8 de noviembre 2001 - 00:00

Negociador con la Argentina sería el embajador de Brasil

Fernando Henrique Cardoso debe decidir en los próximos días quién será el hombre que lleve adelante las relaciones de Brasil con la Argentina en un período especialmente complicado: cuando en el vínculo comercial se manifiestan más tensiones que nunca y cuando él mismo, Cardoso, ya se dirige hacia la salida del gobierno. La embajada de Buenos Aires quedará vacante en unas semanas, cuando su actual titular, Sebastiao «Bambino» do Rego Barros, se haga cargo en Rio de Janeiro de la poderosa Agencia Nacional de Petróleo.

La representación porteña de Itamaraty se encuentra entre las tres más importantes del país: compite con la de Washington (que está en manos de Rubens Barbosa) y con la de Ginebra (donde irá Luiz Felipe de Seixas Correa, cabeza de la corriente de diplomáticos brasileños que menos simpatía profesa hacia la Argentina). Para ocupar el lugar de Do Rego Barros se menciona a tres candidatos, a los que se les ofrece una jugada de ajedrez difícil para sus carreras: si el próximo gobierno es de signo distinto del de Cardoso, por caso uno presidido por Luiz Inacio Lula Da Silva, quien asuma el cargo ahora deberá alejarse a comienzos de 2003 y, tal vez, terminar su carrera.

El primer diplomático en condiciones de hacerse cargo de la sede de Do Rego Barros es José Botafogo Gonçalves. Es el actual representante del presidente ante el Mercosur, negociador permanente en las controversias comerciales con la Argentina. Perteneciente a una familia tradicional de Rio de Janeiro, Botafogo estuvo siempre muy ligado a Antonio Delfim Neto y un tanto ajeno al ritual de Itamaraty, tan cifrado y autorreferencial que se lo compara con el del Vaticano. Nunca fue titular de una embajada y el máximo rango que ocupó fue el de cónsul general en Milán. Tiene un estilo frontal pero se vuelve encantador después de las negociaciones, sobre todo si es en la terraza del Copacabana Palace con una caipirinha en la mano. Eso sí, tiene una pésima relación con Celso Lafer, quien impidió que participara de la última cumbre Cardoso-De la Rúa en Brasilia. Lafer, por lo que se ve, está cercado en materia comercial: tampoco el embajador Graca Lima, responsable de las negociaciones internacionales en esa materia, le reporta como corresponde en Itamaraty.

Acaso estas rispideces con el canciller sean la mejor catapulta para que Botafogo termine en Buenos Aires, destino que le encantaría, si es verdad lo que les dice a sus amigos. Por lo pronto, el propio Lafer deja trascender que le agrada ese desenlace: sabe que no intervendrá en el trámite ya que el presidente quiere en la Argentina a alguien que le reporte personalmente, como hizo su amigo Do Rego Barros en los últimos años.

Botafogo era anoche, en Brasilia, el favorito en la lista de eventuales embajadores en Buenos Aires. Pero no hay que descartar a un «tapado»: Carlos García, actual representante de su país en Madrid. Es un diplomático profesional que se ha ganado la simpatía del Partido del Frente Liberal (PFL), aliado clave del gobierno que se ha vuelto decisivo en los cambios de personal que se están disponiendo. García fue ministro de Acción Social de Fernando Collor de Mello.

Finalmente, también hay que prestarle atención a Ronaldo Mota Sardemberg, prestigioso ministro de Ciencia y Tecnología que ya sirvió a Cardoso como secretario de Asuntos Estratégicos -área desde la que, además de otras materias importantes, controló el servicio de inteligencia brasileño-. Sardemberg conoce bien la política internacional y también la Argentina, adonde viajó repetidas veces durante el último año. Pero se calcula que su pase a Buenos Aires sería difícil ya que su carrera se muestra muy promisoria.

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