Un Kirchner esta vez más conciliador con empresas en España
El Presidente se reunió con José María Cuevas, el titular de la Confederación Española de Organizaciones Empresarias. Rápidamente dieron por superadas las diferencias generadas en la anterior visita, cuando Kirchner (menos «capitalista» que ayer) criticó a los inversores españoles por las ganancias obtenidas en el país. Dijo el Presidente que Santander, Telefónica y Repsol habían entendido su proyecto. Cuevas confió en que se sumaran más inversiones españolas al país, dichos que justificó en la rentabilidad que ofrece hoy la Argentina («es un país muy factible»). Más tarde, recibió al vicepresidente del Banco Santander y al titular de esa entidad, que controla el Banco Río en la Argentina. Frente a ellos, expresó -como nunca- su confianza en la libertad de mercado. Pidió que no lo midan solamente por lo que hizo hasta ahora y dijo que el horizonte de su proyecto está puesto de aquí a 10 años (¿ya piensa en la reelección?). De los banqueros, recibió críticas por el vigente impuesto al cheque, que «genera distorsiones insoportables» y encarece el crédito para las pymes. Prometió modificaciones. Anoche, Kirchner y su esposa, Cristina Fernández, cenaron con los reyes Juan Carlos y Sofía en el Palacio Real. Hoy, el Presidente se reencontrará con ellos en la Feria Internacional de Turismo y tiene prevista una reunión con Alfonso Cortina (Repsol YPF). Además, recibirá a dirigentes políticos del PSOE (Felipe González) y del Partido Popular (Mariano Rajoy).
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No se necesitaron muchas aclaraciones más. El mensaje, no tan subliminal, que Kirchner trae a España en este viaje, es que él pretende iniciar un nuevo ciclo, mutatis mutandi, como el de Carlos Menem en los '90: es decir, no quiere ser el administrador de un flujo de inversiones agotado. Pretende que su proyecto de poder sea sostenido por una nueva oleada y lleva cuenta de los compromisos que recoge como el gobernador que ordena en una libreta lo que sale y entra de la caja.
Pero para comprender mejor esta pretensión y cómo ella regula las vinculaciones con las empresas de servicios, conviene volver a la charla con los directivos del Santander, integrantes del pelotón de los que «entendieron». En efecto, de sufrir la persecución judicial de Ana Botín -hija de Emilio, el accionista principal del grupo-, esta entidad pasó a la normalización plena, salió del régimen especial previsto por el Banco Central y hasta extendió una línea de créditos hipotecarios de largo plazo.
A Louzón y a Cristofani, el Presidente les confió algo más que una manifestación de confianza en el mercado. Les dijo: «Este no es un proyecto exitista. No me midan por lo que hice en estos meses solamente. Los males de la Argentina vienen de muy atrás y para superarlos se requerirá de mucho tiempo. Mi horizonte es de aquí a 10 años». Como si capturara en el aire lo que está por debajo de esa frase, Louzón le recomendó: «Presidente, aproveche 2004. Este es su año, tiene condiciones excepcionales».
Este banquero español no está en condiciones de saber lo que se especula en conversaciones a las que sólo acceden los muy íntimos del poder. Razonamientos que predican la necesidad de aprovechar este año, de bonanza notoria, para avanzar en reformas políticas e, inclusive, plantar la bandera de la reelección después de acosarlo a Eduardo Duhalde en su conurbano. Ajena a estos planteos, la charla siguió por el carril de la economía. «Me piden reformas estructurales -insistió Kirchner ante estos hombres de la banca-, me reclaman la ley de coparticipación, ¿no advierten que las provincias tuvieron este año un superávit de u$s 2.700 millones?
Después de la crisis, del cambio abrupto en la ecuación fiscal, la ley de coparticipación es mucho menos importante que antes.» Cabeceaba Cristofani, mordiéndose los labios antes de recordar que los estados federales licuaron su deuda como ningún otro sujeto de crédito durante el breve reinado de Duhalde. Mientras perseguían a la Botín, claro.
Louzón, sin embargo, habló de otra modificación:
«Sería bueno, Presidente, modificar la ley del cheque. Genera distorsiones insoportables y, además, hace muy caro el crédito para la pequeña y mediana empresa.»
«Estoy de acuerdo -contestó Kirchner-y ya hay una iniciativa para ir modificando ese impuesto sin romper el equilibrio fiscal.»
Ajeno a las rivalidades locales, Louzón osó mencionar al presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias. Pero no cayó mal; después de todo, el apellido venía con premio: «Me dijo que le liberaría un crédito importante para obra pública». «En ese campo estamos en un récord», dijo Kirchner: « Vamos a invertir 1% del PBI en obras de infraestructura. Pero a mí me gustaría más financiar esto con excedentes genuinos, no con crédito». Nadie sabe cómo les cayó a los banqueros esa confesión, tan contraria a su negocio. Pero prefirieron no indagar, como en tantos otros temas, incluido el de la negociación de la deuda pública. Había sido una buena tarde y nadie quería empañarla.


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