Otra semana en la que el recuento de las ruedas arrojó un saldo positivo para el Merval -de 1,6 por ciento-, aunque nadie en el ambiente se puso demasiado eufórico por esto. Es que el viernes también se sumó a las ruedas mortecinas, aquellas que pueden dejar algo en superficie, pero que carecen de fondo y no indican que exista alguna seguridad sobre el curso que se sigue. En la fecha de remate, el volumen volvió a marcar cifras muy bajas, no pasando de los 53 millones de pesos en acciones, tras salir del «arroyo» de órdenes en la jornada donde debió actuar sólo localmente y se hicieron tristes $ 23 millones.
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Se está remando por apuntalar esa zona levemente por encima de los 1.600 puntos, quedando como el logro mayor haber clausurado en 1.629 puntos y sin que los agresivos embates gubernamentales sobre el empresariado le hayan hecho mella al índice. Algo que, sin embargo, debe preocupar al templo del capital privado y cuando se está en una escalada donde casi se fijan objetivos para atacar, como en un «fixture» oficial.
La tendencia está en una zona donde sólo recibe raciones de órdenes, que ayudan a corregir cuando se producen algunas pendientes peligrosas. Pero las expansiones se encalman prestamente y lo que debería resultar la zona estacionalmente alta para la Bolsa se asemeja a los cansinos meses veraniegos. Sin negocios, todo es precario.
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