29 de septiembre 2006 - 00:00

Uruguay: ¿volvió a ser hermano?

Hay que admitir que, silenciosamente, Uruguay estaría dando una primera solución importante al problema de las papeleras (fabricación de pasta celulósica contaminante sobre el río Uruguay y a sólo 30 kilómetros de Gualeguaychú, Entre Ríos). Está decidido que la española ENCE, una de las plantas, suspende la construcción de la obra en Fray Bentos y se traslada a otro lugar de Uruguay. Juntas, ambas, con la finlandesa Botnia, se proponían fabricar un millón de toneladas anuales cada una. En un solo lugar físico, dos millones de toneladas era un atentado indudable contra la población uruguaya de Fray Bentos y la argentina, río por medio. El Tribunal de la Haya, sólo en la superficie, había favorecido a Uruguay reconociéndole derecho a autorizar obras pero también le señaló, como advertencia, que su responsabilidad sería plena en el futuro si hubiera contaminación. Era alto riesgo. Faltan detalles pero el presidente argentino aún no quiso reconocer públicamente la actitud de Uruguay. No es una solución de maravillas porque no se sabe si Botnia sola no producirá los dos millones de toneladas. O con qué método lo hará. Queda un interrogante, entonces. Pero, al separarlas, se empieza con un principio de solución y este diario lo señaló desde el primer día, sin hacer extranjerización contra la Argentina. Ayer el presidente Tabaré Vázquez anunció que Uruguay no se irá del Mercosur y que no firmará un acuerdo individual bilateral, como país regional, con Estados Unidos camino hacia el ALCA. Faltan detalles, pero se volvería a una fraternidad común, a ser hermanos rioplatenses (salvo en el fútbol, claro). Es algo que distiende y no sólo a los argentinos.

Tabaré Vázquez anunció ayer oficialmente desde Montevideo que en 12 meses tendrá un acuerdo comercial con EE.UU., pero con un alcance menor para no tener problemas políticos con sus socios del Mercosur.
Tabaré Vázquez anunció ayer oficialmente desde Montevideo que en 12 meses tendrá un acuerdo comercial con EE.UU., pero con un alcance menor para no tener problemas políticos con sus socios del Mercosur.
Los gobiernos de la Argentina y Brasil respiraron ayer tranquilos: Uruguay no negociará con Estados Unidos un Tratado de Libre Comercio (TLC) como le ofreció Washington. En cambio, será un simple acuerdo de apertura comercial, similar al de protección de inversiones que los dos países ya firmaron. Con esto, Uruguay no tendrá problemas para comenzar a dialogar con el gobierno de George W. Bush y permanecer en el Mercosur, alejando el mayor peligro de ruptura que sufrió el bloque desde que comenzó el proceso de integración en 1994.

«Recibimos la propuesta del Departamento de Comercio de Estados Unidos para llegar a un TLC del tipo que firmó con Perú y utilizando la vía rápida, pero la rechazamos porque no es la más conveniente para Uruguay», aseguró el presidente Tabaré Vázquez ayer en Montevideo. El jefe de Estado aclaró además que como contrapartida se le ofreció a EE.UU. ampliar el Tratado de Protección de Inversiones ya firmado entre ambos países y que recientemente fue ratificado por los Parlamentos de ambas naciones.

  • Favorable

  • «Hemos recibido una respuesta favorable a esa postura y se creará una comisión bilateral de alto nivel para avanzar en las negociaciones», agregó el presidente. Vázquez dijo que la idea es llegar a un tipo de «acuerdo, de tratado comercial y de inversiones» que sea beneficioso para ambas partes y en especial que «proteja algunos sectores de la economía uruguaya especialmente sensibles».

    El formato del posible acuerdo «tiene además la ventaja de que no lesiona el corazón del Mercosur», como lo es el Arancel Externo Común (AEC) del bloque regional que Uruguay integra junto con la Argentina, Brasil, Paraguay y Venezuela.

    El gobierno de Vázquez (que tendrá como principal negociador al ministro de Economía, Danilo Astori) buscará concretamente que Estados Unidos le permita abrir sus mercados de carnes, lácteos, cueros y software. Esto en principio no sería problemático para EE.UU., ya que son productos que dejarán de importarse de otros países como la Argentina y Brasil, que quedarán desde enero fuera del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP). Que Estados Unidos decida avanzar en el acuerdo anunciado, implicaría un incremento de las exportaciones uruguayas a ese mercado de al menos u$s 1.000 millones anuales, lo que duplicaría el volumen actual de ventas al país del Norte.

    Igualmente, lo más importante de la decisión de Vázquez son sus consecuencias políticas para la región. Uruguay permanecerá siendo socio del Mercosur, ya que el acuerdo comercial que comenzaría a negociarse está avalado por el tratado de Asunción de 1991, que rige institucionalmente al bloque sudamericano. Serían acuerdos similares a los que la Argentina tiene firmados y vigentes con México, India y Sudáfrica, y que no alcanzan a sectores como las compras gubernamentales o la propiedad intelectual (rubros que estarían incluidos en un TLC y que quedan fuera de este tipo de tratados) que se comenzarán a negociar.

    De esta manera, Vázquez organizará en noviembre la próxima cumbre Iberoamericana en Montevideo y viajará a Brasilia en diciembre para la última reunión de jefes de Estado del Mercosur, sin conflictos con el bloque. El único problema que permanece abierto es entonces el de las papeleras de Fray Bentos, para el que habrá que esperar hasta diciembre de 2007, cuando el tribunal de La Haya dictamine su resolución definitiva.

    Las negociaciones entre Uruguay y Estados Unidos comenzarán antes de diciembre, y podría tener un primer adelanto de los trabajos de coordinación arancelaria entre los dos países a fines de 2007. Actualmente está en funcionamiento una comisión bilateral que se reunirá entre el 2 y el 3 de octubre en Montevideo y que entre sus cometidos tiene sentar las bases de la futura negociación.

    Técnicamente, sobre lo que trabajarían los dos Estados, es en una ampliación del Tratado de Protección de Inversiones, aprobado en 2005, y que abarca únicamente servicios e instalaciones de capital en territorio uruguayo. Lo que se buscará es que en las mismas líneas se acuerde una apertura de bienes comerciales, con lo que sólo habría que agregar un artículo. Como este tratado tiene ya aprobación del Congreso, no debería necesitar que intervenga el Poder Legislativo, según aseguraban ayer desde el ministerio de Astori.

    La posibilidad de negociar un TLC con Estados Unidos había creado, además, divisiones dentro del gobierno uruguayo, con ministros a favor y en contra, y también duras críticas en el interior de la gobernante coalición de izquierda Frente Amplio.

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