Ayer culminó la visita del N° 1 Horst Köhler con definiciones importantes de lo que será el nuevo acuerdo con la Argentina. El Fondo insiste en un programa a 3 años, pese a los pedidos de Roberto Lavagna de un stand-by por igual período. Fue el propio Néstor Kirchner quien se comprometió a avanzar en ese plazo en la cena mantenida en la residencia de Olivos. El funcionario del FMI recalcó, además, al gobierno la necesidad de respetar los derechos de los acreedores. Incluye aquí a los retrocesos ocasionados por la "ley Clarín" y la suspensión de ejecuciones hipotecarias. Será clave el viaje que Kirchner realice por Europa dentro de tres semanas.
«La próxima vez que nos encontremos quiero mirarlo a los ojos y no tener que hablar más del tema. Yo tengo coraje y creo que todos los que están aquí lo saben. Quiero que hagamos un acuerdo, que sea un acuerdo amplio, por tres años, y que cuando nos volvamos a ver no tengamos que hablar más del tema. Me tienen que ayudar a fijar un punto de equilibrio, en el que podamos pagar y tengamos un programa socialmente sustentable.» Estas palabras fueron las más relevantes de todas las que escuchó Horst Köhler de labios de Néstor Kirchner. El Presidente las pronunció el lunes por la noche, durante la comida que compartió con el titular del Fondo Monetario Internacional en la residencia de Olivos y fueron el corazón del discurso ante el alemán.
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Claro, alrededor de esa declaración hubo matices de distinto tipo. Por un lado, un comienzo áspero, como suelen ser los de Kirchner: «Ustedes pasearon en andas a Carlos Menem por el mundo, toleraron un endeudamiento insoportable y ahora quieren que yo pague la factura». También alguna ingenuidad, como mencionar una cifra con la cual se podría satisfacer a los acreedores: 2.500 millones de dólares, lo que con la dimensión actual de la economía y con la actual cotización del dólar equivale a 2,25% del PBI. Una novedad de la charla fue que el Presidente no mencionó la palabra «quita», lo que supondría una estrategia negociadora más audaz.
Si se recuerda el comportamiento de Kirchner en sus negociaciones con el poder central, cuando viajaba a Buenos Aires como gobernador de Santa Cruz, la del lunes por la noche fue una exhibición clásica del temperamento presidencial: golpeó primero la mesa, ganó de mano en el reproche y finalmente dejó en claro su vocación por acordar como el mejor alumno. Fue gracias a este temperamento que se hizo amigo de Domingo Cavallo, a quien acompañó hasta una hora antes de la caída final. «Usted podría haber deseado una reunión con menos dureza que ésta pero dentro de un tiempo va a agradecerme que haya sido claro, y hasta duro, porque es la forma de que los compromisos se cumplan», insistió el Presidente.
•Planteo
Köhler había también comenzado la charla con un planteo que, para gente como Kirchner, puede sonar a provocación: «Presidente, usted debe ser valiente», aconsejó, provocando aquella declaración del dueño de casa sobre el propio coraje. Después, cuando comenzó a hablarse de un acuerdo de largo plazo, mencionó las cuestiones en las cuales la Argentina debe normalizarse. Con especial énfasis en «los derechos de los acreedores». Durante la comida se mencionaron, sin demasiado detalle, las iniciativas legislativas que deben llevarse a cabo para que se satisfaga esa condición general: la reposición del «cram down» en la Ley de Quiebras según la versión original, la derogación de la ley sobre «Bienes Culturales», la compensación a los bancos por la pesificación asimétrica, el desbloqueo de las ejecuciones hipotecarias, la negociación con los acreedores externos y la recomposición de tarifas para las empresas de servicios públicos.
Los demás temas de discusión, desde la ley de coparticipación hasta la magnitud del superávit primario, quedaron para la negociación técnica, en la que cada parte peleará por incluir (el FMI) o evitar (el gobierno) cuestiones. En cambio el funcionario del Fondo puso de manifiesto su preocupación porque la ansiedad electoral del gobierno termine desfigurando la política fiscal desde ahora hasta diciembre. También la situación de la banca pública desvela al alemán y lo dijo: «Hay que fijar límites para el financiamiento del Estado en todos sus niveles».
•Silencio
La voz cantante de la reunión la llevaron Kirchner y Köhler. Era una ocasión casi social, de la que participaron la esposa del Presidente, la senadora Cristina Fernández de Kirchner, y los ministros Alberto Fernández, Rafael Bielsa y Roberto Lavagna con sus respectivas esposas. A los argentinos les llamó la atención el silencio que mantuvieron los dos colaboradores que acompañaban a Köhler, además de su mujer. Anoop Singh y John Dodsworth no abrieron la boca durante casi toda la cena.
Ayer, por la mañana, el titular del Fondo desayunó en el Banco Central. Se explayó sobre la buena impresión que le causó Kirchner: «Vi a un hombre con una visión muy clara, dispuesto a hacer las cosas que hay que hacer», le dijo a Alfonso Prat-Gay, con quien tiene trato frecuente fuera del país, y al resto de los directores de la entidad. Iguales comentarios hizo por la tarde, cuando se entrevistó con las autoridades del Congreso.
En cuanto a Kirchner, definió finalmente a qué aspira en relación con las tratativas con el Fondo. Fue más allá de lo que, con más prudencia, sugería Lavagna, a quien en los últimos días se lo notó más cómodo con un acuerdo de corto plazo que derive en un «roll over» de los compromisos que vencen este año. Lo sugirió el propio ministro cuando, ausentes ya las visitas, hizo una evaluación de la comida el lunes por la noche, subrayando las dificultades de apostar tan fuerte como había hecho Kirchner. Claro, a todos los presentes pero sobre todo a los extranjeros les quedó la sensación de que el juego había cambiado respecto de la gestión Duhalde y que, a partir de ahora, el titular de la negociación sería el Presidente.
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