puerto Madero con funcionarios y hasta algún gobernador que pasó por su departamento, el jefe de gabinete ha ensayado el sketch más convincente para echarle las culpas al «bombón keynesiano». Abre los brazos y se lamenta que cuando el ex ministro le trajo la minuta con las retenciones móviles hizo una reunión con todos los funcionarios y les preguntó si la medida estaba consultada. También los interrogó si habían previsto los efectos y reacciones que podían tener en el sector y en el público. Todos, se lamenta hoy este Fernández, le aseguraron que no habría ningún problema y que se podían tomar las medidas sin riesgo alguno.
En el (mal) trato a Lousteau no habrá mucha misericordia: el ex ministro dio el portazo sin avisar y trató de darle a la salida un tono de mayor grandeza que el que tuvo en su desteñido desempeño. Sólo un Gustavo Béliz había hecho algo así en un gobierno que aprecia más la verticalidad y en donde no son frecuentes estos gestos. La represalia será cargarle a Lousteau con toda la responsabilidad de la medida que desató la crisis a lo que el ex funcionario responderá con el argumento de que a él le pidieron más fondos y él los buscó en donde estaban.
La decisión del gobierno de bajarse de las retenciones móviles surge de la amenaza de que se reflote el conflicto y va de la mano de la otra pinza, la creciente agresividad discursiva de los Kirchner, un ingrediente que según la experiencia de este gobierno sólo vaticina la proximidad de un acuerdo. Pero lo que más gravitó fue la lectura del comportamiento de los mercados y los observadores externos hasta el viernes pasado, que describieron un panorama asolador que rozó hasta la hipótesis de crisis institucional.
En esas charlas privadas, los funcionarios del gobierno admiten que la rispidez de los discursos del gobierno, que aparece aislado y peleando contra todos evoca otras crisis anteriores, aunque en contexto de deterioro económico más grave. Que en las próximas horas el gobierno aparezca negociando una solución superadora del conflicto ayudará, entienden, a disipar esa mirada tremendista que llega del exterior y que redobla las consecuencias del conflicto, que deben atribuirse no sólo a los dirigentes que se quejan de las medidas sino también al gobierno que las enfrentó con ineficiencia. Además de la caída del crédito y de los bonos, el gobierno tiene que reparar daños como éste: durante el paro hubo más de 30 mil camiones que no llegaron en tiempo a destino, lo cual aisló al país de clientes en el mundo y que lo pensarán dos veces cuando renueven los contratos de compra. Hay sectores como el aceite que dejaron sin provisión a más de quince plantas de distintos países que tuvieron demorada su producción. Las dudas de países como el Brasil respecto de las importaciones de maíz argentino o la pérdida del mercado de exportación de carne cocinada (la termoprocesada) pesan en ese pasivo que intentará remontar el gobierno y que le costará algo más que sentar a los ruralistas en una mesa.




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