Brasilia (especial) - En medio de la mayor crisis política desde que asumió la presidencia, Lula Da Silva, recibirá el próximo domingo la visita del director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Horst Köhler. Así el gobierno brasileño podrá «tener la foto» de apoyo del FMI, y desviar el foco de atención de la política a la economía.
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Para distraer la atención del escándalo de corrupción «Waldogate», el gobierno de Lula anunció ayer que extenderá el subsidio «Bolsa Familia» a más de 900.000 familias y presentó una «agenda positiva» para la economía. Pero funcionarios del Ejecutivo reconocieron que puede haber manipulación en la adjudicación de los beneficios, sobre todo, en medio de la contienda electoral de los municipios.
En relación con los anuncios el gobierno dijo que extenderá el beneficio del plan Bolsa Familia a más de 900.000 familias (unos 4,5 millones de personas) antes de mediados de año. Se trata de un subsidio de 50 reales (17 dólares) por familia, de modo que insumirá 491 millones de reales. El año pasado 3,6 millones de familias fueron incluidas en el plan que en realidad unifica cuatro programas (Bolsa Escuela, Bolsa Alimenticia, Auxilio Gas y Tarjeta Alimentos). Sin embargo, desde el gobierno advirtieron que los criterios de adjudicación del beneficio generan un espacio para el uso político del programa durante las elecciones municipales.
El propio ministro de Desarrollo Social, Patrus Ananias, admitió que pueden haber manipulaciones porque hay 30% de los padrones municipales con problemas.
El programa otorga ayuda a las familias a condición de que aseguren la asistencia de los niños a clase entre otros compromisos. La iniciativa tendrá este año un costo total de 5.600 millones de reales (1.930 millones de dólares).
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