Mientras algunos hablaron sobre datos contrastantes de la economía, lo cierto es que fueron positivos. Si bien no en la medida suficiente para mostrar una recuperación del empleo, los números de la desocupación estuvieron por debajo de lo que estimaban los analistas. Qué decir entonces del índice de indicadores de liderazgo que, creciendo por segundo mes consecutivo, indica que la economía norteamericana ya está en crecimiento. Incluso, el último de los datos revelados, un déficit comercial récord que alcanza casi 5% del PBI muestra que a pesar de las malas connotaciones que esto puede tener, hay una fuerte presión sobre los productos importados. ¿Entonces por qué el Dow cayó por segunda rueda consecutiva cerrando en 9.175,53 puntos, y por qué el S&P quedó debajo de la casi mítica línea de los 1.000 puntos? Es claro que con "este crecimiento" no alcanza. Ayer, muchos de los que se especializan en "vender mercado" hablaron de un día de toma de ganancias. Esto no invalida el cúmulo de problemas que tiene la economía. Para que las acciones suban, debe haber gente dispuesta a comprar a precios crecientes. Si hay crédito, aun cuando no aumente el número de interesados, los que sí están interesados pueden presionar un poco más. Aquí es donde entra en juego lo que se ve como un inminente recorte de las tasas de la Fed. Si bien son claros los efectos negativos de no hacerlo cuando el mercado financiero apostó tanto a ello, la duda es qué pasará si la entidad no logra su propósito estimulante, ya que tras este recorte se queda casi sin cartuchos. Con el número de quiebras personales rompiendo todos los récords del pasado y cerca de 5% de todos los tenedores de tarjetas de crédito en default, es claro por qué hay tanto consumo y tan poca propensión a invertir en acciones.
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