Ni técnica ni políticamente tiene sustento crítica de dos políticos

Economía

Creo que la gente del ARI, de Elisa Carrió, utiliza detalles circunstanciales para atacar a los bancos del país y crear una «cortina de humo» sobre las verdaderas causas de la crisis económica nacional.

La reciente denuncia de dos de los hombres del ARI, Javier Llorens y Mario Cafiero, parece inscribirse en ese contexto.

Ha sido presentada cuando se está por debatir la derogación de una ley de vergüenza, la ley de «subversión económica». Una norma que tipificó como delito la conducta de quien «con ánimo de lucro» pueda llegar a «comprometer injustificadamente» el patrimonio de una empresa. Una arbitrariedad. Esa ley totalitaria puede «servir» para perseguir o castigar a cualquier empresario que, corriendo el «riesgo» comercial que conlleva su carácter de tal, no tenga éxito y pierda en su emprendimiento. Desalienta la inversión y genera desocupación. Más aún, porque perturba el desmejorado «clima» de negocios en un país semifundido.

Una fantasía más. El costo, no importa. Total, lo pagamos todos.


Denuncian un presunto «vaciamiento» del sistema financiero argentino y ABA les respondió demasiado escuetamente, quizás.

Los presuntos «delincuentes» a los que apuntan serían «la banca internacional» y el FMI.

El argumento central se apoya en «conclusiones» por ellos extraídas, evidenciadas por el comportamiento de dos rubros del balance consolidado del sistema financiero argentino. Esto es: «otros créditos por intermediación financiera» y «otras obligaciones por intermediación financiera».

Aparece manifiesto un desconocimiento de algunas operaciones financieras habituales. Como la compra y venta de activos financieros (trading). Así como de su registración contable. Además, se dejan de lado los cambios en la normativa emanada del Banco Central que tuvieron lugar precisamente durante el período analizado por estos políticos. Claro, si también se pretende involucrar al propio Banco Central en la «maniobra» fuerzan cerrar un círculo «delictivo», pero fantasiosamente. Con este artilugio argumental cualquier ciudadano que cumpla una ley sería «culpable» si se lo acusa de complicidad con los legisladores que la dispusieron. Entrar en una polémica con el escudo al acusador, Mario Cafiero, de poder citar como «cómplices» de los bancos que operan en el país al Banco Central y a los 183 países miembros del Fondo Monetario resta seriedad a la acusación. Es obvio, caeríamos en las «teorías conspirativas», como dicen los políticos argentinos, y en esta polémica con carácter ecuménico por la magnitud de los conjurados contra las finanzas argentinas.

¿Creerá seriamente Mario Cafiero que el mundo se ocupa en conspirar contra nosotros en lugar de preocuparse por el terrorismo internacional luego del 11 de setiembre o de la posible inminente guerra nuclear entre Pakistán e India, por ejemplo?

Veamos con más precisión en el comunicado de ABA en qué se equivocan estos políticos «aristas».

Las cuentas del activo y pasivo La caída en «otras obligaciones por intermediación financiera».
Este es un rubro del pasivo que refleja los saldos de deuda de las entidades financieras resultantes de toda una serie de operaciones. Esencialmente: la compra y venta de activos financieros (títulos y moneda extranjera); operaciones de pases activos (típicamente con el BCRA hasta el mes de mayo del año pasado, cuando cambiaron radicalmente las normas de integración de requisitos de liquidez); y otros financiamientos de terceros (fuera del sistema local), tales como las obligaciones negociables y las líneas de crédito del exterior.

El análisis de las variaciones en el rubro en cuestión, en grandes cuentas, arroja la siguiente desagregación: (Cuadro 1)

Hagamos una breve explicación de las principales operaciones y de sus registros.

(A) Liquidación de las operaciones de trading.

Los bancos realizan operaciones de compra y venta de activos financieros. Esto es de bonos, acciones y moneda extranjera. Lo hacen tanto en el mercado de contado como en el mercado de futuros. Aun en las operaciones de contado existe un período (72 horas) entre el momento en que se pacta una operación y el momento en que se entregan (o reciben) los títulos y se recibe (o entrega) el dinero. Al momento del cierre de balance es normal que queden operaciones pendientes de liquidación. Y son justamente las obligaciones que los bancos tienen por esta operatoria las que se asientan en esta línea, con la correspondiente contrapartida del lado del activo de la contraparte.

Así la obligación de entregar los títulos de una de las partes tiene su contracara en el derecho a recibirlos de la contraparte. Como se hace evidente más abajo, cuando nos referimos a «otros créditos por intermediación financiera».

La caída en estas operaciones no puede livianamente calificarse de «vaciamiento». Resulta, es obvio, del menor volumen de operaciones de compra y venta de activos financieros derivado de la crisis que vivimos. Sin consecuencias para la liquidez y la solvencia del sistema financiero.

(B) La liquidez en el BCRA mediante «pases activos».

