Periodista: Enero fue terrible, pero no el peor mes en registros. La Bolsa se recuperó, y con fuerzas, en las dos últimas jornadas. Paradójicamente, la Fed endureció su discurso y nos llenó el horizonte de suba de tasas. Cinco, seis, siete. Nadie sabe, pero ya nadie lo descarta. ¿Qué opinión tiene?
Diálogos de Wall Street
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Gordon Gekko: Que estamos vacunados de espanto. Con el esquema completo y el pase sanitario en línea.
P.: ¿Nada nos asusta ya?
G.G.: Powell nos dio el booster. Y, después, quizás algo torpemente, vinieron más funcionarios con su propia dosis de refuerzo. Más bien, redundantes.
P.: La comunicación de la Fed, de tanto hablar, se hizo más confusa.
G.G.: Consiguió lo que buscaba, los mercados cayeron en su telaraña, respondieron bien, y se cebó. La locuacidad más reciente es contradictoria. No suma, resta. Raphael Bostic, de la Fed de Atlanta, aparece como señalando una suba de medio punto en marzo (que no era su intención) y a la par dice que para él, hoy en día, tres subas al año (de un cuarto de punto) son suficientes. Mary Daly de San Francisco y Patrick Harker de Filadelfia surgen después, casi corriendo a enmendar un error, a desmontar la idea de que se esté pensando en arrancar la normalización con un salto de medio punto.
P.: ¿Y con qué idea hay que quedarse? ¿Tiene sentido seguir prestando atención a esta inflación del discurso?
G.G.: Dónde manda capitán no manda marinero. Esto es rigurosamente cierto en la Fed (y discutible en el Banco de Inglaterra). Powell se explayó a gusto. Y con lo que dijo alcanza y sobra. En todo caso, conviene tener a mano el mapa de puntos y una idea de cómo marcha la realidad del corto plazo.
P.: ¿Cómo es eso?
G.G.: En el mapa de puntos del 15 de diciembre, la inmensa mayoría -15 personeros de 18- se inclina por tres o dos subas de tasas en 2022. Solamente dos favorecen cuatro retoques. O sea un punto completo de aumento. ¿Cinco, seis, siete? No hay cruz alguna que ni siquiera lo proponga. Son casilleros vacíos.
P.: ¿Y cómo cambió la economía, y la inflación, desde entonces?
G.G.: La economía era una tromba en octubre y noviembre. Pero sintió el impacto de Ómicron en diciembre y se frenó. Las ventas minoristas cayeron más del 2,3% real. Ya no hay cheques de la política fiscal. El ingreso real disponible mermó en ocho de los últimos nueve meses. Quien se enferma por el covid no recibe ningún beneficio ad hoc. Y la acumulación de inventarios de diciembre fue memorable. El pronóstico de crecimiento del primer trimestre de la Fed de Atlanta es 0,1%. Y hay que digerir casi 5 puntos del PBI en inventarios. Mientras, la inflación mensual hizo pico en octubre, y se desacelera desde entonces. Es altísima y justifica el giro de la Fed, pero en comparación con lo que se sabía en diciembre, no hay por qué pensar en la necesidad de una terapia más ambiciosa.
P.: No es lo que uno imaginaría observando el ascenso veloz de la tasa en los contratos de futuros o en el debate público. Y eso lo alentó la Fed.
G.G.: No lo dudo. Y los mercados están a punto caramelo para ejecutar una normalización rápida de la política monetaria como la que la Fed da ahora a entender que tiene en mente.
P.: ¿Qué cree que pasará en la realidad?
G.G.: Arrancamos en marzo con un cuarto de punto. Y cada reunión posterior estará viva. Sin decisión tomada. A mitad de año podemos llegar a 75-100 puntos base. Con un retoque por reunión en mayo y junio. Después la ruta se hará más data dependiente y habrá una pausa para comenzar con la reducción de la hoja de balance, que hoy asoma como potencialmente disruptiva, pero no tiene por qué serlo. Para nada. Si la inflación se resiste no va a bajar por la contracción cuantitativa, habrá que disparar más aumentos de tasas. Esa es la clave. Pero hay un criterio estético en podar la hoja de balance, es la noción de simetría, y la Fed está muy interesada en corregir esa fealdad.
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