La deuda y las tarifas serán únicos temas hoy con Chirac
-
El 57% de los argentinos ya usa IA en el trabajo, mientras crece el temor al reemplazo laboral
-
Prevén menos crecimiento para la Argentina por el impacto global de la guerra en Medio Oriente
El presidente Néstor Kirchner y el gobernador Felipe Solá, por las calles de París en el primer día de la gira.
La deuda llevará al otro macrotema de la reunión: el de la relación entre el Estado y las empresas de servicios públicos. El presidente de Francia será explícito en este punto, ya antiguo. Preguntará por la demora en la renegociación de los contratos y hará mención a las multas que, una semana antes de visitarlo, Kirchner dispuso aplicar a Aguas Argentinas (Grupo Suez) y a Edenor (Electricité de France, estatal).
Kirchner llevará a la cita, estudiados de memoria, los datos que consigna un informe de la Auditoría General de la Nación en el que se comparan las rentabilidades entre las empresas radicadas en la Argentina y otras similares que explotan servicios en otros países. Inclusive en Francia. Y, tal vez, llegue al extremo de recordar que por aprobar un acuerdo provisorio con Aguas Argentinas tanto Julio De Vido como Lavagna fueron imputados penalmente por diputados de la oposición (ARI).
• Incógnita
Para Chirac serán detalles. La incógnita que a él le interesa despejar es otra: si existe un programa secreto del gobierno para, a través de presiones regulatorias, ahuyentar a los inversores extranjeros para sustituirlos por otros locales. O por extranjeros de otro origen. Kirchner piensa decirle lo mismo que Alberto Fernández le explicó a José Luis Rodríguez Zapatero en Madrid, hace un mes: «Queremos que sigan los mismos que explotan hoy los servicios».
De Vido se encargó ayer de desactivar una de las bombas de tiempo que aguardaban al Presidente en París. Junto con personal de la Unidad de Renegociación (UNIREN) se entrevistó con las autoridades del Grupo Suez, titular de Aguas, para comprometer una rápida formulación de un nuevo contrato. Hasta ordenó que los técnicos permanezcan más tiempo en Francia para volver con el trabajo avanzado. Evitó así que fracasara el viaje presidencial con el anuncio de una «desinversión»: los franceses de «Aguas» estuvieron a punto de saludar a Kirchner con la notificación de su retiro de la Argentina, eventualidad que dejaron trascender a través de «Le Figaro». Hubiera sido insólito para un viaje que se propone atraer nuevas inversiones. De Vido hizo gestos de reconciliación, aun cuando le advirtieron que la compañía no pagaría las multas que le aplicaron si no es como parte de una reformulación completa de la concesión.
Liberadas estas piedras del camino, Kirchner dará seguridades a Chirac sobre la inexistencia de segundas intenciones por parte de su gobierno. A la diplomacia francesa le cuesta confiar en ese criterio. Por eso hoy a Kirchner le resultará difícil arrancarle a su anfitrión un respaldo abierto en el Fondo para la posición argentina. Sobre todo porque Francia fue, en junio pasado, el país decisivo para que la Argentina no aprobara el examen al que fueron sometidas las metas comprometidas.
Desde entonces Lavagna fue excluido de las negociaciones, por lo que el país debió comenzar a hacer pagos netos al organismo. Una norma no escrita, establecida en febrero de 2003, determina que los miembros del G-7 tienen poder de veto en el tratamiento de casos como el argentino. Es decir, basta que uno no apruebe para que el visto bueno se postergue. Por eso es tan importante la difícil gestión de hoy.




Dejá tu comentario