Qué empresa recibirá el Estado
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Hoy Aerolíneas tiene doce aviones operando sobre cuarenta, y Austral ocho sobre veintidós. Un panorama patético que el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, aseguró a los gremios que revertirá en seis meses. Marsans había prometido renovar totalmente ambas flotas con modernos Airbus de varios modelos, incluyendo el megajumbo A-380; ahora, un objetivo más modesto sería reemplazar el modelo 200 del B-737 por el 500 (que tiene una antigüedad promedio de diez años), y los MD por Airbus 320 (también fabricados en la década del 90). Para eso, habría que desembolsar u$s 400 millones.
Se especula que, tras sanear la compañía, se «invitaría» a un grupo empresario nacional -la versión más fuerte habla de Eduardo Eurnekian y de Claudio Cirigliano, del Grupo Plaza- a formar parte del capital de la sociedad.
Pero aun así no será sencillo encontrar el «novio»: ¿hará falta repetir que el Estado deberá desembolsar por Aerolíneas/Austral mucho más de lo que pensaba recaudar con las retenciones móviles? A diferencia de la entrada del grupo Esquenazi en YPF y de Electroingeniería en Transener (en ambos casos, empresas rentables) internarse en el negocio aéreo sólo se justificaría si el Estado es socio y garantiza que al menos no habrá que poner plata. Eurnekian, además, necesita a Aerolíneas/ Austral volando porque son 80% de su negocio aeroportuario. Y como si esto fuera poco, Aerolíneas le debe u$s 66 millones por tasas aeroportuarias, monto que podría destinarse a la compra de acciones del grupo aéreo.
En el mediano plazo, finalmente, podría ser un buen negocio para el empresario que ayer se mostró con Cristina de Kirchner inaugurando el nuevo aeropuerto de Resistencia: la relación población/pasajeros de cabotaje da un mercado de unos 12 millones de vuelos anuales; hoy es de apenas la mitad. Con tarifas no hundidas -como las que padeció
Marsans durante un lustro- y aeronafta subsidiada, y aviones alquilados por el Estado, la ecuación cierra.




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