El BCRA exige que los bancos mantengan -siempre- una cierta cantidad de dinero en caja. Lo que es conocido, técnicamente, como «requisitos de liquidez» o «encajes», calculados como porcentajes del nivel de depósitos. Hasta mayo de 2001 esa integración se realizaba mediante un «pase activo» entre el respectivo banco y el BCRA. Esto significa que las entidades entregaban dinero al BCRA y recibían -a cambio- títulos valores, asumiendo ambas partes el compromiso de «reversar» la operación al día siguiente. Esta mecánica era diaria.

Según la «Comunicación A-3274» del BCRA, del 24-05-01, la modalidad de integración a través de «pases activos» se dejó de lado y reemplazó, en cambio, por la de colocación de fondos en una cuenta remunerada en el BCRA. Cuando esto ocurre, aparece una disminución de los «pases activos» del orden de los $ 9.400 millones. Obvia consecuencia de la desaparición de la operatoria anterior. Está claro que esto no puede calificarse seriamente como «vaciamiento», en tanto no tiene consecuencias sobre la liquidez ni sobre la solvencia del sistema financiero. Estamos simplemente frente a una forma diferente de implementar la integración de la liquidez que exige el BCRA.

La sola consideración de las dos operaciones antes analizadas da cuenta nada menos que de 94% de la variación un el rubro «otras obligaciones por intermediación financiera». Por ende, el argumento del «vaciamiento» por el lado del pasivo se cae.

En rigor, la verdadera pérdida de fondeo del sistema financiero que refleja este rubro es la caída de las «obligaciones negociables», debida a las dificultades que encontraron los bancos para renovar su financiamiento a través de ese tradicional instrumento, inclusive algunas entidades creen que deben ser indemnizados por el culpable, el Estado argentino.

Cabe acotar que la caída de esa fuente de financiamiento apenas superó los $ 1.000 millones. Esto es poco más de 4% del rubro en cuestión. Lo que jamás podría constituir un «vaciamiento». Fue obvia consecuencia del cierre del mercado internacional de crédito a los emisores locales de esos títulos de deuda. Consecuencia lineal, entonces, del incremento pronunciado del «riesgo argentino», del que todos fuéramos testigos. Y víctimas. Incremento del que el Estado por vía de malos políticos y no los bancos es responsable al someter a los presupuestos públicos a enormes déficit.

Más aún, cabe destacar que el fondeo de los bancos del sistema a través de líneas del exterior aumentó. En poco más de $ 450 millones. Lo que supone una significativa entrada neta de financiamiento externo, que -en las circunstancias- cabría reconocer en lugar de criticar.

La caída en el rubro «Otros créditos por intermediación financiera».


Este rubro pertenece, en cambio, al activo. Refleja acreencias resultantes de toda una serie de operaciones. Esencialmente de compra y venta de activos financieros (esto es, de títulos y moneda extranjera) y de operaciones de «pases activos». (Típicamente con el BCRA hasta el referido mes de mayo. Cuando cambiaron las normas de integración de los requisitos de liquidez, tal como se explicara al hacer referencia al pasivo.)

El análisis de las variaciones en el rubro «otros créditos por intermediación financiera», en grandes cuentas, arroja -a su vez- los siguientes resultados desagregados: (Cuadro 2)

Como en el caso anterior, ellas se sintetizan en lo siguiente:

(A) Liquidación de operaciones de trading. En el activo, es el reflejo de recibir títulos o dinero (según corresponda) de contrapartes que, a su vez, tienen la obligación de entregar dinero o títulos, respectivamente. Esto es, naturalmente, la contracara de las operaciones descriptas en el pasivo. Una vez más, su disminución está asociada al menor volumen de transacciones. Y «calzada» con la disminución del lado del pasivo. En absoluto revela, ni refleja -para nada- un menor financiamiento agregado para el sistema bancario.

(B) La liquidez en el BCRA vía «pases activos».

Esta cuenta, por su parte, refleja el derecho de recibir de vuelta el dinero entregado al BCRA para cumplir con la obligación de constituir los requisitos mínimos de liquidez. (Así como en el pasivo se reflejara la obligación de restituir al BCRA los títulos valores.) Nuevamente, es obvio que su disminución sólo refleja la desaparición de la operatoria de encaje a través de «pases activos».

(C) BCRA. Certificados de depósitos. Este rubro refleja la incorporación en el balance de los bancos de los certificados de depósito que el BCRA entregaba a cambio del efectivo recibido de los bancos para integrar los requisitos de liquidez a través de la modalidad de «pases» ya descripta. Su disminución refleja la desaparición de la operatoria. Y de ninguna manera puede resultar -como sostienen los «trovadores» del ARI- en un «vaciamiento», en tanto y en cuanto no tiene, obviamente, ningún impacto sobre la liquidez, ni sobre la solvencia del sistema financiero.

