Habló Miceli ante empresarios (hasta respondió preguntas)
No era día de inundación, pero se anegó el Alvear por una masa de empresarios convocados por el Consejo Interamericano de Comercio y Producción que desbordaron la planta baja para acercarse, tocarla y, sobre todo, escuchar a la ministra de Economía, Felisa Miceli, en una de sus escasas apariciones públicas. No resultaba casual que el productor de la presentación fuera un empresario que, en otros tiempos, se dedicó al teatro (regenteaba el Liceo con las innumerables temporadas de Enrique Pinti): Julio Werthein. Fue él quien logró arrancar a la funcionaria del Palacio de Hacienda, tarea nada sencilla, pues algunos entienden que la empresa resultó parecida a contratar una diva de la ópera. Primero porque la dama sólo asistiría para compartir el primer plato, nada más, y por obligaciones luego partiría dejando apenas un mensaje. Sin embargo, hubo deliberaciones, Werthein insistió y, una vez en el hotel, la ministra se comió el rolls de salmón, el lomo de ternera, también una tortita de chocolate, hizo un brindis con champagne y, por si fuera poco, leyó un discurso y hasta respondió preguntas del auditorio (lo que constituía una afrenta al temeroso equipo de asesores que se asustaba por algún posible desliz de la funcionaria).
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Demasiada prevención desde el oficialismo frente a una audiencia mansa que hasta aplaudió una alocución sin novedades, exigua de números -poco respetuosa para tantos empresarios- y con tan poca información que bien pudo haber sido publicada el año pasado. Casi una propaganda sobre el superávit -aunque jamás explican cómo lo han logrado-, el desendeudamiento y los horrores de la década de los '90 al tiempo que llegan al orgasmo porque alcanzan, en algunos ítems, los récords de esa década. Podría haber interesado, en cambio, el núcleo de preguntas que hicieron los asistentes, aunque ninguna atacaba con el bolsillo a una señora que respondía con el corazón.
Interrogaron a la Miceli sobre el reclamo por los subsidios europeos y, al mismo tiempo, la contradicción de suspender las exportaciones de carnes. Dijo que no tenía nada que ver y que, en todo caso, la veda a la venta de carne al exterior era una medida de excepción (luego, al tratar de explicar el mercado mundial de carnes, no fue demasiado feliz). Advirtió que este año el país llegaría a 45 mil millones de dólares en exportaciones y se supone que no entendió bien una pregunta sobre fideicomisos, pero le permitió hacer publicidad afirmando que sólo a los productivos (y no a los financieros) se los podía premiar.
Comentó que saldrá de nuevo a los mercados con bonos, que seguirán renegociando con el Club de París y no satisfizo las inquietudes sobre el disgustode las nuevas medidas laborales que pesan sobre el empresariado. Tal vez, con intercambios como el de ayer en el Alvear, luego pueda entender sobre tercerizaciones, riesgos de trabajo, encuadramientos, etc. Después cerró con un halago a su propia política de precios, al menos a lo que representa como mecanismo para frenar expectativas.
Sonrió al final, hizo un brindis largo, más bien pareció satisfacción y remanso por haber atravesado lo que ella creía era un examen y, en verdad, era un simple almuerzo con una mayoría de hombres que jamás había pensado en agredirla.
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