Un descanso para que recordemos

Economía

Por uno u otro motivo, cada país sobre la faz de la Tierra ha tenido sus propias luchas y ha librado sus propias guerras. Es bueno que entonces se recuerde a los caídos, como ocurrió en la jornada de ayer y como ocurre cada año, cuando toda la actividad financiera y bancaria del país entra en descanso. Sin embargo, la jornada no tuvo el mismo ambiente emotivo que otras veces. Por lo pronto, porque muchos ciudadanos la vivieron con un cierto dejo de temor, ante la nueva lucha que ha emprendido el país contra el terrorismo, y en la cual realmente no se conoce la cara del enemigo. Esta misma incertidumbre, o una muy afín, es la que vive el mercado accionario desde hace por lo menos un par de años. El problema es que, cuando se pregunta uno por uno a los analistas, la inmensa mayoría afirma sin ambages que las acciones norteamericanas "están baratas". Pero casi con igual certidumbre asegura que no se animaría a apostar sus sueldos a que veremos pronto una recuperación de los precios. El consenso sobre el crecimiento de la economía es también casi unánime; la duda está en si se encuentra en un período expansivo y si éste es lo suficiente como para impulsar el mercado accionario. Este ambiente de incertidumbres, que tiene la mala contrapartida de una caída de la inversión de los extranjeros y de los ciudadanos particulares norteamericanos, ha permitido que salga a luz una serie de "agujeros negros" que existen en el mercado y que, mientras todo andaba "bien", podían pasarse por alto: los conflictos de interés de los analistas y sus recomendaciones sesgadas, la ineficiencia del mercado electrónico y la renuencia de los mercados a castigar a sus propios integrantes, la falta de profesionalismo de las empresas auditoras, los costos de operar en la ciudad de Nueva York, etcétera.

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