Nuevamente, las operaciones de títulos y monedas por liquidar, así como la operatoria de «pases activos» del BCRA, dan cuenta de lo sustancial (casi todo) de la variación de los rubros de «otras obligaciones por intermediación financiera» y «otros créditos por intermediación financiera», lo que a «juicio» de los livianos «trovadores» del ARI «testimonia» un presunto «vaciamiento» del sistema financiero. Sin embargo, queda absolutamente claro que no es -para nada- así. Lejos de eso, se trata -simplemente- de un cambio de metodología en la integración de la liquidez en el Banco Central y de un menor volumen en las operaciones de trading, sin consecuencias para la disponibilidad de fondos para el sistema financiero.

La estabilidad del patrimonio neto.

De acuerdo con Llorens-Cafiero, es «evidente que mediante una estrategia anticipatoria de la crisis, se produjo una 'retirada ordenada y silenciosa' por parte de los capitales internacionales, reduciendo sustancialmente los bancos privados su exposición al riesgo argentino».

En prueba de ese audaz aserto señalan que «en el sector privado la caída de 30,1% de los activos sólo produjo una disminución de 2,2% de sus patrimonios netos, revelando tener un verdadero 'blindaje' frente a la crisis».

Hay que admitir que no cabía esperar disminución patrimonial alguna como consecuencia de la baja en estas operaciones calzadas entre el activo y el pasivo que, en su gran mayoría, tienen lugar entre los propios bancos. Justamente, la estabilidad del patrimonio neto durante el período es una demostración inequívoca de que no hubo «vaciamiento». Puesto que, de haber ocurrido, debió, por lo menos, reflejarse en una sustancial disminución del patrimonio. Lo que no ocurrió.

En verdad, el patrimonio neto puede disminuir por resultados negativos o por pagos de dividendos. Y aumentar, en cambio, por aportes de capital o por resultados positivos. Paradójicamente, los propios números distribuidos por los políticos acusadores en esta polémica evidencian un aumento en la línea «capital, aportes y reservas» para los 10 bancos privados más importantes. Y, en cambio, una disminución para el resto del sistema. (La desprolijidad de los acusadores se hace evidente al constatarse que los números del BCRA para el mes de noviembre pasado no coinciden con los por ellos aportados. Por ejemplo, el patrimonio neto del sistema es de $ 16.439 millones para ellos. Mientras que para el BCRA es de $ 17.141 millones. No obstante, hemos utilizado aquí las cifras suministradas por ambos políticos.)

Las «cuentas de orden»


Otra de las afirmaciones del informe de los políticos que -según ellos «demuestra» la «retirada ordenada y silenciosa de la banca privada»es la disminución de las «cuentas de orden». Su interpretación no es correcta, técnicamente.

Dicen que las «cuentas de orden» deudor comprenden a «las cuentas representativas de los derechos contingentes de la entidad, de los beneficiarios de obligaciones de esa naturaleza asumidas por ella, y de los valores recibidos de terceros para su custodia o cobro. Las cuentas acreedoras comprenden las cuentas representativas de las obligaciones contingentes de la entidad, así como de los obligados hacia ella en virtud de derechos de esa naturaleza, y de los depositantes de valores recibidos para su custodia y cobro». Es correcto pero no puede pretenderse que las variaciones en las cuentas contingentes representen una variación material en el patrimonio neto, precisamente por su carácter contingente.

Más aún, porque en buena medida ellas representan situaciones en las que los bancos actúan por cuenta y orden de terceros. Como ocurre -por ejemplo- con las custodias.

Sería este caso: cuando un inversor decide vender sus cuotapartes en un fondo de inversión se registra una disminución equivalente en el rubro «valores en custodia». No puede esto constituirse en un «vaciamiento» del sistema bancario.

Reflexiones finales


La crisis de liquidez del sistema financiero argentino es el resultado de la feroz pérdida de depósitos acaecida en medio de una estampida generada por la falta de confianza en un gobierno que así destrozó los activos de los bancos. Que los obligó a liquidar sus tenencias de divisas a precios confiscatorios y que los dejó con un balance destruido, inundado de «papeles» de un país en default. Balances que aún no están equilibrados. Porque no se han compensado los diversos daños impuestos desde el poder al sistema.

La banca extranjera invirtió en la Argentina, desde 1994/'95, 7.000 millones de dólares. ¿Por qué, como sostiene el diputado Cafiero, iban a atentar contra el país donde invirtieron, afectándose suicidamente ellos mismos? No tiene lógica de base la acusación de los políticos o pretender mantener una ley absurda, como «subversión económica», creada en 1974 contra los montoneros que manejaban el dinero del secuestro de los hermanos Born que hoy se pretendió aplicar a banqueros con el intento de hacerlos «pato de la boda».

No nos engañemos con estas polémicas: el drama argentino actual no pasa por los instrumentos (bancos, entre otros), sino por pésimas políticas populistas y restricciones a las compras de productos argentinos en el exterior, vía subsidios a sus connacionales.

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