Diálogos de Wall Street

Economía

¿De dónde se aferra la Bolsa para rebotar, Gekko, si la economía se hunde?

Periodista: La economía se derrite, pero la Bolsa sube. La semana pasada trepó más de 6% el S&P500 y el Nasdaq, 7,5%. ¿Alguien apuesta a un nuevo ciclo ascendente?

Gordon Gekko: Es un mercado bajista. Por naturaleza, los movimientos son punzantes. Y en ambas direcciones. Ya llevamos tres rallies frustrados. Sostener una recuperación demanda evidencia convincente de inflación en retroceso. Los rebotes, sin embargo, son más fáciles de conseguir.

P.: Las malas noticias son buenas noticias. Que la economía se enfría, que Jay Powell nos diga que no tiene otra prioridad que luchar contra la inflación, y que a la política monetaria no le va a temblar el pulso. El mercado ya no se asusta, les da la bienvenida…

G.G.: Es el camino para desactivar rápido la inflación rampante. Tanto que el aumento de tasas de tres cuartos de punto, a principios de mes, lo impuso el mercado y la Fed lo aceptó mansamente.

P.: La Bolsa quiere que la inflación decline rápido y acepta que la economía se enfríe, pero no a cualquier precio. Que se derrumbe la inflación, perfecto; pero que desbarranque la economía sería una desgracia. ¿O usted cree que la recesión está incorporada ya en los precios?

G.G.: La recesión está metida en los precios pero no en las ganancias esperadas (que todavía ven un crecimiento de 10% interanual en el segundo semestre). Si es una recesión suave, vaya y pase. Si el daño es profundo, la rentabilidad de las empresas sufrirá y la valuación – que ya corrigió sensiblemente y está por debajo de la media de los últimos cinco y diez años – forzará una mayor caída de los precios, a menos que traiga consigo, en simultáneo, una rendición contundente de la inflación.

P.: ¿Difícil pensar que pueda ocurrir así, con tamaña sincronización?

G.G.: La escasez estructural de energía – dada la proscripción a Rusia – lo impide. Los precios de los commodities señalan que la inflación de bienes bien podría anticiparse a una calamidad en ciernes. Pero, en estas condiciones, no; si no tenemos nafta.

P.: Es posible que se hunda la economía y que la inflación no afloje.

G.G.: Es la remanida estanflación. Lo mejor de la data reciente es que las presiones inflacionarias por fin acusan recibo del deterioro de la actividad. No era el caso en mayo. Sin ese giro, dudo que la Bolsa pudiera ensayar un rebote tan entusiasta. Fíjese: las acciones de consumo discrecional lideraron el avance aventajando a las de consumo esencial.

P.: Repuntaron los sectores cíclicos. A contramano, se diría, de una recesión inminente. La resurrección de los bancos es el ejemplo más cabal.

G.G.: Los bancos sí trajeron buenas noticias, buenas por mérito propio. Todos los bancos sistémicos aprobaron los exámenes de estrés de la Fed.

P.: ¿Y qué tan exigente es la prueba?

G.G.: Yo lo diría así. Los bancos aprobaron dos pares de exámenes. Uno, en la realidad. Llevamos seis meses de alta tensión, y no registramos ningún accidente. Ni un Archegos. Se destruyeron las criptos, y nada. Los mercados financieros funcionan sorprendentemente bien. ¿Nadie lo advierte? A mí me gusta citar 1998. O sea, el default de Rusia y la crisis de Long Term Capital. No había recesión. Un shock puramente financiero nos puso al filo del abismo. O septiembre de 2019. Cuando la Fed baja las tasas a 2% y se rompió el sistema. La tasa de pases se fue a 10%.

P.: Los bancos atraviesan la prueba empírica sin causar problemas. Y también el examen que les propuso la Fed.

G.G.: Que en el papel es todavía más feroz. Una recesión que eleva la tasa de desempleo a 10%. Y produce un colapso del precio de los activos, incluyendo una merma de 40% en el sector inmobiliario comercial. Los bancos con operaciones de custodia importantes deben sobrevivir a la caída hipotética de su principal contraparte. En el peor momento de la tormenta simulada el capital de los bancos baja de 12,4% a 9,7%, que es más del doble del mínimo requerido. Corolario, ya tenemos cuatro instituciones que anunciaron un aumento de sus dividendos.

P.: Uno diría, si quiere ser precavido, que de haber una colisión, no sucederá entre los grandes bancos, vendrá del sistema en la sombras.

G.G.: Estamos en plena travesía, y lejos aún de la costa. Pero es bueno saber que el casco de las grandes instituciones en EE.UU. está reforzado. Una rajadura bajo su línea de flotación puede arruinar el mejor de los aterrizajes planeados. Aunque, como usted dice, no puede garantizar el éxito de la maniobra. Lo que sí es cierto es que una recesión sin crisis financiera es condición necesaria para que la misma resulte suave.

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