Un total de 46 bancos menores y cooperativas regionales japonesas se declararon en bancarrota este año tras la fuga de capital provocada por la abolición de una ley que protege la totalidad de los depósitos en las entidades en quiebra, se informó hoy.
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Según la Agencia de Servicios Financieros (FSA en inglés), organismo que supervisa la banca, cuatro entidades desistieron de sus planes de reestructuración hoy, en las que se prevén serán las últimas quiebras de este año entre los bancos regionales y las cooperativas de crédito.
El organismo oficial informó además que designará administradores para los bancos Nagashima Shinkin y el Saeki Shinkin, además de las cooperativas Ueda Shoko Credit y Ryochiku Credit Union.
El máximo pasivo correspondió al Saeki Shinkin, situado en Oita, al sur del país, que deja 2.390 millones de yenes (18,3 millones de dólares) en deudas.
Otras entidades locales asumirán las operaciones de las entidades que han quebrado y protegerán la totalidad de sus depósitos, dijeron las fuentes que añadieron a las causas de las quiebras el incremento de la liquidación de créditos fallidos de sus clientes y la devaluación de activos.
Desde la década pasada la gran banca japonesa se ha reagrupado en grandes conglomerados que luchan por eliminar una montaña de créditos irrecuperables acumulados desde la llamada época de la "burbuja económica" de la década de los ochenta.
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