La herencia maldita

Economía

Era seguro que un segundo mandato kirchnerista insistiríacon el mismo modelo económico de acumulación de poder. Estaba cantado -y se alertó- que incrementarían la ya elevada presión tributaria para compensar el alarmante crecimiento del gasto que provocaron los subsidios dirigidos a aceitar la campaña electoral y sostener los precios regulados y la situación energética. Pero las condiciones del primer mandato, que consagró aquel modelo, eran muy diferentes. La terrible depresión había dejado una enorme capacidad ociosa que permitía crecer sin inversiones, las industrias ineficientes gozaban de la ventaja artificial que proveía el muy elevado tipo de cambio que había dejado la megadevaluación de 2002, la inflación no había afectado los costos de los factores ni los precios de los productos, y el penoso nivel de desempleo había docilizado al sindicalismo. La parálisis había provocado una voraz demanda de dinero por parte del público, lo que llevó a la gente a absorber sin fatiga la formidable expansión monetaria que requería sostener el dólar alto. A ello se sumaba un contexto internacional extraordinariamente favorable, con abundante liquidez -capitales baratos, ávidos de los retornos diferenciales propios de los mercados emergentes-y términos de intercambio sin precedentes, caracterizados por precios internacionales de nuestros exportables en alza y relativamente bajos de nuestras importaciones. Pero todas esas circunstancias eran excepcionales y disimulaban graves inconsistencias internas al modelo. Inflación en ascenso, distorsiones crecientes de precios relativos, crisis energética indisimulable, inversión insuficiente, precaria situación fiscal, perverso esquema cambiariomonetario, y fatal dependencia de precios internacionales, constituían los focos de pus escondidos bajo la piel de un sistema sólo en apariencia saludable. Y que más tarde o más temprano harían erupción.

  • Todo cambió

  • Mientras las incongruencias se mantuvieran latentes era el momento para enderezar la ruta, para corregir sin costo los desvíos. De lo contrario -se alertó- quien ganara las elecciones presidenciales en 2007 heredaría un cáliz envenenado. Hoy, aquellas extraordinarias circunstancias del primer mandato familiar ya no están.
  • La capacidad de producción de la mayoría de las industrias se encuentra prácticamente saturada, lo que hace indispensable invertir para aumentar la capacidad de producción; el tipo de cambio real se ha deteriorado merced a la inflación. La persistente alza en los costos de los factores y en los precios de bienes locales dejan en evidencia que ventaja cambiaria no es igual a productividad.
  • El alto nivel de empleo -ya en torno a un punto friccional o estructural de desocupación-ha envalentonado a los caciques sindicales y los conflictos se acrecientan.
  • El público ya no acepta cantidades crecientes de moneda, y que no se corresponden con la riqueza generada por nuestra economía. El dinero per se no es riqueza.
  • La economía no puede seguir absorbiendo nuevos shocks impositivos sin que sufra la actividad. En 2007 la recaudación trepó 33,2% mientras que el PBI nominal lo hizo 21,7%; pero el gasto saltó 47%.
  • Y las condiciones internacionales también han cambiado. La liquidez escasea y los precios de los commodities agrícolas han mostrado ya preocupantes, aunque previsibles retrocesos. El viento de cola amenaza ponerse de trompa. Lo que antes eran sólo pronósticos -y por cierto aislados-ahora son concretas amenazas que se levantan a la vista de cualquier observador.
  • La inflación pasó a aventajar las mejoras de los salarios, dañando el poder adquisitivo; cayó el ritmo de creación de empleos; la inversión reproductiva se desploma; las brechas entre precios regulados y libres crece a niveles insostenibles; la falta de energía tiende a hacerse crítica y devora los recursos fiscales; la presión impositiva de Nación, provincias y municipios se vuelve asfixiante; los subsidios proliferan; y para mantener el dólar alto -aunque sólo nominalmente- crece sin medida la oferta de dinero, acelerando más y más la inflación al chocar con una demanda ya saturada de moneda.
  • El ahorro se concentra en el corto plazo y el crédito mengua; el costo de endeudamiento es alto, pero el rendimiento de los depósitos es negativo (con estas tasas, en un año los ahorros en el banco pierden una quinta parte de su poder adquisitivo).
  • Completando el círculo fatal, en la actividad decrece el ímpetu y la recaudación también se desacelera.
  • Si con este inventario no fuera suficiente, considérese que el conflicto con el campo provocará caída de la inversión agropecuaria (precisamente el sector que más ha invertido), menos superficie sembrada, menos producción ganadera y lechera, menos crecimiento y menos recaudación. Es que los problemas que afectaban al sistema en la profundidad de sus cimientos hoy son manifiestos; están en superficie y el humor de la gente ha sufrido un vuelco. Ya no es simplemente una cuestión de fundamentos, ahora las expectativas sociales imprimen su propia dinámica a los problemas. Aprender de Brasil, envidiar a Perú. Guatepeor.

