Periodista: Es tiempo de rebajar las ínfulas de crecimiento y tomar nota de una inflación alta, creciente tras de la invasión a Ucrania, y tenaz. El FMI dice que el mundo se expandirá 3,6% en 2022. El Banco Mundial, 3,2%. Los bancos centrales comenzaron el drenaje del estímulo y prometen subas de tasas a granel. Los mercados anticipan: ¿cuánto ya está metido en los precios? ¿Y dónde está la recesión, fuera de los países en guerra?
Diálogos de Wall Street
¿Dónde está la recesión, Gekko? En todos los comentarios pero no en los pronósticos, aun cuando el FMI y el Banco Mundial podaron los suyos.
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Gordon Gekko: Ni el FMI ni el Banco Mundial son indicadores líderes. La Fed tampoco. Pero si se empeña en bajarle la cresta a la inflación rápido, y a toda costa, es lo que debe mirar. Wall Street anticipa una transición difícil, pero todavía favorece un aterrizaje suave y no una recesión.
P.: La recesión está en todos los comentarios pero en ninguno de los pronósticos; por lo menos, no en los más consultados.
G.G.: Si tiene que asomar, aparecerá aunque no la inviten. Quiso dar el presente con la inversión de la curva de rendimientos, pero desde que Gael Brainard, la número dos de la Fed, adelantó el contenido de las minutas también se marchó de ahí.
P.: ¿No es una paradoja? La Fed se volvió más agresiva y la curva de los bonos, en vez de invertirse claramente, se empinó.
G.G.: La política monetaria nos recita dos mensajes. La inflación es demasiado alta. Y la recuperación laboral es muy robusta. El shock de precios que vino con la guerra de Ucrania resulta muy potente; y es llovido, sobre mojado. Sin embargo, en el margen, el impacto más poderoso es la suba de las tasas de interés reales.
P.: Antes estaban moribundas. Aun con el estímulo funcionando a pleno...
G.G.: Mientras EE.UU. siga creando más de medio millón de empleos por mes, no hay caso, no hay una recesión.
P.: Pero Jay Powell no se va a quedar de brazos cruzados. Nos prometió suba de tasas en todas las reuniones que faltan hasta que termine el año. ¿No es un aviso de que las cosas van a cambiar? Y para peor.
G.G.: Usted preguntaba cuánto de todo esto ya está masticado. Los futuros ven una tasa en 2,50%/2,75% a fin de año. Hoy nos movemos en el rango de 0,25%-0,50%. La Bolsa estuvo contra las cuerdas en enero, a fines de febrero, y a mediados de marzo. Hoy no luce muy bien, pero respira mejor. Continúa a la defensiva, pero fuera de la zona de corrección. Dadas las circunstancias es una exhibición notable de resiliencia.
P.: Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe.
G.G.: Es una situación frágil. Y cada vez que la Bolsa da señales de absorber el castigo, la Fed le corre el arco. Fíjese en el mapa de puntos de la última reunión. La posición más extrema quería terminar 2022 en 3%.
P.: La de James Bullard, como ya es de costumbre.
G.G.: Es el mascarón de proa de la Fed, pero no es el Llanero Solitario. Los demás, al poco tiempo, vienen detrás. Bullard pretende ahora llegar a un nivel neutral -2,5%, según el consenso- a más tardar en septiembre. Y sostiene que 3,5% (ya no 3%) es la tasa mínima que debería regir en diciembre.
P.: Y Wall Street, ¿qué dice? ¿Resistirá?
G.G.: Toma nota, ajusta la hoja de ruta, y aguanta. La verdad es que los mercados de swaps ven un pico en torno a 3% o 3,25% en 2023 y después proyectan una declinación de las tasas que también es bastante rápida.
P.: ¿Esperan una baja de la inflación? ¿O una economía que pierda de súbito la vertical?
G.G.: Más bien, una combinación de ambas. Menos bríos en general.
P.: Y un milagroso aterrizaje suave...
G.G.: Es fácil pensarlo y muy difícil pilotearlo. Hay mucha incertidumbre en el corto plazo y la suba constante de tasas es una tortura china como para tener una gran visibilidad a 2023. Si uno mira la tasa del Tesoro a 2 años hizo máximos a principios de abril en 2,60%. Ya no trepa cuando Bullard aumenta su apuesta. Las tasas de hipotecas, que empezaron el año en 3%, superan 5%, y el mercado inmobiliario acusa recibo. Las condiciones son más duras para los compradores, se solicitan menos hipotecas, y merma la confianza de los propios constructores. Todas señales periféricas, pero que en poco tiempo pueden lastimar. Y anote la apreciación del dólar y la moderación de la mediana de inflación pese al salto vertiginoso de los precios de los commodities. Falta mucho, pero la inflación empieza a encontrar oposición en su camino. Si se modera en los meses venideros, los mercados le habrán hecho buena parte del trabajo a la Fed, y serán menores los riesgos de accidente. Pero es temprano para saberlo.
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