5 de mayo 2008 - 00:00

Sidor: críticas por la derrota

Con más horas de vuelo que una azafata, Daniel Novegil -por ahora CEO de Ternium, el holding del Grupo Techint para el negocio de los aceros planos- regresará hoy a Caracas para intentar convencer a los emisarios de Hugo Chávez que Paolo Rocca puede ser un buen socio minoritario en Sidor.

La pretensión parece casi como una celebración del fracaso: fue Novegil quien no logró impedir la expropiación de la siderúrgica venezolana por parte del régimen chavista, por no haber previsto que el conflicto laboral que desembocó en la nacionalización de la empresa era el caballo de Troya de esa medida. Hoy en el grupo no son pocos los que cuestionan que debió haber concedido algo más al sindicato, por razones obvias para todo el mundo menos para Novegil: más vale una siderúrgica con menores utilidades por la suba del costo laboral (o incluso momentáneamente deficitaria) que perderla.

Informaciones que llegan desde Venezuela indican que el régimen bolivariano podría aceptar «concederles» a Techint y sus socios brasileños 10% de las acciones de Sidor. Este acto «magnánimo» le permitirá no sólo a Hugo Chávez mostrar «la cara humana de la expropiación», sino además hacerles un favor a sus amigos, el matrimonio Kirchner, que podrán aducir que Chávez no es tan malo después de todo: a Paolo le permite conservar una parte de la compañía.

Sin embargo, Novegil deberá explicar por qué él se negó a conceder aumentos salariales como los que reclamaba el sindicato, pero acepta quedarse en la misma empresa que acaba de firmar un convenio con esos mismos trabajadores en los que se concede casi todo lo que él se negó a otorgar, actitud que dio el pretexto para la expropiación.

En efecto, ayer en Caracas se reveló la nueva convención colectiva para los empleados de Sidor. Fue el propio José Rodríguez, presidente del sindicato, quien hizo el anuncio. El líder sindical, punta de lanza en la estrategia chavista para quedarse con Sidor, dijo que habían «obtenido» un aumento de u$s 25 diarios, repartidos en dos años. «Son 33 bolívares fuertes (u$s 15) en el momento de la firma, 10 bolívares fuertes (u$s 5) el 10 de noviembre y 10 más en noviembre de 2009», se ufanó el gremialista.

Son, cabe recordarlo, las mismas cifras que Novegil se negó a conceder aduciendo que ese aumento iba a llevar los costos salariales de Sidor a unos u$s 3.000 millones anuales, contra una facturación de «apenas» u$s 2.000 millones. ¿Por qué entonces aceptaría quedarse como socio minoritario en una empresa tan claramente deficitaria?

La firma del convenio colectivo se concretaría hoy, con la presencia del propio Chávez como signatario. Quizás por eso Novegil haya apurado su retorno a Venezuela: seguramente no querrá perderse estar en esa foto, una actividad a la que el ejecutivo es afecto.

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