  • Calificación

    Mientras el gobierno brasileño recorta en más de u$s 14.000 MM su gasto, el nuestro se procuró u$s 9.000 MM adicionales rompiendo el régimen de estabilidad tributaria de la minería y con dos subas de retenciones agrícolas en menos de 90 días. Mientras nuestra prima de riesgo-país duplica a la de Brasil, Perú se le adelanta y obtiene el valioso grado de inversión. Nuestra deuda califica peor que la de Guatemala. Sin acceso al financiamiento voluntario y en medio de una delicada situación financiera -hay que cubrir vencimientos por más de u$s 6.000 MM-el gobierno salió a pedirle asistencia a sus rehenes -AFJP y Banco Nación-y apenas obtuvo $ 827 MM. La ola de subsidios, en tanto, se eleva imparable. Proyectando tan sólo el mismo ritmo de crecimiento que tuvieron el año pasado, el aumento en 2008 duplicaría el superávit primario corriente (sin contrarreforma previsional) obtenido el año pasado. Se gasta más en subsidios que en seguridad social. No sólo cabe desconfiar de los números del INDEC. La Secretaría de Hacienda informó en febrero un excedente primario de $ 3.180 MM. Pero si descontamos los fondos tomadosde organismos descentralizados y fideicomisos, el verdadero superávit del Tesoro es de apenas $ 200 MM. En 2007 la inversión extranjera directa fue inferior a las utilidades que giraron al exterior las compañías (a lo que hay que agregar u$s 2.754 MM pagados por intereses a las matrices). Las remesas de utilidades alcanzaron desde el año pasado niveles récord del orden de 2,4% del PBI contra 1% durante los denostados años 90. Las inversiones financieras, por su parte, cayeron u$s 948 MM en el segundo semestre y proliferan los informes de bancos internacionales recomendando desarmar posiciones en activos argentinos. Desde el comienzo de la gestión kirchnerista los argentinos fugaron u$s 23.400 MM; más de u$s 9.000 MM sólo en la segunda mitad de 2007. Ya ni el crecimiento chino queda. Luego de 47 meses consecutivos de aumento de la actividad económica, marzo habría cerrado con una caída de casi 1%. La oficialista CAME anunció que las ventas minoristas habrían bajado ese mes 4,3% interanual, mientras que las ventas de automóviles se desplomaban 18% interanual y las transacciones inmobiliarias 10%. La demanda laboral se retrajo 3,9% el mes pasado.

  • La culpa es de los demás

    Lamentablemente, y si nos atenemos a la experiencia, es previsible que la reacción oficial sea insistir en el camino: más intervención, más controles, más subsidios, más clientelismo, menos transparencia, más presión tributaria. Y redoblar la apuesta, anatemizando nuevos culpables. Por el momento, el campo aparece como el candidato cantado a ser responsabilizado por la aceleración de la inflación y el freno de la economía en los próximos meses, sumándose así a una larga lista de personalidades y sectores a los que el kirchnerismo gusta adjudicar la autoría de nuestros males cotidianos: Menem, De la Rúa, militares, Iglesia, compañías de servicios públicos, petroleras, bancos, oposición.
  • Dejá tu comentario