6 de febrero 2008 - 00:00

Lo raro es que no haya más traviesos

Londres - ¿Qué ocurre en un mercado donde ya no es posible oler el miedo o ver la codicia del otro? Lo que ocurre es Jérôme Kerviel, dicen algunos de los más expertos operadores bursátiles.

La Bolsa fue un campo de juego peligroso desde el siglo XVII, pero algunos sostienen que el novato operador, a quien se responsabiliza de la pérdida de u$s 7.100 millones en Société Générale, fue un accidente predecible, desde que el mercado pasó a transar con operaciones electrónicas.

«Si uno es un pirata informático, sabe de computación y tiene conocimientos de cómo funciona la dinámica interna, el sistema está ahí para ser estafado», afirmó David Buik, un comentarista de mercado de Cantor Index en Londres, con una carrera como operador que ya lleva 44 años.

Varios operadores no creen que Kerviel, de 31 años y que alcanzó una notoriedad que ha eclipsado al tristemente célebre operador de Barings, Nick Leeson, tenga toda la responsabilidaden el caso. La conversión a las operaciones bursátiles electrónicas -en gran parte suscitada por el «Gran Estallido» de liberalización financiera en Londres en la década de 1980- recortó los costos y multiplicó el número de operaciones que puede realizarse.

El valor total de las acciones transadas a nivel mundial en 2006 alcanzó u$s 69,8 billones frente a los u$s 840.000 millones de 1980, un aumento de alrededor de 80 veces en un cuarto de siglo, según la Federación Mundial de Bolsas. Y con el mercado de derivados (futuros y opciones) es aún mayor. En 2006 se transó 1,2 billón de contratos de futuros accionarios a nivel global, con una valorización del riesgo total de unos u$s 73 billones.

Potencialmente, un operador travieso puede ejecutar acuerdos astronómicos de manera silenciosa, mientras abusa del anonimato y la complejidad de los sistemas de transacción superrápidos, que abrieron la puerta a inescrupulososque ocultan sus pérdidas bajo un laberinto de datos. Tradicionalmente, en mercados donde circulan amplias sumas de dinero, las personas forman redes cercanas, donde la confianza es algo que se gana con mucho esfuerzo, pero esto es difícil en la era electrónica. «Uno nunca sabe con quién está tratando», afirmó Les Ames, un operador de WH Ireland en Londres. «Pero en el pasado, cada día de cada semana en el piso de operaciones se lidiaba con una persona a quien se podría haber ofendido, entonces uno no podía equivocarse con ellos», agregó.

SocGen comentó que Kerviel armó operaciones ficticias que anularon el riesgo de sus enormes apuestas en futuros de acciones europeas, escondiendo así su verdadera exposición a los movimientos del mercado. Otras personas de la edad de Kerviel podrían tener la misma motivación -hacerse de fortuna, lograr estatus, doblegar al sistema-que la que motivó por siglos a los operadores.

Pero después de cinco años o más de un crecimiento más o menos estable del mercado global, la generación más joven llega con pocos recuerdos de pérdidas y los banqueros dicen que sus habilidades son más técnicas que psicológicas.

  • Gente cerebral

    «Nos alejamos del prototipo de operador a gente que es más cerebral», indicó Manoj Ladwa, un operador de derivados de TradIndex en Londres.

    Los bancos ahora contratan a graduados de ingeniería y administración de las universidades más importantes para operar desde sus escritorios, lugares impersonales donde filas de operadores trabajan con la vista puesta en la pantalla de la computadora.

    En una sala de operaciones moderna, las luces y las voces son bajas. Las personas -normalmente-vestidas de gris-trabajanen cubículos marcados uniformemente con etiquetas con su nombre, en vez de fotos de su esposa y de su familia, plantas u objetos personales. La poco experimentada elite educada reemplazó a los « vivos», aquellos operadores con buen ojo que salían de la calle y que cerraban tratos personalmente. Un científico, un ingeniero o un matemático de una universidad prestigiosa es la norma general.

    En el pasado, una voz estruendosa, una personalidad apabullante y, como dijo un operador, «la capacidad de sumar y decir una buena frase en términos coloquiales», eran los requisitos.

    Un portavoz de un banco recordó que a los nuevos operadores se les solía dar un gran libro azul y una calculadora en su primer día, pero si el operador era sorprendido utilizando una calculadora durante el horario de transacciones, se le tiraba el libro por la cabeza.

    Mientras los riesgos se vuelven más complejos y se necesitan más sistemas informáticos para monitorearlos, para Les Ames, de WH Ireland, el error humano y la disciplina se han desvanecido.

    Les Ames dejó los pisos de operaciones en 1971, pero volvió en 1986, para descubrir una nueva Bolsa de Valores de Londres revolucionada, que terminó con las recordadas operaciones a viva voz.

    «Se trataba bastante más de apretones de manos y de confiar en cada uno», expresó Tony Craze, un operador de Dawntraders, que trabajó en el sector de servicios financieros desde 1964.

    Con frecuencia, los acuerdos se anotaban con rapidez en servilletas de papel durante el almuerzo. Ahora es imposible sentir lo que está pasando. «Uno nunca sabe realmente lo que el resto está haciendo, porque las personas todavía transan activamente, pero ya no gritan en el salón de operaciones», comentó Ladwa.
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