El Senado intentará convertir en ley pasado mañana el Presupuesto 2004. La votación, a esta altura de los acontecimientos, será un simple trámite para el oficialismo que cuenta con amplia mayoría y el compromiso de la oposición de facilitar quórum.
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Si se logró sin mayores tropiezos en Diputados -donde los números parecían ajustados y la UCR pudo hacer caer la sesión y permaneció en el recinto-, la aprobación de gastos al gobierno de Néstor Kirchner para el año que viene está supeditada a la obediencia del PJ senatorial. Eso sí, no habrá margen para incorporar modificaciones, enmiendas o tachaduras. El proyecto quedará tal cual como llegó de la cámara de origen para evitarle disgusto a Kirchner.
Obviamente, la sesión será más corta que en la Cámara baja, aún cuando resultará infaltable el discurso de Raúl Baglini, del radicalismo mendocino, que deja-rá la banca, por ahora, sin retorno al Congreso. En su gran despedida, Baglini, la principal espada en materia presupuestaria de la oposición, seguramente, repasará con su habitual minuciosidad el articulado, en especial, el polémico número 13.
Esta cláusula ya despertó muchas críticas por su inclusión sorpresiva en la Cámara baja. Entre otras cosas, el artículo 13 habilita al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, a reasignar partidas, sin necesidad de cumplir con los requisitos establecidos por la ley de administración financiera.
El Presupuesto 2004 fija gastos por un total de $ 59.708 millones y recursos por $ 62.000 millones, según se aprobó en Diputados.