Si algo queda de lo que pasó ayer, es la idea de lo violenta que puede ser la dinámica de este mercado. Mientras al cierre del viernes imperaba un evidente ánimo alcista, ya antes de la apertura del lunes estaba claro que los principales índices arrancarían a la baja, sin que realmente existiera alguna noticia que justificase este movimiento (lo cierto es que tampoco tuvimos noticias relevantes que apuntalaran una suba). Hasta cierto punto, podemos decir entonces que el cierre de las acciones del lado perdedor no sorprendió a nadie. Lo que sí sorprendió fue la magnitud de la pérdida, especialmente porque lo tradicional es que los inversores se muestren muy cautos en los días previos a cualquier acción de la Fed y no que el Dow retroceda 1,39% (a 9.072,95 puntos) o que el NASDAQ pierda 2,06%. Mientras que la mayor parte de las discusiones se centró en cuál puede ser la magnitud del recorte que imponga la Fed este miércoles, y con qué palabras acompañará la medida, está creciendo el número de inversores que se muestran preocupados ante la posibilidad de que el mayor banco central del mundo se quede sin instrumentos de política monetaria. Ya van prácticamente 19 meses que el gobierno está prestando dinero a tasas negativas en términos reales sin que se vislumbre una verdadera recuperación de la economía. La baja de ayer podríamos achacarla a Fannie Mae (y el artículo que publicó «The New York Times»), a Teneth, Avery o Rohm&Hass, que redujeron sus proyecciones de ganancias, a la caída de las Bolsas europeas o a cualquier otra cosa que se nos ocurra. Pero esto no alcanza para explicar la totalidad de lo que está ocurriendo. Como se escuchó decir a un analista: "Alan, por favor, cuídate, hace las cosas bien y no nos sorprendas".
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