20 de enero 2005 - 00:00

La deuda y las tarifas serán únicos temas hoy con Chirac

El presidente Néstor Kirchner y el gobernador Felipe Solá, por las calles de París en el primer día de la gira.
El presidente Néstor Kirchner y el gobernador Felipe Solá, por las calles de París en el primer día de la gira.
París está lluviosa y fría. El viaje a Alemania, que iba a realizar Néstor Kirchner, no se pudo concretar por el muro de la deuda, que separa a Buenos Aires de Berlín. Es cierto que existía el compromiso protocolar de asistir a un simposio organizado por el Quai d'Orsay y el Banco Interamericano de Desarrollo. Pero aun así, en el gobierno de Jacques Chirac no entienden bien el motivo de la visita de Kirchner a Francia. O, al menos, a sus principales funcionarios no les resulta evidente qué pretende llevarse de ella, cuál es su objetivo. Sólo una gestión de emergencia de Julio De Vido pudo evitar ayer que el Grupo Suez, controlante de Aguas Argentinas, no anuncie, con un guiño de la administración francesa, su retiro del país en medio del viaje presidencial. Tan mal están las cosas.

Hoy Kirchner se verá con Chirac, al cabo de casi un año y medio de su primer encuentro, el 16 de julio de 2003. La relación entre ambos no se modificó desde aquella oportunidad, razón por la cual hay que pensar que empeoró. A tal punto que las dos cuestiones que se hablarán hoy en el Elíseo son la negociación de la deuda pública y las garantías que ofrece la Argentina a las inversiones extranjeras. Esto último significa, para los franceses, cuándo se ajustarán los ingresos de las compañías de servicios públicos, afectados por la pesificación asimétrica.

Chirac sí parece saber qué quiere del encuentro. Indagará a Kirchner sobre la reestructuración de la deuda pública, en pleno proceso de transacción. Encontrará a un colega afilado, enterado de este trance al detalle y que suele decir a sus amigos: «De la política se entra y se sale pero si no resolvemos este conflicto con los bonistas estaremos jugando buena parte de nuestro mandato». ¿Habrá entonces una mejora de la oferta en el momento oportuno? Sería candoroso esperar que alguien adelante ese dato, que se convertiría en una especie de gol en contra para el gobierno.

Chirach alentará que se realice un acuerdo. No por ser hijo de banqueros. Lo pondrá en términos generales, hablando de la inserción de la Argentina en el mundo global. Hasta puede insinuar un elogio del multilateralismo, arista en la que puede convivir con Kirchner a pesar de estar los dos en colores distintos del tablero: no sólo porque el argentino se inclina hacia un brumoso centroizquierda, sino también porque el francés es antinorteamericano.

• Curiosidad

En Francia no hay muchos bonistas defraudados, por lo que Chirac sobrevolará el tema, expresando más curiosidad que preocupación. Será distinto cuando la conversación se deslice hacia otra materia: cuál es el índice de aceptabilidad a partir del cual el Fondo Monetario Internacional admitirá un «acuerdo». A Roberto Lavagna le interesa que ese umbral sea fijado en alrededor de 75%, pero en la reunión de hoy nadie será tan explícito.

La deuda llevará al otro macrotema de la reunión: el de la relación entre el Estado y las empresas de servicios públicos. El presidente de Francia será explícito en este punto, ya antiguo. Preguntará por la demora en la renegociación de los contratos y hará mención a las multas que, una semana antes de visitarlo, Kirchner dispuso aplicar a Aguas Argentinas (Grupo Suez) y a Edenor (Electricité de France, estatal).

Kirchner llevará a la cita, estudiados de memoria, los datos que consigna un informe de la Auditoría General de la Nación en el que se comparan las rentabilidades entre las empresas radicadas en la Argentina y otras similares que explotan servicios en otros países. Inclusive en Francia. Y, tal vez, llegue al extremo de recordar que por aprobar un acuerdo provisorio con Aguas Argentinas tanto Julio De Vido como Lavagna fueron imputados penalmente por diputados de la oposición (ARI).

• Incógnita

Para Chirac serán detalles. La incógnita que a él le interesa despejar es otra: si existe un programa secreto del gobierno para, a través de presiones regulatorias, ahuyentar a los inversores extranjeros para sustituirlos por otros locales. O por extranjeros de otro origen. Kirchner piensa decirle lo mismo que Alberto Fernández le explicó a José Luis Rodríguez Zapatero en Madrid, hace un mes: «Queremos que sigan los mismos que explotan hoy los servicios».

De Vido se encargó ayer de desactivar una de las bombas de tiempo que aguardaban al Presidente en París. Junto con personal de la Unidad de Renegociación (UNIREN) se entrevistó con las autoridades del Grupo Suez, titular de Aguas, para comprometer una rápida formulación de un nuevo contrato. Hasta ordenó que los técnicos permanezcan más tiempo en Francia para volver con el trabajo avanzado. Evitó así que fracasara el viaje presidencial con el anuncio de una «desinversión»: los franceses de «Aguas» estuvieron a punto de saludar a Kirchner con la notificación de su retiro de la Argentina, eventualidad que dejaron trascender a través de «Le Figaro». Hubiera sido insólito para un viaje que se propone atraer nuevas inversiones. De Vido hizo gestos de reconciliación, aun cuando le advirtieron que la compañía no pagaría las multas que le aplicaron si no es como parte de una reformulación completa de la concesión.

Liberadas estas piedras del camino, Kirchner dará seguridades a Chirac sobre la inexistencia de segundas intenciones por parte de su gobierno. A la diplomacia francesa le cuesta confiar en ese criterio. Por eso hoy a Kirchner le resultará difícil arrancarle a su anfitrión un respaldo abierto en el Fondo para la posición argentina. Sobre todo porque Francia fue, en junio pasado, el país decisivo para que la Argentina no aprobara el examen al que fueron sometidas las metas comprometidas.

Desde entonces Lavagna fue excluido de las negociaciones, por lo que el país debió comenzar a hacer pagos netos al organismo. Una norma no escrita, establecida en febrero de 2003, determina que los miembros del G-7 tienen poder de veto en el tratamiento de casos como el argentino. Es decir, basta que uno no apruebe para que el visto bueno se postergue. Por eso es tan importante la difícil gestión de hoy.

Dejá tu comentario

Te puede interesar