Se termina un mes que quedará en la memoria de los operadores de todo el mundo. Las pérdidas récord se repartieron alrededor del mundo, no se salvó nadie. Ganaron aquellos que apostaron a la baja, a través del mecanismo de venta en descubierto (short selling) o adquirieron índices Ultra Short. Pero no es el caso de los inversores de banca privada, que en su gran mayoría mantienen posiciones en acciones, bonos e índices a largo plazo. En lo que va del mes, y aún con la recuperación de los últimos días, Wall Street acumuló una pérdida en octubre de 15,4%, Madrid casi 20% y Shanghai 23%. El récord, como no podía ser de otra manera, lo tuvo la Bolsa porteña: el índice Merval presentó una caída de 39% y eso que ayer recuperó 6%.
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Cuando aún se siguen haciendo cuentas sobre las pérdidas acumuladas, apareció una luz al final del túnel. Ya descartada la posibilidad de que caigan grandes bancos, se comenzó a recomponer el mercado crediticio, con el consiguiente alivio para las tasas interbancarias en Europa y Estados Unidos. En este contexto, y recordando el viejo lema de «la codicia vence al miedo», aparecieron inversores dispuestos a aprovechar precios muy bajos. El caso emblemático se dio en los emergentes: el índice EWY de Corea (medido en dólares) subió nada menos que 22% ayer, claro que ese mercado acumulaba una caída de 75%. El EWZ brasileño también recuperó 10%, aunque sigue 60% abajo desde los máximos. Pero es evidente que hay oportunidades para los que estén dispuestos a comenzar a tomar riesgos.
También los bonos argentinos y los cupones PBI tienen valuaciones irrisorias. Comenzaron a conocerse informes de sociedades de Bolsa y desde Wall Street recomendando la compra de estos activos. Pero lo más notable es que los consideran atractivos aún en caso de devaluación.
Para medir el ánimo del público y las empresas nada mejor que seguir la evolución del canje, es decir cuánto se cobra por entrar o sacar divisas. En el peor momento de la crisis internacional, se llegó a cobrar 8% de comisión a los que querían billetes en la Argentina desde sus cuentas internacionales. Tal era la demanda en medio de la histeria. Ese costo ya bajó a 1,5%, porque casi desapareció esa demanda. Al contrario, quien entrega billetes aquí para recibirlos en el exterior era recompensado con una comisión de 4%, que en pocos días cayó a menos de 1%.
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