Nueva estrategia: la Fed será más tolerante con la inflación. ¿Qué significa?

Economía

La economía podrá operar a ocupación plena sin que la política monetaria dispare una suba de tasas, siempre y cuando no se produzcan aumentos no deseados de la inflación.

La Fed cambió su estrategia de política monetaria. Se trata de la primera revisión sistemática desde 2012 cuando, con Ben Bernanke al timón, la entidad adoptó el régimen de metas de inflación. Y fijó un objetivo anual de 2% en el largo plazo. Consideró entonces que tal estrategia –ya utilizada por muchos bancos centrales en el mundo e informalmente también por la propia FED– era la mejor para cumplir con su doble mandato de promover el pleno empleo y la estabilidad de precios. ¿Y qué se modifica ocho años después? Conforme la decisión unánime del Comité de Operaciones de Mercado Abierto, la institución tendrá mayor plasticidad para responder a los cambios en la inflación, el mercado de trabajo y la actividad económica. ¿Qué significa en concreto? Primero conviene destacar lo que se mantiene inalterable: el esquema de metas de inflación y su blanco de 2% en el largo plazo. No hay novedades allí.

Sin embargo, la nueva estrategia procurará que la inflación promedie 2% en el tiempo. ¿En qué intervalo? ¿Quizás, a lo largo del ciclo? No se informó. ¿El cambio es una sutileza? Sí, pero muy relevante. Ocurre que la Fed no consiguió nunca cumplir con su meta de 2% (salvo un lapso fugaz en 2018). Desde 2012 siempre falló por defecto. Una y otra vez la inflación efectiva se quedó corta. La visión aggiornada prescribe que después de largos períodos de inflación por debajo de 2%, la política monetaria apropiada debe apuntar, por algún tiempo, a una inflación moderadamente superior a 2%. ¿Qué quiere decir? ¿Pretende la Fed una inflación más elevada? No. Aspira como antes a que en el largo plazo se ubique en 2%. Buscará, eso sí, promediar la inflación, tomando en cuenta defectos y excesos en torno a la meta sin ignorarlos como en la actualidad, porque así será más factible dar en el blanco. Otra diferencia del esquema a estrenar: el pleno empleo se define como un objetivo inclusivo y amplio que pondera los beneficios de un mercado de trabajo robusto, “sobre todo para las comunidades de ingresos bajos o moderados”. ¿Cambió el banco central hacia una mayor preocupación social? Con Janet Yellen, quien condujo las riendas entre 2014 y 2018, adquirió esa sensibilidad. Pero lo que mudó fue la economía. La Curva de Phillips –la relación empírica entre desempleo e inflación– se aplanó. Y permite más grados de libertad: la Fed prestará atención a las deficiencias del mercado laboral y no sólo a los desvíos con respecto al pleno empleo. En otras palabras, la economía podrá operar a ocupación plena sin que la política monetaria dispare una suba de tasas de interés, siempre y cuando no se produzcan aumentos no deseados de la inflación.

La Fed se adapta a los tiempos. La institución que presidió Paul Volcker, entre 1979 y 1987, debió apagar el incendio de una inflación de dos dígitos, descontrolada, y en alza. Apeló al garrote de los rígidos agregados monetarios sin contemplaciones. Pero domó a la bestia. Entre 1987 y 2006, Alan Greenspan completó la faena de la estabilización exitosa. Aplicó una política monetaria pasiva pero preventiva, que prefería entrar rápido en escena antes que correr de atrás males mayores. Powell habita otro mundo donde los shocks son deflacionarios. La inflación es un desaparecido en acción dentro y fuera de los EE.UU. La política monetaria convencional se relajó todo lo posible, hasta el límite de la tasa cero. Su estímulo procede por vías no tradicionales. Es buen momento para impulsar una mayor tolerancia con los umbrales superiores críticos de empleo e inflación. No se los exigirá de inmediato. En la era de la pandemia, la economía está en las antípodas (a pesar del shock de oferta). En paralelo, quienes temían la resurrección de la inflación con más “razón” deberían temerla ahora. La Fed confía en que no se le escapará la tortuga, y la alienta a salir de su caparazón. Una suba de la inflación y de las expectativas inflacionarias, y de la actividad y el empleo, es bienvenida y no habrá represalias: la expansión monetaria permanecerá. ¿Nos espera un error de cálculo? ¿Y una transición convulsa como la de la década del 70, cuando entre el derrumbe de Bretton Woods y el primer shock petrolero, la Fed de Arthur Burns (de 1970 a 1978) perdió la brújula de la estabilidad? Estamos en Terra Incógnita. Nada es imposible. De ahí que vale recordar el debut de Powell en 2018. Tuvo que remontar una marea creciente y no le tembló el pulso. Gatilló cuatro aumentos de tasa a mansalva. Dos estuvieron de más. Volverá a hacerlo si debe. ¿Por qué no?

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