25 de junio 2003 - 00:00

Poco serio: empleo público creció con la crisis económica

Poco serio: empleo público creció con la crisis económica
En un contexto de destrucción de empleos, y en especial de empleos formales, el sector público constituye una excepción: desde el inicio de la recesión, a mediados del '98, el empleo público creció poco más de 5%. Entre octubre de 2001 y octubre de 2002, cuando el total del empleo privado disminuyó 4,7%, el número de asalariados públicos aumentó 5,7 por ciento.

Este panorama se desprende del trabajo sobre «Segmentación del mercado de trabajo como indicador de la crisis productiva» del Instituto de Estrategia Internacional (IEI) de la Cámara de Exportadores (CERA).

El trabajo elaborado por Ernesto Kritz cuestiona algunos mitos como por ejemplo que el empleo público es el refugio de los pobres y corrobora otros como la estabilidad del empleo público, o revela la gran cantidad de hogares que dependen del empleo estatal, o que los empleados públicos son los menos afectados por la pobreza.

Según datos del informe, el sector público (excluidos los beneficiarios de Planes Jefas y Jefes), provee empleo a 1,8 millón de personas. Esto representa 15,2% de la ocupación principal y en las áreas urbanas del país. A esto debe agregarse los casos en que proporciona una ocupación secundaria por ejemplo, el caso de los médicos con ocupación principal en un consultorio privado pero que además tienen un cargo rentado en un hospital, o de los abogados que se desempeñan en su estudio pero también son docentes.

Esto hace que más de la quinta parte de los ocupados sin incluir los beneficiarios de planes perciban ingresos públicos. En las provincias esa proporción sube a un cuarto del total
, advierte el trabajo.

El efecto sobre el ingreso familiar es significativo: 15% de los hogares urbanos dependen total o parcialmente del empleo en el sector público. Kritz sostiene que para estos hogares el ingreso de fuente presupuestaria representa cerca de dos tercios del ingreso total; y en muchas provincias, en especial en las más pobres, la proporción es sensiblemente mayor.

De la misma manera, y no menos importante en la crisis, el empleo público es mucho más estable que el empleo privado.

•Argumento

Esta afirmación se corrobora al observar que de los 2,5 millones de desocupados de octubre de 2002, sólo 70.000 provenían del sector público, la tasa de desempleo entre los asalariados públicos es de apenas 3,8% (supera de 18% para el mercado total).

Otro elemento que destaca el trabajo de
Kritz, por su importancia en una situación de pobreza extendida, es que los empleados públicos son los menos afectados. Entre ellos, la incidencia de la pobreza es de 22,4%, es decir menos de la mitad del promedio de la población en su conjunto.

A esta altura parece fuera de discusión que en este contexto, un ajuste del gasto público afecta el empleo y los ingresos de una parte significativa de la sociedad.

Pero hay otro argumento, que habitualmente se presenta unido, y es que los más perjudicados por un achicamiento del sector público son los pobres.
La hipótesis es que en un mercado con alto desempleo, sobre todo en los segmentos de menor calificación, los pobres son los que menos posibilidades tienen de ganar la competencia por los escasos empleos privados.

«En otros términos, se sugiere que en especial en las provincias, el empleo público juega un papel redistributivo y de seguro de desempleo implícito»,
explica el trabajo.

También merecen destacarse otros datos interesantes que surgen del trabajo:

La distribución del empleo público está fuertemente sesgada hacia los sectores de más alto ingreso familiar per cápita: sólo 5 por ciento de los empleados públicos pertenece a hogares de 20 por ciento más pobre. «Por el contrario, en el quintil de mayor ingreso per cápita familiar se concentra 35 por ciento del empleo público y si se consideran los dos quintiles más altos, la proporción se acerca a 62%. Esto muestra que los pobres tienen un acceso muy limitado al empleo público», explica Kritz.

El gasto en remuneraciones del sector público está concentrado en el segmento superior de la pirámide ocupacional, consistente en parte con la distribución social del empleo público entre los hogares, el quintil más bajo de los perceptores capta menos de 8 por ciento del total de las remuneraciones pagadas por el sector, mientras que el quintil más alto obtiene 42 por ciento.

El empleo público es mucho más importante como medio de vida para los sectores de ingreso medio-alto y alto, que para los más pobres. En el quintil 20% más bajo de ingreso familiar per cápita, apenas 5 de cada 100 hogares dependen total o parcialmente del ingreso público, en el segundo quintil. En cambio, en 20% más alto, la proporción es de 1 de cada 4 hogares. «Visto desde el otro ángulo, en el quintil más pobre, 7 de cada 10 hogares viven exclusivamente del empleo privado, mientras que en el quinto más alto esa proporción sólo alcanza a la mitad.»

«Esto contradice el argumento habitual de que el empleo público es el refugio de los pobres. Distinto de ese razonamiento, el empleo público beneficia sobre todo a los sectores medio y medio-alto», explica Kritz.

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