18 de marzo 2005 - 00:00

Insólito Moyano: quiere aumentos y boicot a la vez

Todavía no llegó al año de ejercicio en su condición de triunviro de la CGT unificada y Hugo Moyano está a punto de convencer a los demás sindicalistas que lo llevaron a esa condición de que fue un error haberlo promovido. La base de ese error está cada día más clara: es imposible pedirle una estrategia de representación del movimiento obrero a un dirigente que recibe del gobierno una importante cantidad de dinero para que sea distribuida en forma de subsidios en la industria del transporte de cargas y en el propio sindicato de Camioneros, en concepto de capacitación. Este condicionamientoa través del dineroimpuso una frase-broma en la sede de Azopardo 802: «Al 'Negro' lo manejan con la Banelco». Citan a Moyano, claro, quien denunció al entonces ministro de Trabajo Alberto Flamarique por haber usado esa frase pero refiriéndose, se presume, a los senadores. Más allá de estas ocurrencias, el dirigente camionero se va transformando día a día en una especie de Luis D'Elía, el dirigente piquetero, plagado de contradicciones.

El último episodio que amplió la distancia entre Moyano y el resto de los dirigentes de la CGT se verificó ayer. En el salón Felipe Vallese, y en compañía de José Luis Lingieri y Susana Rueda, el camionero reivindicó «la decidida actitud del Presidente (Kirchner) frente a las empresas» que aumentan los precios y descalificó las posturas de «los sectores que temen que se espanten los inversores» al sostener que «el mensaje oficial es claro y los grupos económicos no pueden hacer lo que quieren». «El mensaje del Presidente es claro y apunta a concientizar respecto de que el país ha cambiado y los empresarios no pueden ya hacer lo que quieren, por lo que aquellos que inviertan deben cumplir con la normativa argentina», aseguró el camionero. Agregó que desde la CGT y otros sectores «se apoyará la firmeza y el deseo del Presidente de no permitir que esos grupos que manejaron la economía continúen haciendo lo que quieren» y señaló que la Argentina «se está normalizando y no tiene un gobierno títere ni se doblega ante los intereses financieros».

Es curiosa la actitud de Moyano: por un lado se pliega al boicot que convocó la Casa Rosada para que no se consuman productos que aumentaron de precio. Sobre todo combustibles de Shell. Por otro, presionó en el Congreso para que se apruebe un aumento en la tasa del impuesto vial que rige sobre el gasoil, de 18,5% a 20,2%. Este incremento está destinado a capacitación y al control médico de los transportistas.

• Aplauso

Este último será prestado, sin concurso previo, por la obra social de los camioneros. La capacitación se extenderá a todas las empresas del sector pero aquellas que por incumplimiento de requisitos formales no lleguen a empadronarse a tiempo permitirán que el monto equivalente a su subsidio vaya a alimentar un «pozo» administrado por la Cámara del Transporte, donde también gravita Moyano. Moyano aplaudió este incremento impositivo, por el que había presionado ferozmente. Por eso resulta raro que se indigne tanto con el aumento de precios que, en alguna medida, él mismo provoca.

Sin embargo, los demás dirigentes de la CGT se preguntan si Moyano decretará un boicot contra las empresas de camiones que dan trabajo a sus afiliados cuando éstas aumenten los precios. O si hará una convocatoria a no viajar en colectivo cuando el boleto sea ajustado. Sin ir más lejos, el martes que viene frente al Congreso habrá una manifestación de empleados de estaciones de servicio y propietarios de pymes vinculadas al sector, que se quejarán por un boicot que hace peligrar sus fuentes de trabajo.

¿Qué hará el secretario general de la CGT? ¿Los apoyará o los denunciará?

Quien indague sobre el financiamiento y el monto del impuesto destinado a subsidiar al gremio de camioneros podrá advertir las razones del encendido homenaje que le rindió

Moyano al Presidente ayer, durante un acto en el que los gremialistas invitaron a Patricia Vaca Narvaja, la subsecretaria de Defensa del Consumidor. Roberto Lavagna ya lo hizo y no tuvo palabras de elogio: cualquiera que hable con Miguel Pichetto puede enterarse, sin mucho esfuerzo, de las reflexiones del ministro sobre cómo van (y, sobre todo, cómo vuelven) los subsidios en el área de Julio De Vido. Claro, después vienen las respuestas de De Vido y así sigue la guerra.

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