29 de abril 2003 - 00:00

Peligran exportaciones a Brasil por u$s 600 millones

Nuevamente, una medida de Brasil complica las exportaciones de la Argentina. Luiz Inácio Lula Da Silva firmó un decreto, que ya está en vigencia, que exige el etiquetado de alimentos que contengan ingredientes modificados mediante ingeniería genética, vulgarmente llamados transgénicos. Esta medida encarece la producción de alimentos de los países proveedores y frenará las importaciones de Brasil hasta que las industrias se pongan a tono. Cálculos privados dan cuenta de que ventas argentinas por u$s 600 millones estarían en peligro con esta norma, que puede generar un nuevo enfrentamiento en el Mercosur. La decisión de Lula tomó por sorpresa al gobierno argentino, que recién hoy presentará una queja formal a través de la Cancillería. La Argentina es uno de los países líderes en producción de soja y maíz transgénico, y sería la principal perjudicada. El país aún no decidió si conviene el etiquetado especial de transgénicos. En tanto, Brasil apresura una acción que perjudica más a los productores argentinos, ya golpeados en el nordeste por las inundaciones, donde se estiman pérdidas por u$s 150 millones en agricultura y ganadería.

Peligran exportaciones a Brasil por u$s 600 millones
Una nueva barrera paraarancelaria habría sido impuesta por Brasil a través de un decreto firmado por Luiz Inácio Lula Da Silva que obliga a etiquetar todos los alimentos que contengan ingredientes modificados genéticamente. La medida -que sorprendió al gobierno- involucra a los países proveedores de Brasil que deberán ajustarse a la nueva norma -que no fue consultada con los miembros del Mercosur-y perjudica a la Argentina en un monto cercano a los u$s 600 millones, especialmente por envíos de leche y maíz.

El decreto emanado desde el gobierno de Brasil reglamenta la comercialización de productos transgénicos con el argumento de conceder más información a los consumidores del vecino país, tanto en productos vegetales como animales.


Cualquier alimento que contenga algún ingrediente o derivado por encima de 1% de transgénico deberá tener un rótulo, según la explicación oficial del secretario de Biodiversidad y Forestación del Ministerio de Medio Ambiente. Anteriormente, la exigencia alcanzaba a 4% -porcentaje que pocos productos masivos alcanzan-. No obstante, la extensión de la medida a productos animales -que afecta especialmente a la avicultura, la porcinicultura y los vacunosobliga a identificar las raciones que ayudaron a la crianza del animal. Por caso, una porción de pollo crudo trozado debería decir «animal alimentado con maíz transgénico» o bien una mayonesa no podrá ser vendida en Brasil si no cumple la exigencia de etiquetado que diga «mayonesa transgénica, elaborada con huevos provenientes de gallinas alimentadas con maíz transgénico». Aunque suene gracioso, el debate por el etiquetado de productos modificados genéticamente es muy serio: si se etiqueta el producto transgénico se encarece su llegada a la góndola y se viola uno de los objetivos de esta tecnología, el abaratamiento de los costos mediante el aumento de rendimiento.

La medida impuesta por Brasil, que involucra a todo tipo de producto y presentación (envasado o a granel), exceptúa del etiquetado a los productos libres de transgénicos, los que son considerados «especialidades» por el mercado internacional, comparables con los productos orgánicos. De esta forma, se encarecerá, al menos en Brasil, la producción transgénica y se equiparará con la no transgénica.

• Presión

La medida brasileña también deja al descubierto una fuerte presión de los sectores «verdes» (ecologistas) enquistados generalmente en áreas de medio ambiente.

En la Argentina se perjudicarán las exportaciones de leche en polvo y maíz y, en menor medida, productos o derivados de la carne.


«Los brasileños están cayendo en el juego de Europa de encarecer los productos para recortar los subsidios. Con esto Brasil pierde competitividad y para la Argentina puede significar una medida paraarancelaria para la colocación de sus productos. No está claro si el gobierno de Brasil va a exigir etiquetado para el mercado interno y va a permitir la exportación de productos sin etiquetar, lo que también encarecería las líneas de producción de sus propias industrias alimentarias. Además, todavía no hay mercados diferenciados que paguen un plus por los productos no transgénicos. Lo más lógico, comercial y estratégicamente, para nuestros países sigue siendo el eventual etiquetado de los no transgénicos», sostenía ayer la ex subsecretaria de Alimentación y Mercados, Susana Merlo.

El gobierno, en tanto, admitió que se sorprendió con la determinación: «La medida nos tomó de sorpresa», admitía el subsecretario de Agricultura, Roberto Domenech, quien confirmó que hoy Cancillería elevará a Brasil una queja formal. «Creemos que es una decisión apresurada del gobierno brasileño, aunque está dentro de las facultades de una república independiente», admitía el funcionario, quien reclamaba prudencia y admitía que «esto altera las bases de negociación en el Mercosur ya que estábamos aportando información sobre los productos modificados genéticamente y sin consulta previa lanzaron esta medida».

Los productores también se mostraron sorprendidos. «Se abre una nueva negociación ya que Brasil no tuvo en cuenta a sus socios. No nos oponemos a los organismos genéticamente modificados ni a las exigencias de algunos países que piden trazabilidad o etiquetado pero las medidas como éstas deben ser consecuencia de políticas consensuadas», decía
Alejandro Delfino, desde la Sociedad Rural Argentina, quien intuía en esta medida, «un artilugio de Brasil para negociar con la Unión Europea».

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