Algunos, la mayoría para ser sinceros, se escudaron en el hecho de que el último informe de la confianza de los consumidores fue más negativo que lo esperado, para justificar la caída que tuvo el mercado en la última rueda. Sin desmerecer el impacto que esto pueda haber tenido, lo cierto es que ya desde el miércoles el mercado venía "aflojando", y cuando fue claro que el número de órdenes en el mercado era el más bajo de la semana (apenas se llegaron a realizar operaciones con 1.250 millones de papeles en el mercado tradicional y 1.800 en el electrónico) y que en realidad no había ninguna noticia (ni de las buenas, ni de las malas) capaz de impulsar los precios la salida fue la obvia, una sesión bajista. ¿Significa esto que el rally se terminó? La verdad es que es difícil decirlo. Por lo pronto, el que el Dow retrocediera 0,86% al cerrar en 9.117,12 puntos, o que el NASDAQ perdiera 1,64%, no asusta a nadie ni cambia fundamentalmente la dinámica del mercado. Claro que el S&P 500 sigue luchando para ver si puede terminar encima de la línea de los 1.000 puntos y que las dificultades que parece haber para que esto ocurra ponen nerviosos a muchos. También es cierto que la creciente tensión entre Israel y Palestina, y los informes de nuevas acciones armadas en Irak demuestran que la situación geopolítica está lejos de tranquilizarse y, si no cambia pronto, seguramente volverán a afectar al mercado. Desde ya que de la desvalorización del dólar no nos olvidamos. Hasta cierto punto, da la sensación de que el mercado ha podido "hacerse el distraído" frente a todos estos problemas merced a una fuerte apuesta a que la Fed tomara cartas en el asunto, ya sea mediante una señal directa, o una indirecta. Esperemos que cumplan.
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