9 de noviembre 2001 - 00:00

Por uso de tarjetas, evasión caería u$s 2.000 millones

El ingreso del fisco por el efecto blanqueo que tendría la utilización masiva de las tarjetas de débito y crédito como medio de pago podría alcanzar los u$s 2.000 millones anuales. La cuenta circula en la industria y se basa en las siguientes cifras:

Hoy en la Argentina se pagan compras minoristas con tarjetas de crédito y débito por u$s 16.000 millones anuales, aproximadamente.

Sin embargo, según cifras oficiales, el gasto correspondiente al rubro Consumo Privado ronda entre u$s 60.000 y 70.000 millones anuales.

En todo el mundo, 40% de ese gasto se paga con tarjetas. Para la Argentina, eso representaría un monto aproximado a los u$s 25.000 millones al año.

Suponiendo que parte de ese incremento ya sea ven-dido «en blanco», la parte «negra» podría rondar los u$s 6.000 millones, sobre los cuales podría recaudarse (en números redondos) u$s 1.200 millones de IVA, u$s 700 millones de Ganancias y u$s 60/70 millones por Ingresos Brutos. Así se llega al monto cercano a u$s 2.000 millones que estiman los bancos y las administradoras como posible incremento en la recaudación. Esto, desde ya, con los actuales niveles de consumo y previendo que no se producirá un incremento del mismo en el próximo año.

• Sin directivas

Sin embargo, para que esto suceda parece faltar bastante. Sobre todo porque a pesar de anuncios más o menos optimistas de funcionarios, ni los bancos ni las administradoras de medios de pago han recibido aún directiva alguna sobre la instrumentación de los descuentos que se realizarán por pagar con tarjeta de débito.

Cuando lleguen esas directivas -la resolución que reglamentará el decreto presidencial estaría siendo elaborada en la Secretaría Legal y Técnica de Economía a cargo de Alfredo Castañón-, esperan en las entidades, deberán aclarar tres cuestiones fundamentales para poner en marcha el sistema:

Cómo se identificarán a las tarjetas de jubilados, pensionados y favorecidos por planes de ayuda social (que tendrán un descuento de 5 por ciento sobre sus compras) de las que corresponden a cuentas-salarios (3 por ciento). El aspecto tecnológico no sería tan complicado, pero tampoco sencillo o inmediato.

Cómo liquidar la devolución: a través de los bancos o de las administradoras, en forma diaria o mensual, en la cuenta corriente o de ahorro del usuario o por otro medio, etcétera.

La más importante: de dónde saldrán los fondos para devolverles el IVA a los usuarios. De concretarse la intención de reducirles las retenciones a los comerciantes -verdaderos adelantosque hoy son de 8,5 por ciento (IVA, Ganancias, Ingresos Brutos) no hay cómo garantizar el financiamiento; caso contrario se trataría apenas de una operación de compensación.

• Muchas dudas

Como se ve, demasiadas dudas a contestar antes del 1 de diciembre, fecha en la que -según anunció Castañón el fin de semana-debería estar operativo el estímulo.

Pero el mayor obstáculo que deberá sortear la iniciativa sigue estando en los mostradores del comercio: si el comerciante quiere seguir vendiendo en negro, bastará ofrecer un descuento de 10% al comprador para eludir la intención oficial de blanquear operaciones minoristas.

Además del atractivo de no registrar la venta, el comerciante se ahorrará el arancel que le retiene la administra-dora por cada operación, tanto con tarjeta de débito como de crédito. Si bien ese arancel hoy ha caído a un promedio de 3,5 por ciento -con picos en 6 por ciento y valles en 0,5 por ciento-, la doble evasión haría que se multipliquen los carteles de «descuento por pago contado», que los inspectores de las empresas emisoras tratan desesperadamente (pero sin éxito) de erradicar.

«No vemos un crecimiento explosivo del uso de tarjetas de débito como medio de pago, pero por otra parte el piso desde el que se arranca es tan bajo que cualquier incremento, a nivel porcentual, será enorme»
, dice una alta fuente de la industria. «Dependerá del apoyo comercial que le den los bancos y las administradoras.» En la actualidad las ventas con tarjeta de débito alcanzan apenas a u$s 350 millones anuales, contra los u$s 15.700 millones con tarjeta de crédito.

• Cuentas en bonos

Esa es la razón por la cual las ventas con este último instrumento no han sido incluidas en el beneficio, al revés de lo que sucedió en Corea -caso usado como mode-lo por Hacienda-; allí el IVA es de 10%: a los comerciantes que venden con tarjeta se les devuelve 2 puntos de esa alícuota, y a los compradores se les permite descontar 20% de sus compras con tarjeta del Impuesto a las Ganancias.

Lo que ya se está viendo es el surgimiento de
cuentas corrientes y cajas de ahorro en bonos (LECOP, patacones), permitidas por la legislación, y que harían posible pagar con esos bonos usando la tarjeta de débito. Hasta ahora el Banco Provincia, el Banco de Entre Ríos y el Banco de Tucumán han hecho punta en esta política, pero se espera que otras entidades habiliten cuentas en bonos en el futuro cercano.

Hasta la fecha, y antes de entregar las tarjetas a los beneficiarios de planes sociales, y de completar la bancarización de los asalariados, hay unos
12 millones de tarjetas de débito en circulación. De esa cifra, 7,5 millones son VISA Electrón y 4,5 millones de Maestro (la marca de MasterCard).

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