3 de junio 2003 - 00:00

Una gestión con viejos problemas

Miguel Campos, flamante secretario de Agricultura asumido ayer, empezó su gestión con el paso cambiado: Brasil -el país que lo albergó durante largos años, y donde dice tener sus mejores contactos que le valieron su nombramiento- compró trigo en los Estados Unidos, una señal clara que indica que pocas cosas han cambiado en la relación comercial con el país vecino, a pesar de lo dicho por el presidente Luiz Inácio Da Silva.

Pero éste, aunque el primero, no será el único problema que encuentre el nuevo funcionario. Si bien el sector productivo está más saneado financieramente (producto de la devaluación y la pesificación de las deudas que permitieron la cancelación de créditos bancarios) aún está quejoso por el nivel de carga impositiva que se aplica sobre la actividad. Pero saben que el interlocutor directo y quien manejará las decisiones que involucren al sector será el ministro de Economía y ahora Producción, Roberto Lavagna. En consecuencia, las entidades del campo tratarían de mantener buen perfil de intermediación con la sede de Paseo Colón (sede de Agricultura) aunque definirán las cuestiones de más peso directamente con el ministro.

La solución a las trabas bancarias que el sector encuentra a la hora de buscar regularizar su situación será uno de los primeros reclamos que el nuevo mandatario escuche a nivel nacional. Es que la nueva gestión encuentra menos explotaciones agropecuarias -más concentración en la propiedad de la tierra- y problemas de acceso a buenas condiciones de pago de deudas, además de una coyuntura golpeada por cuestiones climáticas con situaciones de emergencia en muchas zonas productivas.

• Normalización

La relación comercial entre proveedores de insumos y productores agrícolas, que generó cierta controversia tras la pesificación, tiende a normalizarse. Luego de haberse decantado los roles entre «perdedores» y «ganadores» con un escenario muy mezclado entre empresas y hombres de campo, el sector se apresta a iniciar una nueva campaña agrícola. Con el crédito comercial relativamente restablecido, la actividad ofrece cierta garantía de continuidad al menos en las operaciones con insumos.

El campo, aporta 6.200 millones de pesos anuales al fisco por las ventas de exportación.
Si bien el equipo técnico de Kirchner vinculado al sector (del que no participaba Miguel Campos) no había dado señales claras en cuanto a qué pensaban hacer con las retenciones (algunos dijeron, en su momento, que estaban de acuerdo con el impuesto y otros, lo repudiaron -quizás cuando se veían lejos del poder-hasta llegar a prometer una desaparición paulativa de la que ahora nadie habla), lo cierto es que el nuevo secretario se encuentra ahora ante un Ministerio de Economía poco proclive a resignar los ingresos por retenciones, mientras él participó de un gobierno que las abolió por considerarlas poco competitivas.

Aunque la nueva gestión encontrará un agro menos virulento en sus reclamos, la cuestión impositiva será eje central de las medidas que reclamarán los productores agropecuarios con imposiciones que en algunas provincias se superponen o revalúos inmobiliarios que, durante los últimos meses se incrementaron violentamente y amenazan seriamente los bienes personales de los productores. Una reforma estructural de los tributos que se imponen al campo será, en alguna medida, el primer escalón para comenzar a negociar con el sector. Y justamente, no se encuentra en el área de Campos.

Kirchner y su gabinete encontraron un sector productivo cada día más consciente de que los beneficios que la devaluación les acercó a los agricultores ahora están más lejos con la baja del dólar de los últimos meses. Según cálculos de la
Bolsa de Comercio de Rosario, el dólar para el agro se ubicó durante mayo en 1,11 peso, luego de descontadas las retenciones de 20% y el incremento en los precios que afectaron al sector agropecuario.

Si ésa es la situación para los agricultores, las restantes actividades encuentran un escenario, en su mayoría, más complejo; con costos de producción parcialmente menores y con valores que se fijan de acuerdo a la coyuntura de otros mercados menos prósperos: ganadería, fruticultura y horticultura, por mencionar pocos casos, muestran ecuaciones más lineales con alta incidencia en los costos y precios de venta en baja.

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