La Argentina podría perder más de u$s 500 millones en exportaciones de carne este año como resultado de la reaparición de la fiebre aftosa en el país. El duro golpe a los ingresos de productores, frigoríficos y gobierno provendría de los mercados de carne fresca que, al menos preventivamente, ya se cerraron con la confirmación ayer de la enfermedad en Corrientes. Este hecho provocaría la baja inmediata de los valores de la carne argentina en el exterior y un posible efecto similar en el mercado de ganado en pie local, ya que más carne estaría disponible para ser volcada al consumo interno. Curiosa coincidencia entre las necesidades del gobierno de disminuir el precio de la carne en las góndolas y la de ganaderos que intentaban mantener su rentabilidad (desde ayer seriamente afectada) y abastecer un mercado muy demandante de carne.
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De hecho, durante la conferencia de prensa que se realizó ayer en el servicio sanitario argentino (SENASA), el mismo titular, Jorge Amaya, afrontó la cuestión más allá de las preguntas e indicó que «jamás» recibió «de ningún funcionario del gobierno cualquier insinuación de no cumplir» con su deber (es decir, vigilar la sanidad). La mediática vicepresidenta de la entidad del campo bonaerense, CARBAP, llegó a decir que «no quiero pensar en una mano negra».
En verdad, se trata de especulaciones con mayor o menor intensidad según el grado de acercamiento con el gobierno. Desde el SENASA se habló también de problemas en la vacunación o «en la vacuna», cuestiones que quedaron sin definición, más allá de la aclaración de la empresa fabricante, la única que abastecía hasta el año pasado el mercado.
Pero lo más singular es que la aparición del foco de aftosa en el norte no sorprendió a los ganaderos. Algunos de ellos ya venían denunciando el tránsito de animales indocumentados en Chaco, Formosa y Corrientes. Otros hablaban de compras de animales en Paraguay (a precios inferiores a los del mercado local) y hacían nombres propios con datos de cierta consignataria que opera en el norte y en la Pampa Húmeda. La Argentina vendió carne al exterior por más de u$s 1.300 millones durante 2005, con fuerte base en Chile y Rusia, además de los principales demandantes de la Unión Europea (Cuota Hilton). Los chilenos, fieles al purismo sanitario, cerraron inmediatamente su frontera a la carne argentina. Rusia, preventivamente, también, aunque el dato se mantenía en secreto hasta anoche (para no provocar el «efecto dominó» sobre otros destinos). Se supone que este mercado luego circunscribirá la veda al área cuestionada.
El último foco declarado en la Argentina se había registrado en agosto de 2003 en Tartagal, Salta. El campo perdió u$s 1.000 millones en un año por ese foco. Chile tardó un año y medio en reanudar sus compras y la carne argentina tardó en revalorizarse en ese destino estratégico. Ayer, la sorpresa era tan grande en el sector frigorífico que pocos se animaban a predecir el futuro de la ganadería en el país.
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